Un hombre tranquilo

-Baja la basura, Juan.

Todos los días la misma orden a la misma hora. A veces con un susurro, casi siempre con un grito pero a las ocho de la tarde esa era siempre la consigna, el objetivo. El inicio de la guerra.

Juan remolonea un poco, le gusta sacarla de sus casillas, es su pequeña victoria de todos los días. Le sabe bien hacerla rabiar. Se consuela de todas las derrotas de tantos años, de tantas concesiones como ha tenido que ir haciendo para no sucumbir al desastre.

Hoy es un día un poco especial.

Edward Hopper:

Juan ha acumulado mucho resentimiento en su interior, ha acumulado toneladas de congoja, sacos de menosprecios en público y camiones de ira que ha ido sepultando bajo una máscara de cariño y buen humor fingido.

Hoy es un día muy muy especial, hoy es un día diferente.

Juan ha guardado una muda, dos camisas y su cepillo de dientes en una pequeña mochila. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que hoy Juan es un hombre con un objetivo.

-¿Quieres bajar la puta basura de una puta vez?, ¡son las nueve de la noche, joder!

-¿Sabes lo que te digo, Marisa? Que la basura la saques tú.

Y después, coge su mochila y cierra muy despacito la puerta al salir de su casa, no quiere molestarla. Juan es un hombre tranquilo.

Imagen Vía Pinterest

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Me encanta ser imperfecta

Me gusta mucho ser imperfecta porque implica que soy real.

A menudo veo a mujeres tan monas, tan arregladas, tan listas y tan todo que me siento un poco abrumada. Solo un poco, la verdad. Enseguida me paro a pensar en esas vidas tan de película y me doy cuenta de que seguramente todas ellas serán más o menos como yo.

Frida Kahlo. Self Portrait. 1926. (Again... this work of Frida, reminds me of Modigliani) LOVE IT.:

Como yo que a veces llevo unas raíces que parecen una autovía hacia el desastre, como yo que en muchas ocasiones me pongo unas medias transparentes y las tengo que cambiar por otras tupidas para ocultar los pelos de las piernas.

Como yo que siempre olvido cuando voy a empezar con la regla y ando loca pidiendo un tampón a mis compañeras de clase. Como yo que a veces me como medio paquete de galletas María con Nocilla y luego ceno una ensalada para compensar.

Como yo que me apunto al gimnasio y antes de un mes ya estoy aburrida, como yo que a veces lloro o me enfado sin motivo. Como yo que la mayor parte de las noches olvido desmaquillarme (eso si me he maquillado, que esa es otra). Como yo que no sé coser, que odio planchar y que detesto todo lo que tenga que ver con las “labores del hogar”.

Como yo que digo tacos, que me gusta el fútbol y la fórmula 1 y que no sé hacer ningún tipo de tarta. Como yo que me gusta el Arte, la Historia, la Filosofía y las conversaciones profundas.
Como yo que no soporto la literatura romántica ni las películas pastelosas, ni nada que haga parecer al amor algo banal. Como yo que adoro la lluvia, el frío, el aroma del café, el olor de mi perro y la voz de mi marido.

Como yo que evito los enfrentamientos, el quedar por encima de los demás o el presumir de lo que tengo que si eso definiera lo que soy. Como yo que huyo de los centros comerciales, de los lugares abarrotados, de las cenas o comidas de empresa y de cualquier celebración a la que tenga que ir sin desearlo realmente.

Como yo que me levanto cada día intentando superarme, aparcar el miedo, echar una mano a los demás y ser un poco mejor de lo que era ayer.

Como yo que no uso una 38 hace muchos años y me importa una mierda, como yo que solo soy lo que soy por dentro y no lo que los demás quieren ver.

Como yo que bastante tengo con sobrevivir todos los días y acostarme con una sonrisa.

(La imagen de mi adorada Frida, en Pinterest)

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Días tristes, tristes días

Había decidido quedarse en casa toda la mañana para llorar. El plan funcionó bien hasta las 10:30, hora en que unos Testigos de Jehová tocaron al telefonillo para “hablar de unos asuntos sobre la Biblia”. Ni que decir tiene que no abrió la puerta y por supuesto, el llanto cesó como por arte de magia. Esa llamada era una señal, tenía que serlo.

loui jover:

 

Esa nueva posibilidad la puso en marcha. Se lavó la cara con agua fría para bajar la hinchazón de los ojos, se recogió en pelo en un moño revuelto y se pintó los labios más rojos del mundo.

Con esas poderosas armas bajó al mercado. Paseando entre el brócoli y los lenguados le dio por pensar en su vida, en la de antes, en la de niña; en la de ahora. Le dio por pensar en todas las ilusiones, todos los sueños y todas las cosas que se habían quedado en el camino. Mientras pensaba y paseaba, intentaba decidir lo que haría para comer.

Ya en casa, removiendo el arroz con una cuchara de palo, empezó a llorar de nuevo. Despacito primero y con grandes suspiros después. Las lágrimas se mezclaron con el sofrito. “Hoy la paella está exquisita”-dijeron todos-.

Algo bueno tenía que tener la tristeza.

 

Imagen Vía Pinterest

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Desconectados

Hace un par de días salí a cenar con el costillo y por alguna extraña razón (no teníamos batería), decidimos dejar nuestros móviles en casa.

Aunque sé que este pequeño gesto puede resultar terrorífico y hacernos sentir el auténtico síndrome de “Oh, estoy solo en el mundo”, yo no note nada raro cuando salí por la puerta de casa salvo un ligero cambio de peso en el bolso.

He de decir que nuestra cena fue una de las más bonitas en mucho tiempo, conseguimos crear un ambiente tranquilo para hablar de nuestras cosas, para degustar la comida sin prisas y para hacer un montón de planes para el futuro. Como nosotros somos muy de improvisar, terminamos cantando “Escondidos” en el karaoke de enfrente. Tengo que confesar que lo hicimos mejor que Chenoa y Bisbal; le pusimos más pasión.

Remanso de paz, sin nada más.:

De la experiencia de esa noche me han quedado claras una serie de cosas que ya llevaba tiempo pensando pero que ahora he decidido poner en práctica. Lo primero es dejar el móvil en casa cuando tenga algún acontecimiento importante que compartir con otros seres humanos. Estamos perdiendo la capacidad de hablar entre nosotros y una conversación inteligente es tan rara como un calamar verde. No soporto la imagen de una mesa llena de gente con la cabeza agachada mirando la pantallita mientras solo los niños juegan y las abuelas se aburren.

Lo segundo, que ya hace tiempo que cumplo a rajatabla, es no compartir mis salidas con nadie a través de las redes sociales. Aunque pueda parecer molón publicar una foto mientras bailas encima de una barra en realidad no lo es, y de hecho la felicidad es algo que se vive para uno mismo y no para los demás. Por lo tanto aplicar la máxima “menos es más” va a ser mi solución.

Vivimos una auténtica tiranía de la falsa conexión que detesto, intentamos impostar una vida ultra happy y maravillosa cuando ninguna vida lo es todo el rato. Ni falta que hace.

Recupera la conexión contigo mismo y con los demás dejando atrás un artilugio que no tenías hace tan solo unos años y que ahora mismo está devorando el tiempo que pasas con las personas que quieres. Suelta el móvil y recuperarás la felicidad de los buenos momentos compartidos.

Imagen Vía Pinterest

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Una mujer

Ha subido una mujer con un carrito al autobús, ha sido raro porque en el cochecito no había ningún bebé sino un carro de la compra en posición horizontal. Me ha llamado la atención.

Después ha pasado su bonobús por el lector de tarjetas y ha preguntado en voz muy bajita al conductor: “¿cuánto dinero me queda?, puse cinco euros el otro día y ya he hecho cuatro viajes”. El chófer le ha contestado que mirara la pantalla y entonces me he dado cuenta, bueno, creo que ambos nos hemos dado cuenta al mismo tiempo de que la mujer no sabía leer. El conductor le ha explicado que le quedaba dinero para un solo viaje más.

He sentido una gran compasión en ese momento, no sé bien cómo explicarlo. He visto la expresión de su cara y he imaginado una vida llena de dificultades y me ha dado pena y rabia al mismo tiempo. Era una señora muy guapa y se la veía triste, vencida.

Me hubiera gustado abrazarla en ese momento, decirle que no se preocupe, que seguro que la vida le va a traer un montón de cosas buenas porque se las merece. Se ha bajado frente a las viviendas sociales. Los dos carritos estaban vacíos. Espero que esta noche tenga algo para cenar.

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Cumpliendo tus sueños

He hablado muchas veces en mis entradas de la importancia que tiene el hecho de tener sueños, proyectos de vida que vayan más allá de pagar la hipoteca e ir al centro comercial los domingos por la tarde.

Entiendo que haya mucha gente que se conforme con eso porque es para eso para lo que nos han educado desde bien pequeñitos, pero yo me identifico más con otro tipo de personas. Con aquellas que tienen ilusión y que luchan por tener una vida feliz.

Ser felices no es solamente una obligación que todos tenemos sino también nuestra responsabilidad. ¿Estarías dispuesto a dejar tu felicidad en manos de otra persona? Te aseguro que no deberías hacerlo. A nadie le importa más su propia vida que a ti mismo.

Voy a creer que eres de ese tipo de personas que no están dispuestas a vivir formando parte del rebaño y que eres capaz de pensar fuera de la caja. Voy a dar por sentado también que tienes un sueño y que realmente deseas realizarlo.

¿Por dónde empiezo?, te preguntarás.

Voy a darte una serie de ideas para que muevas el culo desde hoy mismo y empieces a trabajar en tu felicidad futura sin poner más excusas.

suenos

Imagen Vía Pinterest

Comenzamos:

• Anota cuidadosamente en una libreta qué es exactamente lo que quieres conseguir o cuál es esa parte de tu vida que te está rechinando y que sabes en lo más profundo de tu corazón que debes cambiar.

• Escribe una lista con los pros y los contras de la decisión que vas a tomar y léelos con mucha atención. Revisa los aspectos negativos y pregúntate si la mayoría de ellos no están dictados por el miedo o la comodidad.

• Una vez tengas claro lo que vas a hacer, empieza. Pero empieza de verdad. Es decir, no digas que vas a hacer, ponte a trabajar en tu proyecto desde el minuto uno. Infórmate de lo que necesitas, pide asesoría profesional si se trata de gestiones para las cuales no estás capacitado y comienza a realizar todos los trámites que sean necesarios para que la rueda empiece a girar.

• No des excesivas explicaciones ni pidas consejo ajeno. Cada persona te aconsejará según su propia forma de ver la vida: el pesimista te llenará de temores y el optimista te hará creer que todo es coser y cantar. Recuerda que es TU vida.

• Ten mucha ilusión pero sé siempre realista. Las cosas cuestan, y sobre todo los comienzos son difíciles, pero si pones tu corazón en lo que haces ya tienes la mitad del camino ganado.

• Cuando la situación se ponga chunga recuerda siempre por qué empezaste y cuánto camino has recorrido. Eso te dará la fuerza necesaria para seguir.

• Ten claro que no existen momentos perfectos para nada. Si esperas a que este llegue, nunca cambiarás de trabajo, tendrás un hijo, montarás tu propio negocio o comenzarás unos nuevos estudios. El momento idóneo es aquel en el que tomaste la decisión de cambiar, no hay otro.

Resumiendo, hay dos tipos de personas: las que hacen cosas y las que dicen que van a hacer cosas. Te aseguro que si eres de las primeras tendrás una vida plena y feliz.

Recuerda que el capitán del barco eres tú.

Esta entrada la escribe alguien que dejó su trabajo a los 43 para terminar sus estudios. Hoy puedo decir que lo he logrado y que voy a dedicar el resto de mi vida a hacer lo que me gusta. Si yo he podido, tú también podrás.

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Mujeres y viceversa

Conversación en la peluquería en la que se habla un poco de todo y un mucho de nada. En un momento dado una clienta comienza a hablar de los malos tratos y la conversación se anima para terminar, un rato más tarde, con el comentario de otra clienta que afirma que las mujeres somos más “retorcidas” y los hombres son más nobles.

¿Os suena?

Comida con una amiga. Le pregunto por el trabajo y me cuenta que una “compañera” ha difundido el “rumor” de que se está acostando con el jefe.

¿Os suena?

Paseo por la playa, una mujer comenta sobre otra: ¿se verá guapa con ese biquini?, ¿es que no tiene un espejo en su casa?

¿Os suena?

Reunión de amigas. Dos están a dieta, una se ha apuntado al gimnasio, otra tiene que irse pronto porque tiene cita con la esteticién.

¿Os suena?

Una mujer frente al televisor comenta que Susana Díaz se ha quedado muy bien después del parto, sin embargo Soraya Sáenz de Santamaría tiene cara de cerdita.

¿Os suena?

Claro que os suena, os suena mucho y si sois mujeres no solamente os suena sino que a veces vosotras mismas hacéis este tipo de comentarios sin ni siquiera daros cuenta de su contenido profundamente sexista y vejatorio para vuestra condición femenina.

niña

Imagen Vía Pinterest

Empezando por el principio, hay que tener claro que el lenguaje es un arma muy poderosa, cómo hablamos dice mucho de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos así que cuando se usan adjetivos como “retorcidas”, “malas”, “listas” frente a “nobles”, “buenos” o “simples”, estamos adjudicando al hecho genético de ser mujer una serie de cualidades que tienen, por así decirlo, un reverso oscuro. Más aún si lo contraponemos a cualidades masculinas. Así que, si eres una mujer te recomiendo que revises tu lenguaje y que intentes reflexionar sobre el hecho de otorgar a otras mujeres estos rasgos que son en el fondo y en la forma, negativos.

Por otro lado, ¿de verdad que lo mejor que una compañera de trabajo puede decir de otra es que se está acostando con el jefe?

Parece un poco triste a estas alturas de la historia que hacer este tipo de comentarios que tienen que ver con la sexualidad y la vida privada de los demás, sea el arma que se utilice contra alguien. Las personas trabajadoras y competentes, obviamente hombres y mujeres, evolucionan y progresan en su trabajo; hablar en estos términos retrata muy bien a quien lo hace. Si eres mujer olvídate desde hoy mismo de hablar de esta forma, te pone en evidencia y es una agresión verbal contra otra mujer.

Dejar de hacer comentarios sobre el físico de otras mujeres es básico. Deja de juzgar a las demás. Cada una viste como quiere, enseña lo que quiere y tiene el cuerpo que tiene. Deja de compararte con las otras, deja de criticar los cuerpos, maquillajes o pesos ajenos. No es de tu incumbencia y solo refleja algo muy claramente: odias tu cuerpo, no te gusta. Peor todavía, te identificas con él y crees erróneamente que tú eres tu cuerpo. No te confundas. Tú no eres eso, las demás mujeres tampoco.

Si quieres hacer ejercicio, comer sano o ir a la esteticién, que sea por salud, no por estética. Comprendo que es difícil, entiendo que hay toda una industria detrás que gasta millones y millones de euros en convencerte de que no estás bien cómo estás.

Tienes que estar más delgada, las arrugas son antinaturales, la regla es algo sucio, el vello corporal ni te cuento… Y así hasta el infinito. Si te has dejado comer el coco por todo esto, lo siento por ti, haz con tu vida lo que quieras, pero deja de juzgar a las demás mujeres. No eres quién para hacerlo. Dedícate a castigar tu cuerpo con dietas y depilaciones láser, y deja que las demás hagan lo que quieran.

Por último, si quieres crecer como mujer y como persona rodéate de mujeres sabias, que hay muchas; mujeres con sus cabezas bien amuebladas, profesionales, inteligentes y cultas; mujeres con las que puedas hablar de todo sin criticar a otras mujeres y si alguna vez se equivocan y hacen un comentario sexista, házselo ver de forma amable. Piensa que tú también has actuado así durante mucho tiempo.

Esta sociedad no va a cambiar si no la cambiamos nosotras así que ya sabes: ¿qué mundo quieres que hereden las generaciones futuras?

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El día que Buda se vino a vivir a mi casa I

Hace unos cuatro años me dio una ventolera espiritual muy fuerte y empecé a interesarme por temas que siempre me habían atraído pero a los que nunca había prestado excesiva atención. Uno de mis preferidos era y es el budismo. Dejando claro que no soy ninguna experta, voy a intentar explicar lo que significa para mí y como conocerlo me ha cambiado tanto la vida.

Vamos a empezar por el principio.

Hace unos 2600 años nació un hombre en Nepal que transformaría, sin saberlo, las bases de la cultura y la forma de vivir de millones de habitantes de este planeta.

Siddharta Gautama Buda no era un hombre como los demás, hijo de unos de los reyes de la zona, vivía rodeado de comodidades en un palacio del que su padre no quería que saliera. Fuera, en casi todo el país, la gente sobrevivía miserablemente sometida a los vaivenes de las cosechas, las enfermedades y la tiranía de los señores. El padre de Siddharta creía que su hijo no necesitaba para nada conocer todo eso, su vida era perfecta dentro de los muros de su palacio.

Pero Siddharta tenía otros planes. Deseando conocer lo que le rodeaba, le pedía a su padre que le dejara salir. Por fin un día este decidió dejarle ir pero acompañado de un sirviente al que encargó que solo le enseñara lugares bellos. En el exterior, vio una realidad hasta entonces desconocida para él. Además de muchos lugares bellos, Siddharta se cruzó con un mendigo, un anciano renqueante y un cádaver. Era la primera vez veía algo así, todas estas circunstancias de la vida humana se le habían ocultado hasta aquel momento y le dejaron en totalmente en shock

De vuelta a su lujosa casa, Siddharta ya no era el mismo. Había sufrido una transformación. Una noche abandonó el palacio, dejando en él a su mujer y a su hijo y decidió que tenía que encontrar la causa de tanto sufrimiento.

En esta acción de Siddharta puedes encontrar su primera enseñanza: ¿dejarías tú una vida cómoda para encontrar lo que te falta?

Se unió primero a una de las órdenes de santones mendicantes hinduistas que habitaban la zona en aquel momento, y practicó el ascetismo a través del ayuno y la meditación pero decidió que de esta forma no iba a descubrir lo que estaba buscando así que, resuelto a encontrarlo, se sentó bajo una higuera dispuesto a no levantarse hasta que logrará la iluminación. Bajo ese árbol pasó 49 días, cuando se levantó era otra persona: Buda. El que está despierto.

Se dice que había alcanzado el Nirvana. Generalmente traducimos esta palabra como ‘iluminación’ pero para la filosofía budista, alcanzar el nirvana es extinguir el fuego de la llama, es decir, apagar el sufrimiento.

Buda, una vez iluminado, dio un sermón a cuatro de sus antiguos compañeros ascetas en el que expuso cuál eran las bases de lo que hoy conocemos como Budismo, con una parte teórica y otra práctica. En la parte teórica, es en lo que me quiero centrar hoy.

Siddharta nos dice que:

La vida es sufrimiento

La causa del sufrimiento es el apego

La extinción del apego trae la extinción del sufrimiento.

El camino para lograrlo es el camino del sendero óctuple.

buda

 

Si te fijas, Buda no habla de ninguna religión, sino de un problema y de cómo se puede solucionar.

La vida es sufrimiento, no solo físico sino también y sobre todo mental. Este último es el más común de todos, ¿por qué? Porque normalmente no es lo que nos pasa sino cómo reaccionamos a lo que nos pasa, lo que nos hace sufrir.

Pero entonces, si la vida es sufrimiento, ¿no existe la felicidad?

Claro que sí pero es transitoria.

Eso lo saben muy bien las empresas de publicidad. El bolso que te compras hoy ya no te llena mañana, los zapatos que tanto deseabas ya no te hacen ilusión la segunda vez que te los pones.

De esta forma pasamos la vida esperando que sucedan cosas que aparentemente nos traerán la felicidad: terminar los estudios, comprar una casa, tener pareja, jubilarnos, tener éxito en los negocios… Pero la vida no funciona así.

Una vez alcanzas cualquiera de estas situaciones, una vez que se dan, pierden todo su atractivo, cambian, se transforman. Cada vez que nos sucede esto vivimos con más angustia y creemos que el siguiente objeto o situación que se dé sí nos traerá la felicidad.
La vida se vuelve insatisfactoria, siempre nos hace falta algo.

¿Qué podemos hacer para solucionarlo?

Creo que lo más importante es comprenderlo, entender de lo que nos está hablando Buda:

El sufrimiento físico es inevitable, el sufrimiento mental, no. La insatisfacción que sentimos en nuestra vida se debe a una mala percepción de la realidad.

Con el tiempo todo cambia y se transforma: el amor se acaba, los amigos desaparecen, nos ponemos enfermos, perdemos un trabajo. La felicidad es transitoria. ¿Qué podemos hacer para eliminar el sufrimiento?

Lo más importante es comprender que la vida no es algo inmutable sino que está en continuo movimiento, las circunstancias cambian y es bueno que sea así. Los lazos de dependencia que creamos con personas, situaciones y cosas nos traerán sufrimiento antes o después. Para eliminar el sufrimiento hemos de eliminar el apego.

La única forma de vivir una vida serena es aceptar las circunstancias sean estas las que sean y no apegarse a nada ni a nadie. Y sobre todo comprender que nada que provenga de fuera nos puede traer la más mínima felicidad, nada.

Todos hemos sentido en alguna ocasión que la vida no puede ser solo esto, que tiene que haber algo más, algo que se nos escapa y que no encontramos por ningún sitio. Lo normal es que intentemos tapar nuestra insatisfacción usando muletas: la comida, el alcohol, la relaciones, los viajes, las conversaciones intrascendentes con personas que no nos importan lo más mínimo, la televisión, el trabajo, las compras…todas esas cosas que generan un alivio momentáneo pero que no llenan el vacío que hay en nuestro interior.

La realidad es que vivimos dormidos, somos sonámbulos que pasamos por la vida como zombis, sin entender nada. Muertos vivientes.

Pero Buda no nos dice solo eso, no da también la solución al problema y de esa solución, hablaré en mi siguiente entrada porque creo que por hoy ya es bastante.

Imagen Vía Pinterest

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Cosas que nos pasan a todos

A veces nos creemos muy especiales pero la triste realidad es que somos todos muy parecidos y a todos nos pasan las mismas cosas. Como muestra iba a poner un botón pero he decidido poner varios, así que después de leer esto decidme por favor que no soy la única a la que le pasa:

smile

• Planificare un viaje durante meses y que cuando llegue el momento te venga la regla. Si puede ser en mitad del aeropuerto de Amsterdam y sin tampones, mejor. No, no te tocaba.

• Ponerte a estudiar y que inmediatamente aparezca el tapicero “tapizando muy barato”, o el de los “ajos gordos coloraos”, o un clásico: el gitano del órgano y el chimpún-chimpún-chimpún. Hay también muchas posibilidades de que tu vecino empiece una reforma, sobre todo si estás en época de exámenes.

• Encontrarte con tu ex el día que llevas el pelo sucio, te has puesto lo primero que has pillado en el armario y tienes un orzuelo en el ojo. Todo junto.

• Pintarte las uñas y que inmediatamente empiece a picarte la espalda, la nariz o un pie. La cuestión es que te pique, y mucho.

• Que te llamen al móvil para concertar una entrevista de trabajo (después de un año en el paro), cuando estás en la cola del supermercado, guardando las cosas en bolsas como una pirada porque la cajera está intentado batir su propio record personal contra el lector de códigos de barras.

• Ponerte máscara de pestañas y estornudar inmediatamente después.

Comprarte algo que aparentemente te queda muy bien en el probador de la tienda pero una vez en casa, cuando te lo intentas poner por primera vez, te das cuenta de que te sienta como el culo. Por supuesto no lo puedes devolver porque se ha pasado el plazo para hacerlo.

Olvidar algo terriblemente importante justo en el peor momento. El pasaporte cuando vas a Cuba, el DNI antes de entrar a un examen, las llaves de casa cuando bajas al perro a las doce de la noche. Dejarte el USB en casa cuando vas a sacar fotocopias es lo más habitual del mundo.

• Cambiarte de carril en un atasco para que inmediatamente después el carril en que el que estabas comience a moverse a una velocidad más que razonable.

• Preguntar a alguien por su mujer-novia y que te conteste: “me acabo de separar, tío”.

• Felicitar a una amiga a la que hace tiempo que no ves por su embarazo y que te diga: “muchas gracias pero no estoy embarazada, estoy gorda”.

• Estar criticando a tu jefe en medio de un corrillo de compañeros y que de repente se haga el silencio más absoluto. Sí, amigo. Es tu jefe.

Ligar justo el día que llevas las bragas sobaqueras de Bridget Jones o los calzoncillos de Spiderman.

• Ponerte a dieta y que justo en ese momento te empiecen a llover invitaciones a cenas, comidas y eventos gastronómicos en general.

Podría seguir hasta la eternidad porque son cosas que, como he dicho, nos pasan a todos constantemente. Así que no creo que descubra nada nuevo al contarlas. Lo que si que me gustaría sería saber cuáles de estas cosas u otras similares os suceden a vosotros.

Entendedlo, necesito saber que soy como los demás, una ovejita blanca.

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¡¡Estamos de fiesta!!

Últimamente ando tan despistada que la cosa está empezando a preocuparme. El mes pasado sin ir más lejos me dejé las llaves en casa dos veces, y ayer mismo puse la cafetera sin agua.

Que la primavera me sienta fatal es un hecho y he de asumirlo, pero que incluso se me haya olvidado el aniversario del blog ya clama al cielo.

Efectivamente, mi mente dispersa ha olvidado este dato como si no tuviera la más mínima importancia –a lo mejor es que no la tiene-, pero como todo el mundo dice que tener un blog activo más de un año es como tener abierto un negocio después de ese tiempo – casi un milagro-, he decidido hacer un poco de balance y contar algunas cosas sobre mí para que sepáis quién está detrás de Agua con limón.

cumpleaños

Imagen Vía Pinterest

Para empezar y hablando del blog, os daré algunos datos:

• La entrada más comentada ha sido y es sin duda Mujer sin hijos. Tanto que me estoy planteando hacer una ampliación del tema.

• La entrada más leída es curiosamente la última: ¿Por qué debes hacer caso a tu corazón si quieres cambiar de vida?

• La entrada que más me gusta es “10 cosas que no sabes sobre Cervantes”. No porque sea especialmente erudita sino porque creo que acerca mucho su figura a la persona que la lee.

• En este año el blog no se ha hecho mega famoso ni yo millonaria, pero es cierto que me ha dado muchas alegrías. La mención de Álvaro Morillo como uno de los 100 mejores blogs de desarrollo personal del 2015, ha sido una de ellas.

• Estoy planteándome hacer cambios a nivel estético pero he de pensarlo con calma. Creo que si no tienes un blog profesional al final el tipo de letra que usas no es tan importante. Así que ya veremos.

• El blog me ha permitido conocer a mucha gente y distintos puntos de vista lo cual me enriquece mucho y me anima a seguir adelante.

• Hay muchos días en los cuales la inspiración no llega y te sientas delante del ordenador con una angustia infinita. Hace unas semanas decidí que no iba a convertir escribir aquí en una obligación que me ahogue y desde entonces todo fluye mucho mejor.

• Al principio hubo momentos muy duros en los que apenas nadie me leía y muchas veces me pregunté si valía la pena seguir. Esta idea se borró de mi mente cuando decidí que mientras una sola persona me visite y se tome la molestia de leerme, yo seguiré aquí.

Y ahora hablando sobre mí os puedo contar que:

• Dedico la mayor parte de mi tiempo a estudiar. Este año terminaré por fin el Grado de Lengua y Literatura española que es el primer paso para conseguir mi sueño: ser profesora.

• Me encanta leer aunque últimamente estoy tan ocupada con mis estudios que me cuesta trabajo sacar tiempo y sobre todo concentrarme.

No como carne.

• Soy voluntaria y doy clases de apoyo escolar a niños de barrios marginales. Es una de las actividades que comencé hace unos meses y me encanta. Los niños me dan mucho más a mí que yo a ellos.

• Soy un pelín bipolar, así que mis estados de ánimo suelen ser un poco extremos, euforia o tristeza según el momento. Hasta hace unos años no me di cuenta de lo que me pasaba pero ahora que lo sé, procuro no sufrir y aceptar ambas emociones cuando llegan.

• Si volviera a nacer me gustaría ser actriz o cantante.

• Me encantan los animales, aunque los insectos me dan algo así como una mezcla entre miedo y asco.

• Me gustaría poder decir que soy súper organizada y que lo llevo todo al día pero por desgracia no es así. Tengo cierta tendencia a procrastinar y me cuesta muchísimo ponerme a hacer lo que tengo que hacer. Al final lo consigo, que conste.

• Tengo pocos amigos y muchos conocidos. Algunos llevan conmigo toda la vida y otros acaban de llegar. Unos están cerca y otros muy lejos. Si algo he aprendido en estos años es que tener amigos es fundamental para encontrarse bien.

• Me molesta mucho la mala educación y aunque no esté muy de moda, me parece que guardar las formas en nuestra relación con los demás es básico para una buena convivencia.

• Soy muy sentimental y lloro con casi todo. Las películas, los anuncios, las historias de la gente me hacen llorar con facilidad.

• Estoy convencida de que todos tenemos dentro infinitas posibilidades para desarrollarnos pero la mayoría  nos dejamos dominar por el miedo. Creo que con nuestra voluntad podemos mover montañas.

Para terminar, me gustaría deciros que lo más importante de este blog sois vosotros.

Las personas que lo visitáis, las que dejáis comentarios que son siempre tan enriquecedores, las que lo compartís en las redes sociales y las que habláis de él con vuestros amigos. Sois vosotros los que estáis detrás de este espacio que nació hace un año con tanta ilusión.

De todo corazón: ¡Gracias!

 

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