LA FELICIDAD ES PARA HOY

Es bastante difícil describir lo qué es la felicidad.

Muchos sabios antiguos y modernos lo han intentado y nos han dejado citas que quedan muy monas en el Facebook. Es posible que sus palabras nos lleguen a veces a iluminar un poco, pero la realidad es que cada uno de nosotros tiene su propio concepto de la felicidad.
Obviamente, yo también tengo el mío y espero que coincida en algo con el vuestro.

Para mí la felicidad más que un estado de ánimo –eso es la alegría-, es una sensación. Una sensación de calma, de plenitud, de armonía con tu interior y con lo que te rodea. A mí me ha costado años de mi vida llegar a ese estado pero hoy puedo afirmar que soy feliz.

Voy a intentar describir las causas de esta sensación:

Expresión, detalle y encuadre Más

• Tengo un objetivo, un propósito en la vida. Mis pasos se dirigen hacia él de una forma firme y decidida. Se trata de una brújula que me guía en todo momento.

Mis pensamientos, mis palabras y mis acciones están alineadas. Es decir, lo que pienso, lo que hago y lo que digo están en armonía. Si digo que voy a estudiar, estudio; no importa lo cansada que esté ni los millones de cosas que podría hacer en su lugar. Si quiero llegar donde quiero llegar, tengo que hacer lo que tengo que hacer. No mañana o el lunes sino ahora.

• Trato de ser empática con todo el mundo, ponerme en el lugar del otro y ayudar siempre que puedo. Escuchar a los demás con el corazón y sin prejuicios me sirve para aprender cosas sobre mí misma.

No critico a nadie. Odio las críticas. Me parecen mezquinas y carentes de valor. Cualquier persona que critica a otra se retrata mejor a sí misma que al criticado.

No juzgo. Las razones de los comportamientos ajenos no son de mi incumbencia, yo tengo bastante con mi vida y mis asuntos. Hasta el comportamiento más despreciable no merece ninguno de nuestros juicios. No es nuestra misión.

No envidio nada ni a nadie. Siento una admiración profunda por muchas personas a las que considero muy valiosas para esta sociedad y me encantaría llegar a ser alguien así algún día, pero sin envidia.

• No veo las noticias desde hace años. No necesito estar informada de nada. No quiero ese tipo de basura en mi mente. Al final yo solo puedo cambiar el mundo desde mis acciones y no sentada en el sofá.

• Me rodeo de personas optimistas y luchadoras. No me gustan las quejas ni los discursos negativos. Son un veneno que se te introduce poco a poco bajo la piel y te va enfermando.

• No alimento rumores, ni amistades falsas, ni expectativas ajenas. Yo soy como soy.

• He aprendido a reírme de verdad, a carcajada limpia, hasta que me lloran los ojos y me duele la tripa. Es una sensación maravillosa.

• No dejo que nadie me manipule, ni me dirija la vida, ni me imponga sus ideas o sus formas de vivir. Soy libre, nací libre y quiero seguir siéndolo hasta el día que me muera. Tengo unos límites muy precisos sobre lo que considero que es aceptable o no y no dejo que nadie los traspase.

Podría seguir hasta el infinito y en realidad, lo más importante de todo el discurso es que he descubierto que soy feliz porque me encanta mi vida.

Tengo todo lo que necesito.

Ahora os toca. ¿Qué es la felicidad para vosotros?, ¿pensáis que se puede alcanzar o es tan solo una utopía?, ¿qué cosas os hacen felices?

 

Imagen vía Pinterest

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PERSONAS

El parque en el que paseo es un lugar maravilloso, no por los árboles o la hierba, que también; sino por la gente tan especial con la que te encuentras a lo largo de los días.

Hay un hombre en el parque. Ha sido marino mercante y durante años ocultó a sus patronos que sufría esquizofrenia. Ha viajado por todo el mundo, ha visitado lugares legendarios, por estar ha estado hasta en Maracaibo.

Llevar un barco de esas características mientras un monstruo te dice al oído que encalles en un arrecife debe de ser una experiencia vital aterradora. Ya no navega; después de una crisis grave de su enfermedad tuvo que pedir la baja y el Estado le reconoció su incapacidad para trabajar.

Como es un rebelde, a veces decide dejar la medicación o bajarse la dosis por su cuenta. Entonces los monstruos regresan y consiguen devolverle a la planta psiquiátrica del hospital por unos días. Dice que allí está bien, la comida es regular pero le sirve para hacer amigos. No tiene familia.

Sé que es muy inteligente porque hablamos de muchas cosas y todas sus historias son siempre emocionantes. Juega al ajedrez, monta y desmonta aparatos eléctricos cuando le ataca el insomnio,para distraerse, dice.

Hace unos días me pidió un libro que fuera divertido, le dejé “El misterio de la cripta embrujada”.

 

One Step Closer by Paulo Abrantes on 500px / perdón ayer fue un día pesado y no pase al café lo vi tarde...

Imagen Vía Pinterest

Hay otro señor en el parque que es todo dulzura. Tiene unos ojos azules preciosos que parecen siempre tristes. Trata a su perra con tanto cariño que me emociona. La coge en brazos cuando se pone en plan “reinona” y se niega a caminar, le limpia las patitas con un pañuelo cuando se las mancha de barro y se la come a besos. Hace tres años perdió su empleo y con la edad que tiene no espera encontrar otro nunca.

Hace unos días lo encontré sentado en un banco. Estaba tomando una cerveza y comiendo frutos secos. Dice que no duerme mucho, que a las seis de la mañana se despierta, coge a su perrita y se va a caminar, así se le alivia un poco la angustia. Me da mucha rabia que le cueste tanto trabajo sonreír.

Si me convirtiera en hada madrina solo cinco minutos, ellos serían las dos primeras personas del mundo a los que concedería un deseo. Seguro.

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El método científico

Clara elabora teorías.

Clara, Clarita para los amigos, elabora teorías. No sigue ningún tipo de método científico, ni deductivo ni inductivo. Lo de Clara es pura lógica e intuición – o eso por lo menos es lo que dice ella-.

Lleva toda la vida haciéndolo y todavía no ha habido nadie que se las consiga refutar. La seriedad con que hace sus afirmaciones y el modo en que levanta la ceja izquierda al afirmar cosas como: “Todos los hombres o son unos cabrones o son gays”, ¿en qué grupo estás tú?”, suelen dejar a su interlocutor mudo para un buen rato. Sabe que no es la mejor manera de romper el hielo en una cita, pero la verdad es que no le importa lo más mínimo.

 

Fondos

 

Clarita considera que el tamaño de las tetas es inversamente proporcional al del cerebro; por supuesto este axioma es rebatido con fuerza por sus amigas de pecho abundante en particular, y por los hombres en general. Le da igual, está firmemente convencida de lo que dice y no hay quien la haga bajar del burro.

Es evidente que también relaciona el tamaño y la potencia de un coche con los atributos de su conductor. Aquí la relación es también inversamente proporcional. Lo tiene claro.

Considera una verdad irrefutable que Dios reparte sus dones y así, si eres excesivamente guapa es difícil que seas física nuclear. Todas estas ideas no se basan en ningún tipo de evidencia científica. Ella no hace encuestas ni experimentos, podríamos decir que llega a generalizaciones a partir de pensamientos muy personales y una observación minuciosa del mundo que la rodea.

Cree, por ejemplo, que los tobillos finos son una clara muestra de elegancia femenina, y el exceso de preocupación por la limpieza del hogar, un claro síntoma de infelicidad conyugal. Dice sin titubear que los hombres en realidad no quieren tener hijos, y si los tienen es siempre por complacer a su pareja. Suelta este tipo de cosas en cualquier lugar y ante cualquier público, y claro, no todo el mundo está preparado para aceptar sus ideas revolucionarias.

Está convencida de que los hombres bajitos no son de fiar, y que la lycra a partir de cierta edad es, no solamente vulgar, sino también tremendamente poco favorecedora. Le hacen mucha gracia los políticos porque suele imaginárselos haciendo sus necesidades cada vez que los ve en la tele, “al final, también cagan como nosotros”, -suele decir-; por eso no vota a ninguno.

Cree que las mariposas son siniestras y que los gatos son los animales más inteligentes de la Creación.
No se despeina al afirmar categóricamente que China y Dubái son dos terribles abominaciones antinaturales y que un día sin duda, la Tierra se tragará a ambos países sin más. De hecho, sueña con ese día llegué lo antes posible.

Tiene una tesis para casi todo, algunas son más peregrinas que otras, pero en todas ellas suele haber un punto de verdad y rebeldía. Le gusta provocar, agitar conciencias. Es sin duda, una gran visionaria.

Imagen Vía Pinterest

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El camino siempre aparece

Dice mi amiga Tania de Revoluciona-T que está viviendo una crisis existencial. Como no me gusta hablar de otras personas, prefiero que leáis los detalles directamente en su entrada. Es genial.

Precisamente su entrada y un vídeo muy corto y sincero que ha compartido en Youtube, me han hecho reflexionar un poco sobre este tema.

 

The Fairy pools, Isle of Skye Scotland

 

Yo siempre he admirado a las personas que tienen claros sus objetivos en esta vida a los siete años. A esos niños que te miran muy serios y te dicen: “Yo voy a ser médico”, y efectivamente, unos años más tarde son neurocirujanos.

¡Ojalá todos lo tuviéramos tan claro!

Yo no sé vosotros, pero yo no supe cuál era mi objetivo, ni lo que era, ni hacia dónde iba mi vida hasta los 39 años.

Con esa edad decidí dejar mi trabajo fijo, monótono y aburrido. Un espacio en el cual yo no podía crecer y donde era profundamente infeliz cuarenta horas a la semana y todas las que pasaba en casa pensando en el día siguiente. Un horror. Mi única motivación para levantarme cada mañana era pagar facturas, nada más.

Con esa edad, como os cuento, decidí retomar los estudios universitarios y comencé a hacer la carrera que siempre había soñado: el Grado en Lengua y Literatura española. Al principio estudiaba solo por el mero placer del conocimiento, pero en un momento indeterminado de aquellos años alguien muy querido me preguntó: “¿Tú que quieres hacer con tu vida, qué/quién eres en realidad?” Recuerdo que respondí al instante: “Yo soy profesora y soy escritora”.
En aquel momento llevaba medio Grado terminado y escribir, lo que se dice escribir, más bien poco.

El tiempo pasó, creé mi blog sin ninguna expectativa. Yo solo quería escribir, nada más. Terminé mis estudios. Este año hago el Máster del Profesorado. ¿Ha sido difícil? Por supuesto.

Muchas veces he tenido ganas de tirar la toalla, otras me he preguntado si había tomado la decisión correcta al dejar mi empleo. Pero, ¿sabéis una cosa? Ese tipo de dudas son solo miedo, nada más. Una emoción muy poderosa e incapacitante.

Hoy no tengo miedo, hice lo correcto. Lo volvería a hacer mañana. Soy feliz todos y cada uno de los días que me levanto y me veo a mi misma delante de una pizarra. Es la ilusión de mi vida, mi objetivo y lo que me impulsa a seguir adelante.
No digo que sea fácil llegar a ciertas decisiones, pero os aseguro que cuando el sufrimiento de lo cotidiano se hace insoportable, el camino aparece.

Ahora os toca a vosotros, ¿qué tal lleváis las crisis vitales?, ¿tenéis algún objetivo que os haga vibrar por la mañana? ¿Me lo contáis?

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La mochila

Siempre he sido una cuentista, incluso cuando no tenía conciencia de serlo. Desde bien pequeña solía aburrirme cuando estaba rodeada de gente y sobre todo, si eran adultos. Mientras ellos charlaban animadamente sobre sus cosas, yo miraba a mi alrededor e iba imaginando historias sobre todas las personas que veía. No recuerdo que me costara mucho trabajo, era una forma de evadirme, nada más.

El hecho de construir historias en mi cabeza hacía que nunca me sintiera sola y que no me aburriera jamás. Siendo la mayor de dos hermanos que nacieron tan seguidos que parecían mellizos, yo andaba siempre como atontada en un mundo lleno de seres imaginarios.

 

desesperacion

 

Ha sido ahora, en mi edad adulta, cuando he comprendido lo importante que era para mí haber creado un espacio personal y único, un reino de fantasía donde todo puede pasar. Es este lugar el que me permite seguir adelante y ver la vida tan bonita o tan fea como a veces puede ser.

Siempre habrá historias que merezcan ser escritas.

“Han pasado trece años y Alberto aún recuerda el fogonazo, el silencio atronador que vino después y que duro toda una vida y a continuación; la sangre, los gritos, el sonido de las ambulancias y los camiones de bomberos.

-¿Mochila, qué mochila? Había mucha gente en ese tren, ya se lo he contado muchas veces. No recuerdo ninguna mochila”.

Para todas las víctimas de este mundo absurdo que nos ha tocado vivir

Imagen Vía Pinterest

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Tomás y la lluvia

Tomás lleva tres años en paro, hace tiempo que pasó los cincuenta y es un hombre luchador y fuerte que siempre supo sacar a su familia adelante. En todo este tiempo se ha negado a recibir ningún tipo de ayuda, su orgullo y sus ahorros –que empiezan a escasear- le han mantenido a flote.

Tomás era carpintero y le atropelló la crisis, como a todos. Su actitud precavida y su inteligencia natural le decían en aquellos días de éxtasis general que algo no andaba bien. Y no se equivocaba.

Esta mañana se ha presentado muy temprano en las oficinas del INEM, le costó mucho pedir cita, pero las quejas de su mujer al final han hecho efecto y aquí está, con su carpeta llena de papeles y una pequeña bolsa en la mano izquierda.

La vida sigue aún en los días de lluvia

Después de pasar por varios mostradores ha conseguido que le solucionen el tema de su subsidio y le han recomendado que vea a su orientadora. Lleva dos horas de gestiones y ha decidido terminar todo lo que ha venido a hacer, así que, después de solicitar otra cita en Información y tras esperar media hora, está por fin sentado delante de la persona que se supone que le va a indicar los pasos qué debe dar a partir de ahora.

-¡Buenos días Tomás!, ¿le puedo llamar por su nombre de pila, verdad?- dice la orientadora-.

-Claro que sí.

-Bien, vamos a ver, antes de nada tengo que rellenar su ficha para saber qué trabajos ha desempeñado antes de ahora y así poderle indicar qué tipo de cursos puede hacer y cuáles son sus actuales salidas profesionales –continúa la chica sentada detrás el ordenador-.

Tras veinte minutos de preguntas sobre su vida profesional y después de rellenar y firmar varios papeles, la orientadora levanta la vista de la pantalla del ordenador, se quita las gafas, mordisquea una patilla y le mira con cierta compasión.

-Verá, -le dice-, no le voy a engañar; con su edad las opciones son pocas, la situación sigue siendo muy complicada y quizás le convendría plantearse un cambio en su vida laboral. Además de todos los trabajos que ha desempeñado, ¿hay algo más que se le ocurra que podría hacer para ganarse la vida?

Tomás baja un poco la mirada y tímidamente, responde: -No se me ocurre nada más con lo que pueda generar ingresos para vivir, pero sí hay una cosa más que sé hacer y que no le he dicho todavía.

-Pues dígame y lo apuntamos en su ficha.
-Sé hacer nubes,-afirma muy serio Tomás-
-¿Perdone?
-Pues eso, que sé hacer nubes.
-Lo siento mucho pero creo que no le entiendo.
-Es normal, verá…,- lentamente mete la mano en la bolsita que había dejado reposando en la silla de al lado, saca un tarro de cristal, desenrosca la tapa con mucho cuidado y una nubecilla sale del bote. Una fina lluvia empieza a caer sobre sus cabezas.

Esta entrada está dedicada a todos los hombres y mujeres que luchan por salir adelante cada día, a los que no pierden la esperanza y confían en un futuro mejor.

Imagen Vía Pinterest

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LA ILUMINACIÓN

Faustino era pastor. No era algo que hubiera elegido ni que le pareciera bien ni mal. Era simplemente lo que se suponía que tenía que ser siendo el mayor de seis hermanos y el único varón de la casa.

Su padre, su bisabuelo y su tatarabuelo habían tenido el mismo oficio. Era la herencia de una familia humilde pero honrada. Una estirpe de buena gente que había dedicado su vida al trabajo duro y a sacar adelante a sus hijos haciendo lo que sabían.

Faustino no era un niño especial, no destacaba en nada. Había aprendido a leer y a escribir en la escuela hasta los catorce años, y no había sido un alumno especialmente brillante.

Desde bien pequeñito acompañaba a su padre y a las ovejas a caminar por los riscos a las afueras del pueblo. Iba con él algunas tardes y los fines de semana para ir aprendiendo el oficio. Cuando terminó la escuela no se le había pasado por la cabeza hacer nada distinto, así que, una mañana de verano, se plantó frente a su padre y con esa voz aún sin componer de los adolescentes, le dijo muy serio:

-Padre, olvídese de las ovejas. Usted ya ha trabajado bastante, a partir de ahora me encargo yo de ellas.

Y eso hizo. Comenzó a pasear con ellas desde muy temprano en la mañana y hasta muy tarde por la noche. No solía llevar ninguna compañía más que su perro y sus pensamientos. No se sentía ni triste ni feliz, simplemente caminaba. Dejaba que el sol del verano le quemara la cara y se pelaba de frío en los meses de invierno. Andaba, andaba y andaba.

Con el paso del tiempo empezó a hacerse preguntas, preguntas que no es que le atormentaran, pero sí que le producían una cierta inquietud. Tenían que ver con pensamientos que ni siquiera sabía que tenía. Se interrogaba sobre sí mismo, sobre el sentido de su vida. Empezó a plantearse si hacía lo que realmente quería o era el destino el que siempre había guiado sus pasos. Empezó a sentirse cada vez más inquieto.

Una tarde acudió a hablar con uno de sus antiguos profesores, don Hilario, que siempre había sido muy afable con sus alumnos, y le contó lo que le pasaba.

Su antiguo profesor de Historia le miro muy serio y le dijo: -“Faustino, hijo. A ti te ha picado el gusano y no tiene solución. Una vez que empiezas a hacerte ciertas preguntas, la vida ya no es igual. De momento, puedes empezar a leer mientras encuentras una salida. Si es que la llegas a encontrar alguna vez”.

El libro tonto de Beatriz Giménez de Ory. Il.lustració desde http://foto.libero.it/Kundera.....

Y eso hizo, empezó a leer. Se leyó uno por uno todos los tomos de Historia que había en la modesta biblioteca de su profesor, luego las grandes obras de la Literatura universal, libros de Matemáticas, de Ciencias… Todos y cada uno de ellos. Sentado debajo de los olivos seguía buscando respuestas a su desasosiego vital. En ese estado mental se encontraba, más confuso aún que al principio, cuando se topó un buen día con La crítica de la razón pura. No necesito más.

En su cerebro se forjó una idea, muy pequeña al principio, casi como la luz de una vela. Una idea que fue creciendo y que terminó dando su fruto. Faustino terminó sus estudios superiores, después se licenció en Filosofía y se jubiló hace poco, habiendo dedicado su vida a la enseñanza de esta materia tan maltratada.

Nunca se lamentó de haber dejado de pastorear, pero lo cierto es que tampoco llegó a alcanzar la iluminación.

(Este relato está basado en una historia real, los nombres son ficticios, y las circunstancias seguro que no son tan exactas cómo me gustaría. Lo importante es que los sueños de aquel niño pastor se cumplieron y hoy están escritos aquí para que no se pierdan en la memoria).

Imagen Vía Pinterest

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LA ISLA

Desde que nació siempre ha sido una isla. A los dos años sabía hablar perfectamente pero no le daba la gana de hacerlo. Había aprendido a “mangonear” a los mayores señalando lo que quería con el dedo y haciendo una especie de gruñido bajito. La fórmula le funcionaba tan bien que había decidido no cambiar de estrategia hasta que fuera absolutamente necesario.

Sus primeras palabras las pronunció estando cerca de cumplir los tres años. Fue una tarde a la salida del metro. Su madre tropezó con un escalón, ella la miro desde abajo y pronunció en voz alta y con una dicción absolutamente clara: “¡Anda y cáete, gilipollas!”

Toda la familia celebró que la niña no era retardada, como habían llegado pensar en alguna ocasión, y pronto se dieron cuenta de que en realidad era bastante más inteligente que la media de los niños de su edad.

Desde pequeña empezó a dejar claro que le gustaba estar sola, que no necesitaba la constante compañía de los demás para estar contenta. Quizás intuían que tenía un mundo imaginario en el que prefería vivir, y así era. No le gustaba jugar con muñecas y pasaba casi todo el rato leyendo o imaginando historias.

 

 

Faro de la Isla de Mouro. Santander | Cantabria | Spain

A los nueve años, cuando se celebraron las elecciones generales, se había construido una tabla con el nombre de los partidos políticos que se presentaban y los resultados que iban a obtener. Acertó plenamente. Fueron las primeras elecciones que ganó el PSOE en España. Recordaba la ilusión de su padre y el desencanto que vino después.

Aprendió a encerrarse en sí misma y continuó haciéndolo durante la adolescencia. Participaba de las fiestas de la pandilla y de las reuniones y de los juegos de cartas, pero seguía siendo una isla.

Lo ha sido siempre, durante su juventud y en la edad adulta. Lo va a ser siempre. Es una roca, un faro, una montaña, un iceberg, un planeta, una estrella, el Universo. Es todo eso y mucho más.

Vive en un lugar en el que no entra nadie, un espacio que es solo suyo y que es territorio virgen. En ese sitio encantado, convive con sus sueños, con sus alegrías y con sus tristezas.

Es el espacio de los planes imposibles, de las historias maravillosas, de los barcos que a veces navegan por el medio de su salón.

No le importa ser así. De hecho, lo prefiere. Los mundos imaginarios siempre son más interesantes que este.

Imagen Vía Pinterest

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La chica del parque

Hay una chica en el parque. Llegó hace unos diez días cargada con un saco de dormir y bolsas del supermercado. Tiene el pelo blanco, aunque parece muy joven. Se la ve delgada y seria. Por las noches duerme en el cajero de la esquina, lo sé porque la he visto; y cuando el calor aprieta, se refugia bajo los pinos del parque.

Mi perro llevaba varios días ladrándole, que es lo que siempre hace cuando ve a alguien que se sale de sus esquemas de normalidad (hasta los perros tienen prejuicios, me temo).

 

Bruce Davidson’s photograph of an unknown girl and her kitten (1962) Photo: © Bruce Davidson / Magnum Photos

 

Hace unos días me acerqué a ella y le pregunté si necesitaba algo. En mi interior pensaba que alguien que está viviendo así quizás añore el calor humano o eche de menos poder darse una ducha.

Levantó la cabeza y con una mirada entre cansada y triste me preguntó: “¿Sabes si hay trabajo por aquí?”

Me contó que viene del norte y que ha sido comercial durante muchos años; le expliqué cómo está el tema laboral aquí (hecho una mierda como en casi todas partes). Me volvió a mirar triste y me sentí igual de cansada que ella. La vida a veces se pone chunga.

Hace dos días que Tao no le ladra y ayer se sentó delante de ella y le puso ojitos para que compartiera con él su jamón York.

Cuando se trata de comer todos somos iguales.

Imagen Vía Pinterest

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Amigas

Hace bien poco una amiga me dijo: “rodéate solo de gente que te nutra, que te aporte cosas buenas, que camine a tu lado y que comparta tu visión de la vida”.

Me di cuenta de que hace mucho tiempo que hago eso de forma inconsciente y me di cuenta de algo más: sobre todo me pasa con mujeres.

Por unas cosas u otras estoy rodeada de mujeres maravillosas y de un tiempo a esta parte he decidido apartar a otras de mi camino. ¿Por qué?

Esther Gili ilustración acuarela pájaros cabeza

 

Me explicaré un poco mejor. Yo creo firmemente en el potencial femenino y creo que las mujeres debemos ser el mejor apoyo para otras mujeres pero, por desgracia, me he encontrado demasiadas veces con ese tipo de pseudo amiga que de una forma más o menos velada hace comentarios insidiosos sobre tu aspecto físico, tus relaciones o tus sueños. Evidentemente, detrás de ese tipo de comentarios hacia ti o hacia otras mujeres, no existe más que pura y dura envidia y, lo que es peor, bastantes problemas de autoestima.

La cuestión es que mi yo mejorado decidió hace tiempo no participar de este tipo de conversaciones en las que se critica a fulanita al minuto siguiente de que haya salido de la cafetería. Cuesta poco comprender que lo mismo ocurre contigo cuando no estás. Me he cansado y mucho de conversaciones intrascendentes sobre dietas, gimnasios, novios o maridos de otras, críticas a otras mujeres; y, en general, de todo tipo de maledicencia. No lo soporto.

No solamente no lo soporto sino que además me produce una profunda tristeza. Yo creo firmemente en que las mujeres podemos ser extremadamente brillantes y divertidas. Nada más sanador para el alma que una buena conversación con una amiga, y si puede ser con un millón de risas mejor.

Por eso, como os contaba antes, hace tiempo que elijo con mucho cuidado con quién me siento a la mesa, con quién comparto mis secretos, mis alegrías y mis penas. Mis verdaderas amigas están ahí apoyándome en todo, esperando que sea profesora y que publique mi primer libro algún día. Ellas son mi faro y son mi espejo porque son mujeres extraordinarias.

¿Las demás? Las demás no cuentan para mí. La vida ha de llenarse siempre de buena energía y no de negrura.

Sobre este tema ya hable un poco hace tiempo en mi entrada mujeres y viceversa, por desgracia sigo pensado lo mismo.

¿Qué os parece a vosotras?, ¿os ha pasado algo así alguna vez?, ¿habéis sentido en vuestras propias carnes la mal llamada “rivalidad femenina”?

Encantada de leer vuestras opiniones.

La preciosa ilustración de Esther Gili (Pájaros en la cabeza) Vía Pinterest

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