Tomás y la lluvia

Tomás lleva tres años en paro, hace tiempo que pasó los cincuenta y es un hombre luchador y fuerte que siempre supo sacar a su familia adelante. En todo este tiempo se ha negado a recibir ningún tipo de ayuda, su orgullo y sus ahorros –que empiezan a escasear- le han mantenido a flote.

Tomás era carpintero y le atropelló la crisis, como a todos. Su actitud precavida y su inteligencia natural le decían en aquellos días de éxtasis general que algo no andaba bien. Y no se equivocaba.

Esta mañana se ha presentado muy temprano en las oficinas del INEM, le costó mucho pedir cita, pero las quejas de su mujer al final han hecho efecto y aquí está, con su carpeta llena de papeles y una pequeña bolsa en la mano izquierda.

La vida sigue aún en los días de lluvia

Después de pasar por varios mostradores ha conseguido que le solucionen el tema de su subsidio y le han recomendado que vea a su orientadora. Lleva dos horas de gestiones y ha decidido terminar todo lo que ha venido a hacer, así que, después de solicitar otra cita en Información y tras esperar media hora, está por fin sentado delante de la persona que se supone que le va a indicar los pasos qué debe dar a partir de ahora.

-¡Buenos días Tomás!, ¿le puedo llamar por su nombre de pila, verdad?- dice la orientadora-.

-Claro que sí.

-Bien, vamos a ver, antes de nada tengo que rellenar su ficha para saber qué trabajos ha desempeñado antes de ahora y así poderle indicar qué tipo de cursos puede hacer y cuáles son sus actuales salidas profesionales –continúa la chica sentada detrás el ordenador-.

Tras veinte minutos de preguntas sobre su vida profesional y después de rellenar y firmar varios papeles, la orientadora levanta la vista de la pantalla del ordenador, se quita las gafas, mordisquea una patilla y le mira con cierta compasión.

-Verá, -le dice-, no le voy a engañar; con su edad las opciones son pocas, la situación sigue siendo muy complicada y quizás le convendría plantearse un cambio en su vida laboral. Además de todos los trabajos que ha desempeñado, ¿hay algo más que se le ocurra que podría hacer para ganarse la vida?

Tomás baja un poco la mirada y tímidamente, responde: -No se me ocurre nada más con lo que pueda generar ingresos para vivir, pero sí hay una cosa más que sé hacer y que no le he dicho todavía.

-Pues dígame y lo apuntamos en su ficha.
-Sé hacer nubes,-afirma muy serio Tomás-
-¿Perdone?
-Pues eso, que sé hacer nubes.
-Lo siento mucho pero creo que no le entiendo.
-Es normal, verá…,- lentamente mete la mano en la bolsita que había dejado reposando en la silla de al lado, saca un tarro de cristal, desenrosca la tapa con mucho cuidado y una nubecilla sale del bote. Una fina lluvia empieza a caer sobre sus cabezas.

Esta entrada está dedicada a todos los hombres y mujeres que luchan por salir adelante cada día, a los que no pierden la esperanza y confían en un futuro mejor.

Imagen Vía Pinterest

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LA ILUMINACIÓN

Faustino era pastor. No era algo que hubiera elegido ni que le pareciera bien ni mal. Era simplemente lo que se suponía que tenía que ser siendo el mayor de seis hermanos y el único varón de la casa.

Su padre, su bisabuelo y su tatarabuelo habían tenido el mismo oficio. Era la herencia de una familia humilde pero honrada. Una estirpe de buena gente que había dedicado su vida al trabajo duro y a sacar adelante a sus hijos haciendo lo que sabían.

Faustino no era un niño especial, no destacaba en nada. Había aprendido a leer y a escribir en la escuela hasta los catorce años, y no había sido un alumno especialmente brillante.

Desde bien pequeñito acompañaba a su padre y a las ovejas a caminar por los riscos a las afueras del pueblo. Iba con él algunas tardes y los fines de semana para ir aprendiendo el oficio. Cuando terminó la escuela no se le había pasado por la cabeza hacer nada distinto, así que, una mañana de verano, se plantó frente a su padre y con esa voz aún sin componer de los adolescentes, le dijo muy serio:

-Padre, olvídese de las ovejas. Usted ya ha trabajado bastante, a partir de ahora me encargo yo de ellas.

Y eso hizo. Comenzó a pasear con ellas desde muy temprano en la mañana y hasta muy tarde por la noche. No solía llevar ninguna compañía más que su perro y sus pensamientos. No se sentía ni triste ni feliz, simplemente caminaba. Dejaba que el sol del verano le quemara la cara y se pelaba de frío en los meses de invierno. Andaba, andaba y andaba.

Con el paso del tiempo empezó a hacerse preguntas, preguntas que no es que le atormentaran, pero sí que le producían una cierta inquietud. Tenían que ver con pensamientos que ni siquiera sabía que tenía. Se interrogaba sobre sí mismo, sobre el sentido de su vida. Empezó a plantearse si hacía lo que realmente quería o era el destino el que siempre había guiado sus pasos. Empezó a sentirse cada vez más inquieto.

Una tarde acudió a hablar con uno de sus antiguos profesores, don Hilario, que siempre había sido muy afable con sus alumnos, y le contó lo que le pasaba.

Su antiguo profesor de Historia le miro muy serio y le dijo: -“Faustino, hijo. A ti te ha picado el gusano y no tiene solución. Una vez que empiezas a hacerte ciertas preguntas, la vida ya no es igual. De momento, puedes empezar a leer mientras encuentras una salida. Si es que la llegas a encontrar alguna vez”.

El libro tonto de Beatriz Giménez de Ory. Il.lustració desde http://foto.libero.it/Kundera.....

Y eso hizo, empezó a leer. Se leyó uno por uno todos los tomos de Historia que había en la modesta biblioteca de su profesor, luego las grandes obras de la Literatura universal, libros de Matemáticas, de Ciencias… Todos y cada uno de ellos. Sentado debajo de los olivos seguía buscando respuestas a su desasosiego vital. En ese estado mental se encontraba, más confuso aún que al principio, cuando se topó un buen día con La crítica de la razón pura. No necesito más.

En su cerebro se forjó una idea, muy pequeña al principio, casi como la luz de una vela. Una idea que fue creciendo y que terminó dando su fruto. Faustino terminó sus estudios superiores, después se licenció en Filosofía y se jubiló hace poco, habiendo dedicado su vida a la enseñanza de esta materia tan maltratada.

Nunca se lamentó de haber dejado de pastorear, pero lo cierto es que tampoco llegó a alcanzar la iluminación.

(Este relato está basado en una historia real, los nombres son ficticios, y las circunstancias seguro que no son tan exactas cómo me gustaría. Lo importante es que los sueños de aquel niño pastor se cumplieron y hoy están escritos aquí para que no se pierdan en la memoria).

Imagen Vía Pinterest

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LA ISLA

Desde que nació siempre ha sido una isla. A los dos años sabía hablar perfectamente pero no le daba la gana de hacerlo. Había aprendido a “mangonear” a los mayores señalando lo que quería con el dedo y haciendo una especie de gruñido bajito. La fórmula le funcionaba tan bien que había decidido no cambiar de estrategia hasta que fuera absolutamente necesario.

Sus primeras palabras las pronunció estando cerca de cumplir los tres años. Fue una tarde a la salida del metro. Su madre tropezó con un escalón, ella la miro desde abajo y pronunció en voz alta y con una dicción absolutamente clara: “¡Anda y cáete, gilipollas!”

Toda la familia celebró que la niña no era retardada, como habían llegado pensar en alguna ocasión, y pronto se dieron cuenta de que en realidad era bastante más inteligente que la media de los niños de su edad.

Desde pequeña empezó a dejar claro que le gustaba estar sola, que no necesitaba la constante compañía de los demás para estar contenta. Quizás intuían que tenía un mundo imaginario en el que prefería vivir, y así era. No le gustaba jugar con muñecas y pasaba casi todo el rato leyendo o imaginando historias.

 

 

Faro de la Isla de Mouro. Santander | Cantabria | Spain

A los nueve años, cuando se celebraron las elecciones generales, se había construido una tabla con el nombre de los partidos políticos que se presentaban y los resultados que iban a obtener. Acertó plenamente. Fueron las primeras elecciones que ganó el PSOE en España. Recordaba la ilusión de su padre y el desencanto que vino después.

Aprendió a encerrarse en sí misma y continuó haciéndolo durante la adolescencia. Participaba de las fiestas de la pandilla y de las reuniones y de los juegos de cartas, pero seguía siendo una isla.

Lo ha sido siempre, durante su juventud y en la edad adulta. Lo va a ser siempre. Es una roca, un faro, una montaña, un iceberg, un planeta, una estrella, el Universo. Es todo eso y mucho más.

Vive en un lugar en el que no entra nadie, un espacio que es solo suyo y que es territorio virgen. En ese sitio encantado, convive con sus sueños, con sus alegrías y con sus tristezas.

Es el espacio de los planes imposibles, de las historias maravillosas, de los barcos que a veces navegan por el medio de su salón.

No le importa ser así. De hecho, lo prefiere. Los mundos imaginarios siempre son más interesantes que este.

Imagen Vía Pinterest

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La chica del parque

Hay una chica en el parque. Llegó hace unos diez días cargada con un saco de dormir y bolsas del supermercado. Tiene el pelo blanco, aunque parece muy joven. Se la ve delgada y seria. Por las noches duerme en el cajero de la esquina, lo sé porque la he visto; y cuando el calor aprieta, se refugia bajo los pinos del parque.

Mi perro llevaba varios días ladrándole, que es lo que siempre hace cuando ve a alguien que se sale de sus esquemas de normalidad (hasta los perros tienen prejuicios, me temo).

 

Bruce Davidson’s photograph of an unknown girl and her kitten (1962) Photo: © Bruce Davidson / Magnum Photos

 

Hace unos días me acerqué a ella y le pregunté si necesitaba algo. En mi interior pensaba que alguien que está viviendo así quizás añore el calor humano o eche de menos poder darse una ducha.

Levantó la cabeza y con una mirada entre cansada y triste me preguntó: “¿Sabes si hay trabajo por aquí?”

Me contó que viene del norte y que ha sido comercial durante muchos años; le expliqué cómo está el tema laboral aquí (hecho una mierda como en casi todas partes). Me volvió a mirar triste y me sentí igual de cansada que ella. La vida a veces se pone chunga.

Hace dos días que Tao no le ladra y ayer se sentó delante de ella y le puso ojitos para que compartiera con él su jamón York.

Cuando se trata de comer todos somos iguales.

Imagen Vía Pinterest

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Amigas

Hace bien poco una amiga me dijo: “rodéate solo de gente que te nutra, que te aporte cosas buenas, que camine a tu lado y que comparta tu visión de la vida”.

Me di cuenta de que hace mucho tiempo que hago eso de forma inconsciente y me di cuenta de algo más: sobre todo me pasa con mujeres.

Por unas cosas u otras estoy rodeada de mujeres maravillosas y de un tiempo a esta parte he decidido apartar a otras de mi camino. ¿Por qué?

Esther Gili ilustración acuarela pájaros cabeza

 

Me explicaré un poco mejor. Yo creo firmemente en el potencial femenino y creo que las mujeres debemos ser el mejor apoyo para otras mujeres pero, por desgracia, me he encontrado demasiadas veces con ese tipo de pseudo amiga que de una forma más o menos velada hace comentarios insidiosos sobre tu aspecto físico, tus relaciones o tus sueños. Evidentemente, detrás de ese tipo de comentarios hacia ti o hacia otras mujeres, no existe más que pura y dura envidia y, lo que es peor, bastantes problemas de autoestima.

La cuestión es que mi yo mejorado decidió hace tiempo no participar de este tipo de conversaciones en las que se critica a fulanita al minuto siguiente de que haya salido de la cafetería. Cuesta poco comprender que lo mismo ocurre contigo cuando no estás. Me he cansado y mucho de conversaciones intrascendentes sobre dietas, gimnasios, novios o maridos de otras, críticas a otras mujeres; y, en general, de todo tipo de maledicencia. No lo soporto.

No solamente no lo soporto sino que además me produce una profunda tristeza. Yo creo firmemente en que las mujeres podemos ser extremadamente brillantes y divertidas. Nada más sanador para el alma que una buena conversación con una amiga, y si puede ser con un millón de risas mejor.

Por eso, como os contaba antes, hace tiempo que elijo con mucho cuidado con quién me siento a la mesa, con quién comparto mis secretos, mis alegrías y mis penas. Mis verdaderas amigas están ahí apoyándome en todo, esperando que sea profesora y que publique mi primer libro algún día. Ellas son mi faro y son mi espejo porque son mujeres extraordinarias.

¿Las demás? Las demás no cuentan para mí. La vida ha de llenarse siempre de buena energía y no de negrura.

Sobre este tema ya hable un poco hace tiempo en mi entrada mujeres y viceversa, por desgracia sigo pensado lo mismo.

¿Qué os parece a vosotras?, ¿os ha pasado algo así alguna vez?, ¿habéis sentido en vuestras propias carnes la mal llamada “rivalidad femenina”?

Encantada de leer vuestras opiniones.

La preciosa ilustración de Esther Gili (Pájaros en la cabeza) Vía Pinterest

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SEGUIR LAS SEÑALES DE LA VIDA PARA ALCANZAR LA FELICIDAD

Hoy nos visita un hada, se llama Tania y he tenido la suerte de encontrarla en los mundos cibernéticos. Tania es una loca que hace un tiempo se lío la manta a la cabeza y se fue ha recorrer el mundo con su chico, tiene un blog precioso, revolucionat, por el que te invito a que te des una vuelta para descubrir que hay muchas formas distintas de ver la vida. Te encantará, seguro.

Esta entrada es suya. Te animo a que la leas y a que participes de su proyecto.

Introducción

¿Eres de las que creen en las casualidades?

Si la respuesta es sí, deja de leer, este artículo no es para ti.

Si, por el contrario, eres de esas personas creen en las señales de la vida, te encantará seguir leyendo.

Si eres de las que creen en la sincronicidad, en que todo pasa por algo, que el universo nos muestra el camino continuamente y que le pone comillas siempre a la palabra “casualidad”, ¡eres de las mías!

El universo y el corazón nos hablan en todo momento a través de sus señales, y confabulan para que tengamos aquello que necesitamos.

A veces, a estas señales de la vida, las llamamos “intuición”.

Seguro que a ti también te ha pasado estar pensando en alguien y que de repente esa persona te llame por teléfono. Seguro que tú también has tenido sueños que se repiten, algún déjà vu que otro o presentimientos que te alertaban de algún peligro.

Las señales de la vida se manifiestan de muchas maneras y no siempre es fácil captarlas.

Voy a contarte cómo he desarrollado la capacidad de estar alerta para darme cuenta de estas señales, porque es gracias a estas señales por lo que he llegado donde estoy.

Quién soy y qué estoy haciendo aquí

Mi nombre es Tania y estoy aquí gracias a lo mucho que me gusta este blog. “Aguaconlimón” y Mónica, fueron para mi un gran descubrimiento. Sentimiento y sensibilidad se hacían palabra, para mezclarse con el realismo y la honestidad de alguien que habla desde dentro.

Le pedí a Mónica esta colaboración y me abrió las puertas de su “casa” sin pensarlo. Para mí es una gran oportunidad poder charlar con las personas que siguen su trabajo, como tú.

Desde mi proyecto revolucionat.com, intento ayudar a las personas que tienen miedo a hacer cambios, a conocerse mejor a sí mismas para lograr su éxito personal y alcanzar la vida que desean.

Sólo he tenido que seguir las señales…

+pinqueenARD+

Cómo saber cuándo la vida nos está enviando señales

Cuando te encuentras en un momento de duda, de cambio, de dificultad y te surgen miles de preguntas, las señales de la vida se van a manifestar a tu alrededor para traerte las respuestas que necesitas.

No va a bajar del cielo un águila real con un letrero luminoso indicándote el camino…La cosa será mucho más sutil e incluso, podríamos decir que, subjetiva.

QUÉ TIPO DE SEÑALES TE PUEDES ENCONTRAR:

– Frases que te tocan muy dentro,

– películas que te impactan,

– libros que llegan a ti como por “casualidad” y que son justo lo que necesitabas,

– animales que se te acercan como queriéndote decir algo (si el gato de la vecina viene cada día a verte igual no tendrías que interpretarlo como una señal),

– situaciones que se salen de lo común y que te llaman la atención, por lo relacionadas que están con aquello que ahora mismo te trae de cabeza.

Las señales que han construido mi vida

Mi conciencia sobre la existencia de las señales de la vida data de la adolescencia. Mi novio de ese momento siempre las mencionaba, “esto es una señal”, decía.

Aunque en ese momento teníamos más en cuenta los calimochos que nos íbamos a beber el fin de semana que las señales que nos pudiese estar mandando la vida, ya teníamos cierta conciencia de que algo había, más allá, que intentaba dirigir nuestras actuaciones.

Nunca me he considerado una persona intuitiva. Cuando alguien mencionaba el sexto sentido femenino yo me esforzaba por ver otras cualidades en mí para no quedarme atrás.

A pesar de no creer en mi intuición, ni tener muy presentes las posibles señales que me debía estar mandando la vida, siempre escuché a mi corazón.

Lo que decía mi corazón iba a misa, cayese quien cayese por el camino.

Y, ¿qué diferencia hay entre escuchar a tu corazón y tener intuición?

A día de hoy creo que muy poca.

Reconozco que los últimos años de mi vida han estado marcados por el resultado de mi interpretación a cerca de las señales que me estaba mandando el universo. Por ejemplo:

Gracias a las libélulas, tuve el valor de abrir un negocio con la confianza de que todo saldría bien, y así fue.

Durante 6 años fui la dueña de un maravilloso Centro de Pilates, Yoga y Danza Moderna, que funcionó al 100% desde el primer momento y hasta el día que decidí traspasarlo.

Y decidí traspasarlo porque durante una temporada las señales de la vida me estuvieron pidiendo cambios. Los sueños que tenía y los animalitos que aparecieron, me ayudaron a tomar una de las mayores decisiones de toda mi vida: traspasé mi fructífero negocio, cogí la mochila y me fui a viajar por Asia, al mismo tiempo que ponía en marcha mi blog y daba rienda suelta a dos de mis pasiones: ayudar a la gente y escribir.

Qué puedes hacer para aprender a interpretar las señales de la vida

Cuando aprendes a interpretar las señales de la vida, te conectas con el universo y con la verdadera razón de tu existencia.

Para aprender a captar estas señales te propongo lo siguiente:

  • TOMA CONCIENCIA: el ser humano se ha desconectado por completo de su conciencia. No estamos presentes, nos comportamos como autómatas y vivimos la vida por inercia.

En mi caso, meditar me ha ayudado a frenar, a sentir y a volver a recuperar la sensibilidad para vivir el momento, pero hay otras muchas terapias que pueden ayudarte.

  • ESCUCHA A TU CORAZÓN: es fundamental aliarte con lo que quiere tu ser para poder alcanzar la felicidad. Tu corazón, tu alma, tu intuición (llámalo como quieras), sabe lo que necesitas en cada momento. Si empiezas a darte cuenta de que hay otra vocecita más allá de tu mente que nunca te deja sola, jamás te perderás.
  • ASUME QUE PASE LO QUE PASE HAS VENIDO A APRENDER: no tengas miedo a equivocarte. Ten muy claro que elijas el camino que elijas, esa era justo la mejor opción. En las historias que te he contado hay muchas sombras. Después de cada señal y cada cambio, los aprendizajes han venido en formas muy diferentes. A veces, la lección se escondía detrás de un gran drama, de un fuerte batacazo o de una situación que aparentemente no me favorecía. Pero luego, cuando sales del pozo, te das cuenta que ese pozo era muy necesario y estaba ahí por algo. Y sigues creciendo, evolucionando, conociéndote y queriéndote cada día más.

Conclusiones

Hay que reconocer que todo esto suena poco realista, sin embargo, numerosos estudios ya nos hablan de esa fuerza que hay más allá de la mente y que nos lleva a tomar decisiones sin saber por qué las tomamos, incluso siendo aparentemente la peor opción que podíamos elegir.

Como leí hace muy poco en alguna parte, “las sincronicidades son las oportunidades que se ponen a nuestro alcance para que podamos hacernos conscientes y entender, o para que podamos dejarlas pasar desde nuestro libre albedrío”.

Cuando aparecen las señales y las obvias, estás en tu derecho.

Esto se produce, normalmente, por el miedo que le tenemos a todo lo que implique cambio.

La temporada en la que se repetían aquellos sueños, podía haberlos ignorado y haberme mantenido en mi vida cómoda y segura para otros cuantos años. En ese caso, no estaría escribiéndote desde Bali, en medio de la naturaleza, mientras las libélulas me revolotean, acompañando el relato todo el tiempo.

Todo pasa por algo y te lleva a algo mejor. Incluso cuando no lo ves, cuando sufres tanto que te resulta imposible pensar en la enseñanza positiva que te trae la vida…incluso entonces, todo es por un bien mayor.

Conozco muchas personas que por más veces que tropiezan con la misma piedra, son incapaces de aprender nada. Se pasan la vida cometiendo los mismos errores y lamentando su mala suerte, porque se resisten a aprender la lección que necesitan para seguir creciendo.

Cuando realmente la vida, te lo va poniendo todo en bandeja para que aprendas a ser feliz.

Si te encuentras en un momento difícil y no sabes qué camino elegir, observa bien porque seguro que las señales están llegando para socorrerte.

Párate, siente lo que te dice tu corazón, no tengas miedo a las lecciones que están a punto de llegar y conviértete en la diseñadora absoluta de tu vida.

Imagen Vía Pinterest

Me encantaría hacerte un regalo y escuchar tu opinión.

¿Sigues las señales?

¿Quieres contarnos alguna historia relacionada con ellas?

NOS ENCANTA ESCUCHARTE

UN GRAN ABRAZO

 

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Una persona al día

Hace una semana se me ocurrió empezar un nuevo proyecto. Se llama “Una persona al día” y seguramente es otra de mis locuras. Me da igual, soy feliz cuando hago cosas nuevas.
Mi proyecto consiste básicamente en hablar al menos con una persona que no conozca cada día. Por supuesto, no se trata de hablar sino más bien de escuchar a una persona diferente cada día, escuchar con el corazón y no solo con los oídos.
Además de escuchar, también me he propuesto ser amable solo porque sí, solo porque me da la gana y porque la gente se merece ver lo mejor de mí cada día.

personas felices cielo:

Empecé con un chico musulmán que me sonrío de oreja a oreja cuando le pregunté por el Ramadán y le desee que le fuera bien en estos días. No os podéis imaginar la sonrisa que me regaló cuando aprendí a decir ¡Buen Ramadán! en árabe. Creo que nadie le había escuchado contar lo que es y lo que significa para él con tanta atención en toda su vida. Os aseguro que la que se fue más feliz soy yo.

Ayer me paré junto a una señora que sostenía su bebota en brazos y miraba fijamente el plátano que me estaba comiendo. Le regalé uno de los que llevaba en la bolsa de la frutería y la niña puso la cara más linda que os podáis imaginar. Hablé con su madre de la vida, de lo difícil que es criar a una niña sin ayuda. Me encantó lo que me dijo y espero haberle dado ánimos para seguir adelante.

Hoy me he ofrecido para corregir un TFG a una chica que veo todos los días en la biblio y que nunca me había atrevido a saludar. Todo el mundo la mira raro porque está perdiendo el pelo a causa del estrés y lleva turbante. Es encantadora y está llena de ilusiones, como yo.

He pensado que quizás mi proyecto acabe siendo un libro o una cuenta de IG o quizá nada más que mi propia satisfacción personal.

No creáis que soy una especie de Madre Teresa ni nada por el estilo, simplemente he sentido la necesidad de acercarme a los demás para encontrarme a mí misma, para descubrir qué nos hace iguales, qué nos une más que nos separa.

Me siento feliz y, sobre todo, honrada por poder compartir tantas historias y tantos sueños. Estoy convencida de que la experiencia valdrá la pena.

 

Imagen Vía Pinterest

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GENTE QUE BRILLA

Acabo de ver el discurso de Eduardo Mendoza tras recibir el Premio Cervantes y me he quedado maravillada. ¡Cuánta sabiduría y sobre todo cuánta humildad condensadas en 22 minutos!

Me he acordado de los buenos ratos que he pasado en mi vida leyendo alguno de sus libros, me he acordado de Cervantes y no sé muy bien por qué, me he acordado de todas las personas brillantes y talentosas que me rodean.

Desde niña he admirado profundamente a todas aquellas personas que tienen luz propia, a esa gente que hace del mundo un lugar mejor cada día y que, con su inteligencia y su bondad, iluminan todo lo que tocan. Ese sentimiento de admiración supongo que habrá tenido mucho que ver en cómo son mis círculos íntimos ahora.

Os pongo un poco en situación.

Aunque, por una cuestión de educación y de carácter soy alguien que habla hasta con las piedras, en mi corazón solo habitan de verdad personas maravillosas.

Tengo una amiga que es la mejor cocinera del mundo, si pusiera un restaurante le darían dos estrellas Michelín antes de abrir la persiana, ella quizás no lo sabe pero cada vez que se pone delante de los fogones, su amor por lo que hace impregna la comida y llena el corazón de sus invitados.

Tengo otra amiga que es una maestra espiritual, siempre sabe cuál es el mantra que necesitas, la respiración que tienes que utilizar en cada momento para limpiar tu energía, es valiente, humilde y poderosa. Comparte su sabiduría con todos y ayuda a que los demás encuentren su camino en esta vida.

Otra de mis amigas es capaz de hacer magia con su cámara de fotos, ha sabido transformar la oscuridad en luz y llegar a miles de personas con su carisma y su arte. Vende sueños, vende alegría, crea espacios únicos llenos de buen gusto y elegancia. Su sola presencia llena una habitación, es tan absolutamente hermosa que no parece un ser de este mundo.

Tengo amigas profesoras, amigas que enseñan Arte y Literatura, enamoradas de su profesión y dispuestas siempre a ayudar a sus alumnos. No son solo profes, son educadoras, son la guía que muchos adolescentes necesitan en el momento de sus vidas en el que se encuentran más perdidos.

Tengo amigas ingenieras, abogadas; amigas que se sientan a mi lado cada día para estudiar en la biblioteca porque han decidido que quieren cambiar sus vidas y se esfuerzan como titanes para conseguirlo. Son también madres y esposas pero no han perdido su esencia en ningún momento y están dispuestas a lograr todo lo que se proponen.

Brillante:

 

También hay amigos, claro. No solo las mujeres somos brillantes. Amigos que han sido el número dos en su oposición y no le dan la menor importancia, amigos que escriben poesía mientras se dedican a otros menesteres para ganarse la vida, amigos que estudian conmigo y se esfuerzan porque quieren un porvenir mejor para sus familias.

Tengo amigos que dedican su tiempo libre a ayudar a los demás de forma altruista, amigos que imparten cursos que ayudan a que otras personas crezcan, amigos que hacen teatro o cine y dejan que su talento se exponga ante el resto del mundo.

Podría seguir pero creo que es suficiente.

Estoy segura de que tú también eres alguien extraordinario, aunque no lo sepas. Si quieres que tu luz empiece a brillar será necesario que hagas algunos ajustes previos en tu vida de hoy (si no los has hecho ya).

• Elimina de tu vida a cualquier persona que no te aporte nada. Especialmente a aquellas que envidian a los demás. No hay nada peor que alguien envidioso, la envidia es un síntoma de debilidad extrema y te aseguro que nunca podrás crecer al lado de alguien así.

• Saca de tu camino a todo aquel que se pase el día quejándose de todo y de todos. Estar al lado de alguien que se mueve en ese nivel de negatividad no te traerá nada bueno. Recuerda que tú tienes luz, no dejes que te la apaguen.

• No escuches a nadie que critique a los demás. Cuando no estés lo hará contigo. Nada bueno te puede aportar una persona que usa su lengua para escupir sapos y culebras. El mundo es muy chulo y está lleno de gente estupenda, no pierdas tu tiempo escuchando la negrura.

Sobre todo y, básicamente, piensa en quién eres, qué quieres y hasta dónde quieres llegar. Piensa en todos tus talentos, analiza qué puedes aportar a este mundo y deja que tu luz brille fuerte allá por dónde camines.

Imagen Vía Pinterest

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Barcos de papel

Andrea empezó a hacer barcos de papel cuando tenía nueve años.

Cuando terminaba de hacer los deberes sentada en su escritorio y mirando la pared que tenía enfrente, empezaba a imaginar cuánto le gustaría conocer países lejanos. Al tiempo que imaginaba las extraordinarias aventuras que podría vivir en esos lugares, Andrea comenzaba a fabricar sus barquitos de papel.

Primero cogía una hoja, la doblaba por la mitad varias veces y después la cortaba cuidadosamente. Con la primera mitad hacía su primer barco. A continuación, cogía el trozo de papel que le había quedado, volvía a doblarlo por la mitad y construía su segundo barco. Así seguía hasta hacer barcos cada vez más pequeños, una fila de barquitos hechos a escala que empezaba por un auténtico trasatlántico y terminaba en un barco tan diminuto como una pipa de girasol.
Una vez que tenía los barcos alineados sobre la mesa, empezaba a viajar a esos lugares que estaban dentro de su imaginación. Se veía viviendo extraordinarias aventuras en la selva, en China, conociendo a los yoguis de la India, escalando poderosas montañas, meditando con monjes budistas, navegando por ríos imposibles, comiendo pasta a todas horas y disfrutando de la vida a cada minuto.

Bateaux en papier ancien:

Han pasado muchos años, pero hace unos días se descubrió a sí misma haciendo barquitos de papel. Por alguna extraña razón, no se sintió triste, sino profundamente esperanzada. Hasta ese momento no se había dado cuenta de cuántas ilusiones se le habían ido quedando en el camino. Empezó a pensar nuevamente en todos los sitios a los cuales quería ir, en todas las ciudades que quería visitar, en todas las personas a las que quería conocer.
Se volvió a ver escalando montañas, navegando ríos y meditando en un monasterio en Lhasa.

Ahora lo tiene claro. Es su momento. Los barquitos de papel se van a convertir, por fin, en barcos de verdad.

 

Imagen Vía Pinterest

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SÉ QUIÉN ERES (I) – Narcisismo patológico.

Los que me seguís sabéis que este espacio es un espacio de luz o, al menos, pretende serlo. Con esta idea nació y así va a ser siempre. Por ese motivo he meditado mucho antes de escribir esta entrada, lo he pensado detenidamente antes de hacerlo pero ya no hay marcha atrás: hoy toca hablar de OSCURIDAD. Es necesario.

Antes de nada he de advertir que utilizo el masculino como género no marcado pero, obviamente, tenéis que entender que este post va dirigido tanto a hombres como a mujeres, todos somos uno. Vamos allá.

Es posible que a lo largo de tu vida o incluso actualmente, estés viviendo una situación igual a la que voy a describir ahora, quizás hayas sentido que estabas perdiendo la razón o te hayas visto sumido en la mayor de las tristezas, no te preocupes, no eres el único, no estás solo y, lo mejor de todo, tiene solución.
Vamos a intentar describir el problema para que lo identifiques y después hablaremos de los mecanismos de defensa que has de utilizar para arreglarlo.

Stare it down & keep walking. The Forest. by Vishnu M Nair, via Behance:

Quizás hace unos años o unos meses conociste a alguien y los acontecimientos que has vivido se han ido desarrollando más o menos así:

Primera fase: El bombardeo amoroso.

De repente has conocido a alguien que te hace sentir la persona más maravillosa del planeta. Eres un ser humano extraordinario y el otro es tu alma gemela. Te escucha, te entiende, te manda mensajes a cada rato, te llama cada cinco minutos diciéndote que te extraña, te envía canciones, fotos con frases inspiradoras…La pareja perfecta. Cuando habláis de sus ex resultan haber sido todas personas malas, dañinas e incluso un poco “locas”. ¡Pobre, qué mala suerte ha tenido en la vida!

En pocos días o semanas te propone iros a vivir juntos o casaros, construir una vida en común. Lo vuestro es tan especial y único que hay que sellarlo cuanto antes. Lo curioso es que en tu cerebro se han encendido pequeñas señales de alarma que intentan avisarte de que algo no va bien, hay algo raro en tanta pasión repentina, todo sucede como a cámara rápida.
Aunque hayas percibido algo a nivel subconsciente lo normal es que lo pases por alto. Seguramente estabas viviendo un momento difícil cuando conociste a tu nueva pareja y esta relación te ha servido como un bálsamo para curar tus heridas, así que, te dejas llevar y te metes de lleno en la historia.

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