Mujeres y viceversa

Conversación en la peluquería en la que se habla un poco de todo y un mucho de nada. En un momento dado una clienta comienza a hablar de los malos tratos y la conversación se anima para terminar, un rato más tarde, con el comentario de otra clienta que afirma que las mujeres somos más “retorcidas” y los hombres son más nobles.

¿Os suena?

Comida con una amiga. Le pregunto por el trabajo y me cuenta que una “compañera” ha difundido el “rumor” de que se está acostando con el jefe.

¿Os suena?

Paseo por la playa, una mujer comenta sobre otra: ¿se verá guapa con ese biquini?, ¿es que no tiene un espejo en su casa?

¿Os suena?

Reunión de amigas. Dos están a dieta, una se ha apuntado al gimnasio, otra tiene que irse pronto porque tiene cita con la esteticién.

¿Os suena?

Una mujer frente al televisor comenta que Susana Díaz se ha quedado muy bien después del parto, sin embargo Soraya Sáenz de Santamaría tiene cara de cerdita.

¿Os suena?

Claro que os suena, os suena mucho y si sois mujeres no solamente os suena sino que a veces vosotras mismas hacéis este tipo de comentarios sin ni siquiera daros cuenta de su contenido profundamente sexista y vejatorio para vuestra condición femenina.

niña

Imagen Vía Pinterest

Empezando por el principio, hay que tener claro que el lenguaje es un arma muy poderosa, cómo hablamos dice mucho de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos así que cuando se usan adjetivos como “retorcidas”, “malas”, “listas” frente a “nobles”, “buenos” o “simples”, estamos adjudicando al hecho genético de ser mujer una serie de cualidades que tienen, por así decirlo, un reverso oscuro. Más aún si lo contraponemos a cualidades masculinas. Así que, si eres una mujer te recomiendo que revises tu lenguaje y que intentes reflexionar sobre el hecho de otorgar a otras mujeres estos rasgos que son en el fondo y en la forma, negativos.

Por otro lado, ¿de verdad que lo mejor que una compañera de trabajo puede decir de otra es que se está acostando con el jefe?

Parece un poco triste a estas alturas de la historia que hacer este tipo de comentarios que tienen que ver con la sexualidad y la vida privada de los demás, sea el arma que se utilice contra alguien. Las personas trabajadoras y competentes, obviamente hombres y mujeres, evolucionan y progresan en su trabajo; hablar en estos términos retrata muy bien a quien lo hace. Si eres mujer olvídate desde hoy mismo de hablar de esta forma, te pone en evidencia y es una agresión verbal contra otra mujer.

Dejar de hacer comentarios sobre el físico de otras mujeres es básico. Deja de juzgar a las demás. Cada una viste como quiere, enseña lo que quiere y tiene el cuerpo que tiene. Deja de compararte con las otras, deja de criticar los cuerpos, maquillajes o pesos ajenos. No es de tu incumbencia y solo refleja algo muy claramente: odias tu cuerpo, no te gusta. Peor todavía, te identificas con él y crees erróneamente que tú eres tu cuerpo. No te confundas. Tú no eres eso, las demás mujeres tampoco.

Si quieres hacer ejercicio, comer sano o ir a la esteticién, que sea por salud, no por estética. Comprendo que es difícil, entiendo que hay toda una industria detrás que gasta millones y millones de euros en convencerte de que no estás bien cómo estás.

Tienes que estar más delgada, las arrugas son antinaturales, la regla es algo sucio, el vello corporal ni te cuento… Y así hasta el infinito. Si te has dejado comer el coco por todo esto, lo siento por ti, haz con tu vida lo que quieras, pero deja de juzgar a las demás mujeres. No eres quién para hacerlo. Dedícate a castigar tu cuerpo con dietas y depilaciones láser, y deja que las demás hagan lo que quieran.

Por último, si quieres crecer como mujer y como persona rodéate de mujeres sabias, que hay muchas; mujeres con sus cabezas bien amuebladas, profesionales, inteligentes y cultas; mujeres con las que puedas hablar de todo sin criticar a otras mujeres y si alguna vez se equivocan y hacen un comentario sexista, házselo ver de forma amable. Piensa que tú también has actuado así durante mucho tiempo.

Esta sociedad no va a cambiar si no la cambiamos nosotras así que ya sabes: ¿qué mundo quieres que hereden las generaciones futuras?

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El día que Buda se vino a vivir a mi casa I

Hace unos cuatro años me dio una ventolera espiritual muy fuerte y empecé a interesarme por temas que siempre me habían atraído pero a los que nunca había prestado excesiva atención. Uno de mis preferidos era y es el budismo. Dejando claro que no soy ninguna experta, voy a intentar explicar lo que significa para mí y como conocerlo me ha cambiado tanto la vida.

Vamos a empezar por el principio.

Hace unos 2600 años nació un hombre en Nepal que transformaría, sin saberlo, las bases de la cultura y la forma de vivir de millones de habitantes de este planeta.

Siddharta Gautama Buda no era un hombre como los demás, hijo de unos de los reyes de la zona, vivía rodeado de comodidades en un palacio del que su padre no quería que saliera. Fuera, en casi todo el país, la gente sobrevivía miserablemente sometida a los vaivenes de las cosechas, las enfermedades y la tiranía de los señores. El padre de Siddharta creía que su hijo no necesitaba para nada conocer todo eso, su vida era perfecta dentro de los muros de su palacio.

Pero Siddharta tenía otros planes. Deseando conocer lo que le rodeaba, le pedía a su padre que le dejara salir. Por fin un día este decidió dejarle ir pero acompañado de un sirviente al que encargó que solo le enseñara lugares bellos. En el exterior, vio una realidad hasta entonces desconocida para él. Además de muchos lugares bellos, Siddharta se cruzó con un mendigo, un anciano renqueante y un cádaver. Era la primera vez veía algo así, todas estas circunstancias de la vida humana se le habían ocultado hasta aquel momento y le dejaron en totalmente en shock

De vuelta a su lujosa casa, Siddharta ya no era el mismo. Había sufrido una transformación. Una noche abandonó el palacio, dejando en él a su mujer y a su hijo y decidió que tenía que encontrar la causa de tanto sufrimiento.

En esta acción de Siddharta puedes encontrar su primera enseñanza: ¿dejarías tú una vida cómoda para encontrar lo que te falta?

Se unió primero a una de las órdenes de santones mendicantes hinduistas que habitaban la zona en aquel momento, y practicó el ascetismo a través del ayuno y la meditación pero decidió que de esta forma no iba a descubrir lo que estaba buscando así que, resuelto a encontrarlo, se sentó bajo una higuera dispuesto a no levantarse hasta que logrará la iluminación. Bajo ese árbol pasó 49 días, cuando se levantó era otra persona: Buda. El que está despierto.

Se dice que había alcanzado el Nirvana. Generalmente traducimos esta palabra como ‘iluminación’ pero para la filosofía budista, alcanzar el nirvana es extinguir el fuego de la llama, es decir, apagar el sufrimiento.

Buda, una vez iluminado, dio un sermón a cuatro de sus antiguos compañeros ascetas en el que expuso cuál eran las bases de lo que hoy conocemos como Budismo, con una parte teórica y otra práctica. En la parte teórica, es en lo que me quiero centrar hoy.

Siddharta nos dice que:

La vida es sufrimiento

La causa del sufrimiento es el apego

La extinción del apego trae la extinción del sufrimiento.

El camino para lograrlo es el camino del sendero óctuple.

buda

 

Si te fijas, Buda no habla de ninguna religión, sino de un problema y de cómo se puede solucionar.

La vida es sufrimiento, no solo físico sino también y sobre todo mental. Este último es el más común de todos, ¿por qué? Porque normalmente no es lo que nos pasa sino cómo reaccionamos a lo que nos pasa, lo que nos hace sufrir.

Pero entonces, si la vida es sufrimiento, ¿no existe la felicidad?

Claro que sí pero es transitoria.

Eso lo saben muy bien las empresas de publicidad. El bolso que te compras hoy ya no te llena mañana, los zapatos que tanto deseabas ya no te hacen ilusión la segunda vez que te los pones.

De esta forma pasamos la vida esperando que sucedan cosas que aparentemente nos traerán la felicidad: terminar los estudios, comprar una casa, tener pareja, jubilarnos, tener éxito en los negocios… Pero la vida no funciona así.

Una vez alcanzas cualquiera de estas situaciones, una vez que se dan, pierden todo su atractivo, cambian, se transforman. Cada vez que nos sucede esto vivimos con más angustia y creemos que el siguiente objeto o situación que se dé sí nos traerá la felicidad.
La vida se vuelve insatisfactoria, siempre nos hace falta algo.

¿Qué podemos hacer para solucionarlo?

Creo que lo más importante es comprenderlo, entender de lo que nos está hablando Buda:

El sufrimiento físico es inevitable, el sufrimiento mental, no. La insatisfacción que sentimos en nuestra vida se debe a una mala percepción de la realidad.

Con el tiempo todo cambia y se transforma: el amor se acaba, los amigos desaparecen, nos ponemos enfermos, perdemos un trabajo. La felicidad es transitoria. ¿Qué podemos hacer para eliminar el sufrimiento?

Lo más importante es comprender que la vida no es algo inmutable sino que está en continuo movimiento, las circunstancias cambian y es bueno que sea así. Los lazos de dependencia que creamos con personas, situaciones y cosas nos traerán sufrimiento antes o después. Para eliminar el sufrimiento hemos de eliminar el apego.

La única forma de vivir una vida serena es aceptar las circunstancias sean estas las que sean y no apegarse a nada ni a nadie. Y sobre todo comprender que nada que provenga de fuera nos puede traer la más mínima felicidad, nada.

Todos hemos sentido en alguna ocasión que la vida no puede ser solo esto, que tiene que haber algo más, algo que se nos escapa y que no encontramos por ningún sitio. Lo normal es que intentemos tapar nuestra insatisfacción usando muletas: la comida, el alcohol, la relaciones, los viajes, las conversaciones intrascendentes con personas que no nos importan lo más mínimo, la televisión, el trabajo, las compras…todas esas cosas que generan un alivio momentáneo pero que no llenan el vacío que hay en nuestro interior.

La realidad es que vivimos dormidos, somos sonámbulos que pasamos por la vida como zombis, sin entender nada. Muertos vivientes.

Pero Buda no nos dice solo eso, no da también la solución al problema y de esa solución, hablaré en mi siguiente entrada porque creo que por hoy ya es bastante.

Imagen Vía Pinterest

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Cosas que nos pasan a todos

A veces nos creemos muy especiales pero la triste realidad es que somos todos muy parecidos y a todos nos pasan las mismas cosas. Como muestra iba a poner un botón pero he decidido poner varios, así que después de leer esto decidme por favor que no soy la única a la que le pasa:

smile

• Planificare un viaje durante meses y que cuando llegue el momento te venga la regla. Si puede ser en mitad del aeropuerto de Amsterdam y sin tampones, mejor. No, no te tocaba.

• Ponerte a estudiar y que inmediatamente aparezca el tapicero “tapizando muy barato”, o el de los “ajos gordos coloraos”, o un clásico: el gitano del órgano y el chimpún-chimpún-chimpún. Hay también muchas posibilidades de que tu vecino empiece una reforma, sobre todo si estás en época de exámenes.

• Encontrarte con tu ex el día que llevas el pelo sucio, te has puesto lo primero que has pillado en el armario y tienes un orzuelo en el ojo. Todo junto.

• Pintarte las uñas y que inmediatamente empiece a picarte la espalda, la nariz o un pie. La cuestión es que te pique, y mucho.

• Que te llamen al móvil para concertar una entrevista de trabajo (después de un año en el paro), cuando estás en la cola del supermercado, guardando las cosas en bolsas como una pirada porque la cajera está intentado batir su propio record personal contra el lector de códigos de barras.

• Ponerte máscara de pestañas y estornudar inmediatamente después.

Comprarte algo que aparentemente te queda muy bien en el probador de la tienda pero una vez en casa, cuando te lo intentas poner por primera vez, te das cuenta de que te sienta como el culo. Por supuesto no lo puedes devolver porque se ha pasado el plazo para hacerlo.

Olvidar algo terriblemente importante justo en el peor momento. El pasaporte cuando vas a Cuba, el DNI antes de entrar a un examen, las llaves de casa cuando bajas al perro a las doce de la noche. Dejarte el USB en casa cuando vas a sacar fotocopias es lo más habitual del mundo.

• Cambiarte de carril en un atasco para que inmediatamente después el carril en que el que estabas comience a moverse a una velocidad más que razonable.

• Preguntar a alguien por su mujer-novia y que te conteste: “me acabo de separar, tío”.

• Felicitar a una amiga a la que hace tiempo que no ves por su embarazo y que te diga: “muchas gracias pero no estoy embarazada, estoy gorda”.

• Estar criticando a tu jefe en medio de un corrillo de compañeros y que de repente se haga el silencio más absoluto. Sí, amigo. Es tu jefe.

Ligar justo el día que llevas las bragas sobaqueras de Bridget Jones o los calzoncillos de Spiderman.

• Ponerte a dieta y que justo en ese momento te empiecen a llover invitaciones a cenas, comidas y eventos gastronómicos en general.

Podría seguir hasta la eternidad porque son cosas que, como he dicho, nos pasan a todos constantemente. Así que no creo que descubra nada nuevo al contarlas. Lo que si que me gustaría sería saber cuáles de estas cosas u otras similares os suceden a vosotros.

Entendedlo, necesito saber que soy como los demás, una ovejita blanca.

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¡¡Estamos de fiesta!!

Últimamente ando tan despistada que la cosa está empezando a preocuparme. El mes pasado sin ir más lejos me dejé las llaves en casa dos veces, y ayer mismo puse la cafetera sin agua.

Que la primavera me sienta fatal es un hecho y he de asumirlo, pero que incluso se me haya olvidado el aniversario del blog ya clama al cielo.

Efectivamente, mi mente dispersa ha olvidado este dato como si no tuviera la más mínima importancia –a lo mejor es que no la tiene-, pero como todo el mundo dice que tener un blog activo más de un año es como tener abierto un negocio después de ese tiempo – casi un milagro-, he decidido hacer un poco de balance y contar algunas cosas sobre mí para que sepáis quién está detrás de Agua con limón.

cumpleaños

Imagen Vía Pinterest

Para empezar y hablando del blog, os daré algunos datos:

• La entrada más comentada ha sido y es sin duda Mujer sin hijos. Tanto que me estoy planteando hacer una ampliación del tema.

• La entrada más leída es curiosamente la última: ¿Por qué debes hacer caso a tu corazón si quieres cambiar de vida?

• La entrada que más me gusta es “10 cosas que no sabes sobre Cervantes”. No porque sea especialmente erudita sino porque creo que acerca mucho su figura a la persona que la lee.

• En este año el blog no se ha hecho mega famoso ni yo millonaria, pero es cierto que me ha dado muchas alegrías. La mención de Álvaro Morillo como uno de los 100 mejores blogs de desarrollo personal del 2015, ha sido una de ellas.

• Estoy planteándome hacer cambios a nivel estético pero he de pensarlo con calma. Creo que si no tienes un blog profesional al final el tipo de letra que usas no es tan importante. Así que ya veremos.

• El blog me ha permitido conocer a mucha gente y distintos puntos de vista lo cual me enriquece mucho y me anima a seguir adelante.

• Hay muchos días en los cuales la inspiración no llega y te sientas delante del ordenador con una angustia infinita. Hace unas semanas decidí que no iba a convertir escribir aquí en una obligación que me ahogue y desde entonces todo fluye mucho mejor.

• Al principio hubo momentos muy duros en los que apenas nadie me leía y muchas veces me pregunté si valía la pena seguir. Esta idea se borró de mi mente cuando decidí que mientras una sola persona me visite y se tome la molestia de leerme, yo seguiré aquí.

Y ahora hablando sobre mí os puedo contar que:

• Dedico la mayor parte de mi tiempo a estudiar. Este año terminaré por fin el Grado de Lengua y Literatura española que es el primer paso para conseguir mi sueño: ser profesora.

• Me encanta leer aunque últimamente estoy tan ocupada con mis estudios que me cuesta trabajo sacar tiempo y sobre todo concentrarme.

No como carne.

• Soy voluntaria y doy clases de apoyo escolar a niños de barrios marginales. Es una de las actividades que comencé hace unos meses y me encanta. Los niños me dan mucho más a mí que yo a ellos.

• Soy un pelín bipolar, así que mis estados de ánimo suelen ser un poco extremos, euforia o tristeza según el momento. Hasta hace unos años no me di cuenta de lo que me pasaba pero ahora que lo sé, procuro no sufrir y aceptar ambas emociones cuando llegan.

• Si volviera a nacer me gustaría ser actriz o cantante.

• Me encantan los animales, aunque los insectos me dan algo así como una mezcla entre miedo y asco.

• Me gustaría poder decir que soy súper organizada y que lo llevo todo al día pero por desgracia no es así. Tengo cierta tendencia a procrastinar y me cuesta muchísimo ponerme a hacer lo que tengo que hacer. Al final lo consigo, que conste.

• Tengo pocos amigos y muchos conocidos. Algunos llevan conmigo toda la vida y otros acaban de llegar. Unos están cerca y otros muy lejos. Si algo he aprendido en estos años es que tener amigos es fundamental para encontrarse bien.

• Me molesta mucho la mala educación y aunque no esté muy de moda, me parece que guardar las formas en nuestra relación con los demás es básico para una buena convivencia.

• Soy muy sentimental y lloro con casi todo. Las películas, los anuncios, las historias de la gente me hacen llorar con facilidad.

• Estoy convencida de que todos tenemos dentro infinitas posibilidades para desarrollarnos pero la mayoría  nos dejamos dominar por el miedo. Creo que con nuestra voluntad podemos mover montañas.

Para terminar, me gustaría deciros que lo más importante de este blog sois vosotros.

Las personas que lo visitáis, las que dejáis comentarios que son siempre tan enriquecedores, las que lo compartís en las redes sociales y las que habláis de él con vuestros amigos. Sois vosotros los que estáis detrás de este espacio que nació hace un año con tanta ilusión.

De todo corazón: ¡Gracias!

 

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¿Por qué debes hacer caso a tu corazón si quieres cambiar de vida?

Voy a contar una historia real y que me toca muy de cerca. Aunque no pondré nombres ni caras a sus protagonistas por razones obvias, lo que sí me gustaría es que os sirviera de estímulo para hacer de una vez eso que en el fondo de vuestro corazón sabéis que tenéis que hacer.

Para empezar diré que nadie cambia de vida de la noche a la mañana a no ser que esté lo suficientemente jodido como para hacerlo. Quiero decir que todos y cada uno de nosotros aguantamos situaciones que no nos hacen del todo felices pero en las cuales el nivel de sufrimiento es moderado.

De esta forma pasamos años marchitándonos en trabajos poco gratificantes o en relaciones que no nos llenan. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es un refrán muy español y muy ilustrativo en este sentido.

¿Hasta cuándo podemos seguir aguantando esta clase de situaciones? Pues normalmente hasta que el dolor se nos hace insoportable o, cosa curiosa, hasta que nuestro jefe o nuestra pareja nos dan la patada.

corazon

Digamos que después de aguantar un tiempo más o menos largo llega un determinado momento en el que ya no puedes más, un momento en el cual la situación se hace insostenible, ¿qué haces entonces?

Lo normal como ser vivo que eres es que busques tu propia supervivencia y hagas por fin aquello que tenías que haber hecho hace mucho tiempo.

Llegados a este punto es cuando retomamos el comienzo de esta entrada. ¿Sabes lo que sucede cuando por fin te pones las pilas y haces aquello que tu corazón te pedía hacía tanto tiempo?

Pues ocurre que a partir de ese momento todo se pone en marcha para que tu vida se transforme y seas por fin una persona feliz.

¿No te lo crees? Te pongo un ejemplo –la historia de la que te hablé al principio-.

Juan trabajó en una empresa en condiciones de semi esclavitud durante tres años. Durante ese tiempo pensó muchas veces en dejar su trabajo pero su mujer estaba en paro, había que pagar la hipoteca y nunca era un buen momento. La crisis golpeaba con fuerza y dejar un trabajo de forma voluntaria suponía algo así como estar loco. Llevaba muchos meses pensando en que no podía más, no dormía por las noches, no veía a su familia, empezaron a darle taquicardias, se le disparó el colesterol y lo peor de todo, se sentía como una mierda porque eso es lo que su jefe le decía que era todas las mañanas.

Un día, Juan decidió echar mano de su dignidad y plantó cara. En una empresa de más de cien empleados fue el primero en atreverse a denunciar, después de él lo hizo un compañero más, ninguno además de ellos, se atrevió a dar ese paso. La justicia obviamente les dio la razón, se les indemnizó justamente y firmaron su despido improcedente.

Continuemos con Juan.

Después del despido, Juan tuvo que oír como mucha gente le decía que en una ciudad pequeña nadie volvería a contratarle teniendo esos “antecedentes”, sus antiguos compañeros le paraban por la calle para pedirle consejo pero ninguno se atrevía nunca a dar el paso que él había dado.

El siguiente año y medio fue difícil, pero él no se rindió. Se puso a estudiar idiomas, se matriculó en la universidad y comenzó a hacer cursos de formación para reciclarse. Tardó un año en encontrar un trabajo de fin de semana, pero nunca perdió la esperanza.

Ayer me llamó para decirme que el lunes comienza a trabajar con un contrato en condiciones y haciendo aquello para lo que se ha formado estos meses. Lloré de emoción porque no sabéis hasta qué punto se merece tener por fin su recompensa a tanto esfuerzo.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

Para mí está muy claro: solo los que se atreven consiguen su objetivo. Solo los que pierden el miedo logran salir unas vidas que les ahogan. Eso sí, solo cuando la situación se hace insoportable nos atrevemos a dar el paso, antes no.

Los demás protagonistas de esta historia se encuentran en distintas situaciones: el compañero de Juan que también denunció, ha montado su propio negocio y ya lleva dos años siendo su propio jefe; el resto de compañeros de Juan continúan aguantando insultos y humillaciones por un sueldo que además les han bajado. Pero se quejan cuando se lo cruzan por la calle, eso sí.

¿Qué pretende transmitir mi historia?

Esperanza.

Y algo más, fuerza para todos aquellos que lo estáis pasando mal pero no sabéis cómo cambiar de vida. Haced caso a vuestro corazón, no tengáis miedo, no escuchéis a nadie que os quite las ganas de hacer lo que realmente queréis hacer y sobre todo, no perdáis más tiempo, la vida no espera a nadie.

Os lo aseguro.

Ahora como siempre os toca a vosotros, ¿hay alguien por ahí que quiera compartir con nosotros alguna historia inspiradora? Sois bienvenidos.

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10 cosicas que ya cansan, y mucho.

A ver, se supone que no hay que hacer entradas negativas y que hay que ser siempre correcto, educado y guay a la hora de escribir, pero la verdad es que yo paso.

A mí lo políticamente correcto me la bufa y además este es mi blog, por lo tanto escribo sobre/de lo que me apetece; entendiendo por supuesto que vosotros sois libres de leerme o no. Claro que sí.

Yendo al lío, es decir, a las cosas esas de las cuales estoy ya muy hasta el kiwi, voy a haceros una lista de esas que me gustan a mí tanto para que quede bien clarito a lo que me refiero.

Empezamos pues.

El buenrrollismo tipo “Mr.Wondeful”. Lo siento, no lo puedo soportar ni un minuto más. Reconozco que al principio tenía su punto pero ahora mismo es insoportable y, francamente, que una empresa monte un imperio de este estilo utilizando ese tipo de mensajes, muestra muy a las claras lo infantiloides que podemos llegar a ser.

Como alternativa a tanta tontería os recomiendo las “tazas existencialistas”, que te dicen claramente que eres tonto y que puedes comprar aquí. Si los mensajes te parecen demasiado hardcore mira el Facebook de Mr. Puterful, verás cómo te mola.

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Las fotos de señoras gorditas-curvies o cómo se llamen. A ver, que sí, que estas rebuena con tus kilos de más y que por supuesto que la talla de una persona no tiene importancia alguna pero…, si crees que no eres una talla, ¿por qué narices te pasas  la vida mostrando tu cuerpo semidesnudo indicando lo que pesas? Créeme, no nos importa y a ti debería importante menos todavía. Así que un poco de pudor y auto respeto. A no ser que seas modelo, exhibir el cuerpo es de muy mal gusto.

Las foticos de comida en Instagram. ¿Eres cocinero?, ¿tienes un restaurante o un blog de cocina? No, pues entonces qué te hace pensar que lo que desayunas/comes/meriendas o cenas nos interesa. Un poco de control por favor. La vida es aburrida (sí, la tuya también), un plato de tallarines carbonara no la hacen más interesante, te lo aseguro.

Las cadenas de wassap o Facebook. ¡Basta ya! Ya está bien amigos, la gente tiene cosas que hacer, de verdad, y estar todo el día copiapegando cosas en tu muro de Face es un coñazo para ti y para los que lo ven. Dejad de poner cadenas y dejad de seguir cadenas, el mundo lo agradecerá.

Los morritos en las fotos. Pensaba que esta moda había desaparecido pero últimamente veo que no es así. De hecho parece haber regresado con fuerza. En serio, no lo hagáis, controlad vuestros impulsos y la próxima vez que alguien os haga una foto, mantened la boquita con un gesto similar al de la Gioconda, elegante y misterioso a la vez. Os veréis mejor, os lo aseguro.

El síndrome Fotoprix. El síndrome “revele su rollo”, es un mal endémico que padecen muchas personas que pasan poco tiempo en contacto con otros seres humanos. Consiste básicamente en contestar a una pregunta de cortesía tipo: “¿qué tal, cómo estás?”, con algo de este estilo:

“Buff, fatal tío. Me acabo de separar, mi mujer se ha quedado con la casa, hace tres meses que me despidieron, vengo de hacerme una biopsia y mi madre murió el jueves”. 

¿En serio tienes que contar a alguien todo eso así, de golpe, a las nueve de la mañana? Ten un poco de consideración con los demás  y contesta con un escueto y educado: “bien, ¿y tú?”. Es mejor, te lo aseguro.

Las conversaciones de política-religión o dinero. Son de mala educación y solo pueden traer disgustos. Así que por tu propio bien, évitalas. Hay gente que se ofende cuando alguien llama “el coletas” a Pablo Iglesias, y como al final estos señores no nos dan de comer, lo más inteligente es no entrar en conflicto con personas que realmente sí nos importan. Hablar de dinero es gañanes y hacerlo sobre religión, sin tener la mayoría de las veces ni idea sobre lo que decimos, ya ni os cuento.

Las fotos de los-las vigoréxicos. En el otro extremo de la tendencia curvy está la moda de mostrar al mundo abdominales y piernacas a todas horas. Vamos a ver. Nos parece fantástico que viváis en el gimnasio, al fin y al cabo la luz y el agua la pagan ellos; pero esas fotos con la camiseta levantada en una mano y el móvil en la otra mientras miráis al espejo dan vergüenza y de la peor clase posible, ajena.

Las fotos de bebés. Son bonitas y alegres.

De vez en cuando.

Los bebés son monos (casi todos), pero con trece años ya no lo son tanto, y os aseguro que para entonces se os habrán quitado las ganas de hacerles fotos, de hecho lloraréis cuando  recordéis cómo eran de niños. Además, y para que quede claro, para el resto del planeta vuestros hijos no son los más guapos, lo siento, es así.

Y, por ultimo, y no por ello menos importante, expresiones como instagramer, follower, haters, timeline, blogging, personal trainer Llamadme integrista si queréis pero cada vez que las oigo me dan ganas de cruzarle la cara a alguien con el diccionario de español de la RAE. El petardeo me puede, lo siento.

Bueno, pues ahora que me he desahogado espero vuestros comentarios con los millones de cosas que estoy segura de que os tocan los pies a diario.

¡Enga, no os cortéis!

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Astenia primaveral

¿Habéis oído esta palabrita, supongo? Se pone muy de moda en cierta época del año, los medios la utilizan continuamente hasta que la sustituyen por otra que puede ser La feria de abril en abril, el fin de curso en junio o la ola de calor en julio.

Traducido a lenguaje de la calle sería algo así como: ¡no puedo con la vida!

Yo no sé si a vosotros os pasa o soy solo yo la que está agotada, cansada, extenuada y hasta las narices de todo en general.

Si soy solo yo a la que le ocurre esto, podéis darle a la crucecita que tenéis arriba a la derecha y seguir haciendo series de sentadillas hasta que perdáis el conocimiento. Me alegra saber que todavía queda por ahí gente activa e impetuosa.

Pero si alguno de vosotros se encuentra en esta situación de hastío vital, os recomiendo que os quedéis petardeando por aquí (total no vais a hacer nada de lo que tenéis pendiente para hoy).

Quería escribir una entrada útil y perfecta, una entrada que resuma en menos de mil palabras cómo salir de esta fase de cansancio infinito por la que algunos humanos imperfectos pasamos durante estos meses del año. Pero no tengo muy claro si lo voy a conseguir. Estoy agotada.

Hablando desde mi yoiedad (al fin y al cabo soy la persona con la que más tiempo paso), puedo decir que los síntomas de esta misteriosa enfermedad estacional, en mi caso, se manifiestan desde hace muchos años.

Cuando era una adolescente me salían unos granos horrorosos en las piernas que por la noche bajo las mantas, picaban como demonios. Hubo otro año en el que me desperté por lo menos dos veces con la cara como el mapamundi, llena de ronchas y con los ojos hinchados como un sapo. Un auténtico monstruo.

Después la cosa se transformó en una especie de alergia en general a todo y en particular a nada. Sí, me he hecho las pruebas. No, no tengo alergia. Pero me gustaría que me vierais ahora mismo, las diez de la mañana y un paquete de pañuelos gastados ya.

Y por supuesto y por encima de todos los demás, el síntoma definitivo: la sensación de ascazo vital constante y un cansancio semejante al que sentí cuando volví de viaje de estudios de en octavo de EGB; con la diferencia importante de que ese se me pasó durmiendo 16 horas seguidas, y este de ahora me está vacilando mucho.

Como no me gusta demasiado ser catastrofista, y además después de tantos años podríamos decir que tengo callo en este asunto; he decidido hacer una serie de cosas (lo decidí ayer, concretamente), que espero me sirvan a mí, y también a vosotros para superar el bachecillo-socavón estacional.

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Allá vamos.

Consejillos simples para superar la astenia primaveral:

• Vístete con colores claros. Destierra el negro de tu armario. Quizás hayas oído que el negro es elegante, no es cierto: pareces un enterrador. Usa colores alegres y te alegrarás, te lo aseguro.

•Aprovecha para ordenar un poco tu casa. Ya sé que no tienes ganas y que estás cansado, ¿hablamos de astenia, te acuerdas? Pues precisamente por eso. Aunque te cueste horrores, saca tiempo para limpiar, ordenar y sobre todo tirar todas las cosas inservibles que acumulas. Te sentirás mejor y tendrás la sensación de que entras en una época nueva.

Pasa por chapa y pintura. Es decir, arréglate esas cejas, fuera pelos en las piernas, pasa por la peluquería y actualiza un poco tu corte de pelo. Verte guapo/a te hará sentir mejor.

•Mueve el culo. Ya sabemos que estás hecho un auténtico gandul y que tienes que pedir permiso a una pierna para mover la otra. Lo sabemos y nos da igual. Ponte un calzado cómodo y camina. Si es al sol, mejor que mejor. Te recargarás de vitaminas y saldrás de la cueva en la que estás hibernando.

• Por una vez en tu vida sal de tu zona de confort y apúntate a clase de cuencos tibetanos o de kizomba, o de pesca con mosca. Lo que sea que te haga cambiar un poco tus rutinas y conocer a gente con tus mismos intereses.

• Para terminar, lo más importante. Tranquilo, todo esto pasará. Antes o después regresarán las ganas de vivir y volverás a sentir algún interés por algo que no sea el mando de la tele y el bote de Nutella. Todo pasa, te lo aseguro. De aquí a un par de semanas estás dándolo todo en el gimnasio preparándote para la operación bikini. Ya lo verás.

Y vosotros qué, ¿estáis hechos unos perracos estos días?, ¿cómo superáis la dichosa astenia?

Espero vuestros sabios consejos.

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Una nota olvidada en un libro

Hoy he encontrado una nota olvidada en un libro. Una nota de alguien que me quiere y se preocupa por mí. Un papelito pequeño que demuestra que el amor está hecho de pequeños detalles y de gestos sencillos.

Todo aquel que esté manteniendo una relación de pareja por la cual ha pasado el tiempo, seguro que entiende a qué me refiero.

Con el amor ocurre algo muy paradójico en nuestra época: por un lado se exalta constantemente el sentimiento amoroso en películas, libros y cine; y por otro, el numero de parejas separadas aumenta sin cesar año tras año.

Algo hacemos mal, está claro. Se ha hablado mucho de la incorporación al mundo laboral de la mujer como causa que justifica sin más este hecho, pero yo creo que aunque importante, no es el factor decisivo.

A mí me parece que en general estamos muy mal educados emocionalmente. Nadie nos ha contado nada que no sean clichés acerca del amor, y así, solemos llamar amor a cosas que en realidad son dependencia, costumbre, conveniencia o celos. El resultado de esta desinformación ya sabemos el qué es.

A mí nadie me explicó nunca que la convivencia es difícil, y que a lo largo de una vida vamos a atravesar distintas etapas. Que habrá épocas de bonanza y otras muy chungas; que a veces te enfermas, que los padres se hacen mayores y hay que cuidarlos. Que a veces ni tú mismo sabes dónde vas, que estás perdido y tienes a tu lado a otro ser humano que quizás se encuentra tan perdido como tú.

Nadie me dijo nada de esto, a mí solo me dijeron que “fueron felices y comieron perdices”, nada más.

Yo creo que sería más sensato decir que fueron imperfectos, que fueron humanos, que se amaron y se gritaron mucho y que a veces sin querer, se hicieron daño.

paul

En cualquier caso, y si alguien me preguntara si merece la pena, yo siempre diría que sí. Por cosas como estas, merece la pena:

• Por encontrar una nota olvidada en un libro.

• Por tener los pies calentitos en invierno.

• Por desayunar tranquilos los domingos.

• Por pasear por el monte haciendo planes para el futuro.

• Por reír con las bromas privadas.

• Por los viajes y las anécdotas compartidas.

• Por ese zumo de naranja que te llevan a la cama cuando estas enfermo.

• Por soñar con el porvenir.

• Por los abrazos y los besos inesperados.

Por todas las cosas pequeñas, simples y sencillas, que crean un código propio alrededor de una pareja y que dan forma a un mundo privado hecho de muchos momentos compartidos.

El amor va cambiando a lo largo del tiempo, eso nadie te lo avisa pero es así. Yo creo que es precisamente cuando el tiempo ha pasado cuando realmente nace al amor profundo en la pareja, o quizás no, a lo mejor entonces es cuando sus miembros deciden poner punto y final a su historia.

Sea cómo sea el final de la película, y salvo en casos muy puntuales, siempre hemos de pensar que mereció la pena. Al fin y al cabo las cosas no siempre fueron malas y seguro que alguna vez de todo el tiempo que pasasteis juntos hubo momentos felices. Claro que sí.

Imagen Via Pinterest: Paul Newman y Joane Woodward compartiendo un momento sencillo.

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20 razones para no colgarse de un pino

Seguro que a lo largo de tu vida has sufrido alguna época especialmente chunga, alguno de esos momentos en los que se pierden las ganas de vivir y la que todo se veo negro azabache.

No sé cómo gestionarías esos momentos pasados, pero a partir de ahora, cuando te sientas realmente jodido, recuerda alguna de estas razones para no acabar al final de una cuerda.

1) Esta película:

levos

El Nota es un héroe, es mi ídolo total y John Goodman se sale, simplemente. Por cierto, ya no es un gordito feliz, lo digo más que nada por si lo encontráis por la calle y no lo reconocéis.

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Razones para decir “basta”

En general, todos solemos aguantar bastante más de lo necesario. Quiero decir con esto que, nuestra educación, nuestra cultura o las convenciones sociales; nos llevan a permitir situaciones o actitudes de otros que muestran su desconsideración hacia nosotros.

Pues bien, yo, como todos, he soportado este tipo de situaciones hasta hace muy poco tiempo, pero hace unos meses me rebelé y pensé –¡Hasta aquí hemos llegado!-, y ahí sigo.

Si en algún momento de tu vida te has encontrado en alguna de las situaciones siguientes, ha llegado el momento de decir “¡Basta!” y comenzar a recorrer la senda del auto respeto. El que los demás no te respeten es su problema, el que tú lo consientas es el tuyo.

Te propongo algunas situaciones típicas que estás consintiendo y que debes detener pero ya, mejor hoy que mañana:

basta

• En pareja. Una pareja humana no es más que una asociación de dos organismos vivos en la que ambas partes salen beneficiadas.

Obviamente el amor y el respeto hacia el otro son fundamentales. Si tu pareja te ningunea sistemáticamente, coarta tu libertad de expresión o movimientos, te castiga con sus silencios, critica tu forma de vestir, a tus amigas, a tu familia… No te respeta y lo que es peor, no te quiere.

Eso es genial y está en su perfecto derecho a hacerlo (no olvides que es “su” problema), pero tú, ¿qué haces soportando esa situación? Hay cosas que se pueden resolver hablando, evidentemente, pero cuando las relaciones se vuelven así de feas lo mejor es ponerles punto final. Y cuanto antes, mejor.

• En el trabajo. Quizás tengas un jefe guay. Me alegro. Si no es así, si tu jefe disfruta humillándote, si acostumbra a mandarte tareas justo al final de la jornada, a llamarte en horas que no son de trabajo, si te paga una mierda o te dice habitualmente: “si no te interesa, ahí tienes la puerta”; no hace falta que te diga que no te respeta.

Evidentemente si has llegado a esa situación es porque tú mismo lo has consentido. El miedo, qué digo miedo, el terror a quedarte sin trabajo, ha hecho que te conviertas en una marioneta. Tu jefe lo sabe, lo huele y claro, se aprovecha todo lo que puede.

Y tú, ¿qué vas a hacer?, ¿aguantar hasta los 65? No sé, a mí me parece que vales para más que eso. Planta cara cuando tengas que hacerlo, no hace falta que seas desagradable pero sí firme. Si empiezas a hacerlo verás como lo descolocas y a lo mejor consigues ganarte su respeto. Si no, como mínimo comenzarás a generar la suficiente confianza en ti mismo como para cambiar de escenario.

• Con los amigos. Seguro que tienes algún amigo que te hace el vacío, que te llama solo cuando le interesa, que desaparece durante meses para reaparecer cuando le viene bien. Un amigo que te pide favores, que se aprovecha de tu hospitalidad y de tu cariño, que critica lo que haces o que te quita tus ilusiones de forma sistemática.

¿Quieres saber un secreto? Alguien así no te quiere, no es tu amigo. Y como en las situaciones anteriores, es genial. Es su elección. Pero tú no tienes que aguantar eso.

Elige estar con personas que te eligen a ti, personas que agradecen tu compañía, que comparten tus risas y tus lágrimas y que no te juzgan. No mendigues cariño.

Si estás viviendo una situación así ya sabes lo que has de hacer, apartarte de su camino lo antes posible. Abre la puerta a la amistad de otras personas, hay gente estupenda deseando conocerte y reír contigo, ¿a qué estás esperando?

• En el supermercado, la tienda, el médico, el ayuntamiento y demás. Me juego un dedo a que en alguna ocasión te has llevado un exabrupto en cualquiera de estos lugares. Seguro que más de una vez has recibido una contestación grosera y fuera de lugar.

Tranquilo, es lo normal en un mundo en que la mayoría de la gente detesta lo que hace. No pasa nada, ese es su problema.

Pero no el tuyo.

En España es muy normal que nos quejemos de este tipo de cosas en “petit comité”, pero que no hagamos nada más.

La próxima vez que te ocurra algo así, prueba esto: hazle saber al impertinente que tú eres el cliente, tanto del servicio público como el privado, y que, los malos modos los reserve para su esfera privada. Si la situación ha sido especialmente grave, plantea una queja por escrito. La mayoría de las veces no nos quejamos por pura pereza o simplemente porque somos unos padefos (paso de follones), esa actitud demuestra que consideras que los demás tienen más autoridad que tú. Tú mismo.

• En familia. La familia es estupenda, todo lo sabemos. Pero, la familia puede ser también terriblemente castradora.

Aquí el problema no es la falta de cariño, tu familia te quiere. Lo que ocurre es que a veces el amor puede ser una losa muy pesada. Si tu gente cuestiona todo lo que haces, intenta frenar tu carrera profesional por miedo a que te vayas lejos, desaprueba todas las parejas que has tenido, te obliga a acudir a celebraciones que no te apetecen lo más mínimo, ya sabes: cambia el disco.

De tu familia no te puedes separar pero si puedes desligarte un poco de ellos. Padres y madres controladores, hermanos que se meten donde nadie les llama y familiares políticos que no te caen ni medio bien; pueden hacerte la vida muy difícil.

Habla con quien corresponda si estás en alguna de estas situaciones, deja claro que eres un adulto y que, las decisiones que atañen a tu vida, aunque te equivoques; la tomas tú. Verás como poco a poco se les van quitando las ganas de organizar tus asuntos.

Para terminar y resumiendo, respeta-té, quiere-té, valora-té.

Aprende a decir “basta” y te sentirás mucho mejor, te lo aseguro.

¿Has dicho “basta” en alguna ocasión’, ¿nos lo cuentas?

(La genial imagen de Quino y su hermosa Mafalda, se han obtenido Vía Pinterest).

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