GENTE QUE BRILLA

Acabo de ver el discurso de Eduardo Mendoza tras recibir el Premio Cervantes y me he quedado maravillada. ¡Cuánta sabiduría y sobre todo cuánta humildad condensadas en 22 minutos!

Me he acordado de los buenos ratos que he pasado en mi vida leyendo alguno de sus libros, me he acordado de Cervantes y no sé muy bien por qué, me he acordado de todas las personas brillantes y talentosas que me rodean.

Desde niña he admirado profundamente a todas aquellas personas que tienen luz propia, a esa gente que hace del mundo un lugar mejor cada día y que, con su inteligencia y su bondad, iluminan todo lo que tocan. Ese sentimiento de admiración supongo que habrá tenido mucho que ver en cómo son mis círculos íntimos ahora.

Os pongo un poco en situación.

Aunque, por una cuestión de educación y de carácter soy alguien que habla hasta con las piedras, en mi corazón solo habitan de verdad personas maravillosas.

Tengo una amiga que es la mejor cocinera del mundo, si pusiera un restaurante le darían dos estrellas Michelín antes de abrir la persiana, ella quizás no lo sabe pero cada vez que se pone delante de los fogones, su amor por lo que hace impregna la comida y llena el corazón de sus invitados.

Tengo otra amiga que es una maestra espiritual, siempre sabe cuál es el mantra que necesitas, la respiración que tienes que utilizar en cada momento para limpiar tu energía, es valiente, humilde y poderosa. Comparte su sabiduría con todos y ayuda a que los demás encuentren su camino en esta vida.

Otra de mis amigas es capaz de hacer magia con su cámara de fotos, ha sabido transformar la oscuridad en luz y llegar a miles de personas con su carisma y su arte. Vende sueños, vende alegría, crea espacios únicos llenos de buen gusto y elegancia. Su sola presencia llena una habitación, es tan absolutamente hermosa que no parece un ser de este mundo.

Tengo amigas profesoras, amigas que enseñan Arte y Literatura, enamoradas de su profesión y dispuestas siempre a ayudar a sus alumnos. No son solo profes, son educadoras, son la guía que muchos adolescentes necesitan en el momento de sus vidas en el que se encuentran más perdidos.

Tengo amigas ingenieras, abogadas; amigas que se sientan a mi lado cada día para estudiar en la biblioteca porque han decidido que quieren cambiar sus vidas y se esfuerzan como titanes para conseguirlo. Son también madres y esposas pero no han perdido su esencia en ningún momento y están dispuestas a lograr todo lo que se proponen.

Brillante:

 

También hay amigos, claro. No solo las mujeres somos brillantes. Amigos que han sido el número dos en su oposición y no le dan la menor importancia, amigos que escriben poesía mientras se dedican a otros menesteres para ganarse la vida, amigos que estudian conmigo y se esfuerzan porque quieren un porvenir mejor para sus familias.

Tengo amigos que dedican su tiempo libre a ayudar a los demás de forma altruista, amigos que imparten cursos que ayudan a que otras personas crezcan, amigos que hacen teatro o cine y dejan que su talento se exponga ante el resto del mundo.

Podría seguir pero creo que es suficiente.

Estoy segura de que tú también eres alguien extraordinario, aunque no lo sepas. Si quieres que tu luz empiece a brillar será necesario que hagas algunos ajustes previos en tu vida de hoy (si no los has hecho ya).

• Elimina de tu vida a cualquier persona que no te aporte nada. Especialmente a aquellas que envidian a los demás. No hay nada peor que alguien envidioso, la envidia es un síntoma de debilidad extrema y te aseguro que nunca podrás crecer al lado de alguien así.

• Saca de tu camino a todo aquel que se pase el día quejándose de todo y de todos. Estar al lado de alguien que se mueve en ese nivel de negatividad no te traerá nada bueno. Recuerda que tú tienes luz, no dejes que te la apaguen.

• No escuches a nadie que critique a los demás. Cuando no estés lo hará contigo. Nada bueno te puede aportar una persona que usa su lengua para escupir sapos y culebras. El mundo es muy chulo y está lleno de gente estupenda, no pierdas tu tiempo escuchando la negrura.

Sobre todo y, básicamente, piensa en quién eres, qué quieres y hasta dónde quieres llegar. Piensa en todos tus talentos, analiza qué puedes aportar a este mundo y deja que tu luz brille fuerte allá por dónde camines.

Imagen Vía Pinterest

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Me encanta ser imperfecta

Me gusta mucho ser imperfecta porque implica que soy real.

A menudo veo a mujeres tan monas, tan arregladas, tan listas y tan todo que me siento un poco abrumada. Solo un poco, la verdad. Enseguida me paro a pensar en esas vidas tan de película y me doy cuenta de que seguramente todas ellas serán más o menos como yo.

Frida Kahlo. Self Portrait. 1926. (Again... this work of Frida, reminds me of Modigliani) LOVE IT.:

Como yo que a veces llevo unas raíces que parecen una autovía hacia el desastre, como yo que en muchas ocasiones me pongo unas medias transparentes y las tengo que cambiar por otras tupidas para ocultar los pelos de las piernas.

Como yo que siempre olvido cuando voy a empezar con la regla y ando loca pidiendo un tampón a mis compañeras de clase. Como yo que a veces me como medio paquete de galletas María con Nocilla y luego ceno una ensalada para compensar.

Como yo que me apunto al gimnasio y antes de un mes ya estoy aburrida, como yo que a veces lloro o me enfado sin motivo. Como yo que la mayor parte de las noches olvido desmaquillarme (eso si me he maquillado, que esa es otra). Como yo que no sé coser, que odio planchar y que detesto todo lo que tenga que ver con las “labores del hogar”.

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Cumpliendo tus sueños

He hablado muchas veces en mis entradas de la importancia que tiene el hecho de tener sueños, proyectos de vida que vayan más allá de pagar la hipoteca e ir al centro comercial los domingos por la tarde.

Entiendo que haya mucha gente que se conforme con eso porque es para eso para lo que nos han educado desde bien pequeñitos, pero yo me identifico más con otro tipo de personas. Con aquellas que tienen ilusión y que luchan por tener una vida feliz.

Ser felices no es solamente una obligación que todos tenemos sino también nuestra responsabilidad. ¿Estarías dispuesto a dejar tu felicidad en manos de otra persona? Te aseguro que no deberías hacerlo. A nadie le importa más su propia vida que a ti mismo.

Voy a creer que eres de ese tipo de personas que no están dispuestas a vivir formando parte del rebaño y que eres capaz de pensar fuera de la caja. Voy a dar por sentado también que tienes un sueño y que realmente deseas realizarlo.

¿Por dónde empiezo?, te preguntarás.

Voy a darte una serie de ideas para que muevas el culo desde hoy mismo y empieces a trabajar en tu felicidad futura sin poner más excusas.

suenos

Imagen Vía Pinterest

Comenzamos:

• Anota cuidadosamente en una libreta qué es exactamente lo que quieres conseguir o cuál es esa parte de tu vida que te está rechinando y que sabes en lo más profundo de tu corazón que debes cambiar.

• Escribe una lista con los pros y los contras de la decisión que vas a tomar y léelos con mucha atención. Revisa los aspectos negativos y pregúntate si la mayoría de ellos no están dictados por el miedo o la comodidad.

• Una vez tengas claro lo que vas a hacer, empieza. Pero empieza de verdad. Es decir, no digas que vas a hacer, ponte a trabajar en tu proyecto desde el minuto uno. Infórmate de lo que necesitas, pide asesoría profesional si se trata de gestiones para las cuales no estás capacitado y comienza a realizar todos los trámites que sean necesarios para que la rueda empiece a girar.

• No des excesivas explicaciones ni pidas consejo ajeno. Cada persona te aconsejará según su propia forma de ver la vida: el pesimista te llenará de temores y el optimista te hará creer que todo es coser y cantar. Recuerda que es TU vida.

• Ten mucha ilusión pero sé siempre realista. Las cosas cuestan, y sobre todo los comienzos son difíciles, pero si pones tu corazón en lo que haces ya tienes la mitad del camino ganado.

• Cuando la situación se ponga chunga recuerda siempre por qué empezaste y cuánto camino has recorrido. Eso te dará la fuerza necesaria para seguir.

• Ten claro que no existen momentos perfectos para nada. Si esperas a que este llegue, nunca cambiarás de trabajo, tendrás un hijo, montarás tu propio negocio o comenzarás unos nuevos estudios. El momento idóneo es aquel en el que tomaste la decisión de cambiar, no hay otro.

Resumiendo, hay dos tipos de personas: las que hacen cosas y las que dicen que van a hacer cosas. Te aseguro que si eres de las primeras tendrás una vida plena y feliz.

Recuerda que el capitán del barco eres tú.

Esta entrada la escribe alguien que dejó su trabajo a los 43 para terminar sus estudios. Hoy puedo decir que lo he logrado y que voy a dedicar el resto de mi vida a hacer lo que me gusta. Si yo he podido, tú también podrás.

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Mujeres y viceversa

Conversación en la peluquería en la que se habla un poco de todo y un mucho de nada. En un momento dado una clienta comienza a hablar de los malos tratos y la conversación se anima para terminar, un rato más tarde, con el comentario de otra clienta que afirma que las mujeres somos más “retorcidas” y los hombres son más nobles.

¿Os suena?

Comida con una amiga. Le pregunto por el trabajo y me cuenta que una “compañera” ha difundido el “rumor” de que se está acostando con el jefe.

¿Os suena?

Paseo por la playa, una mujer comenta sobre otra: ¿se verá guapa con ese biquini?, ¿es que no tiene un espejo en su casa?

¿Os suena?

Reunión de amigas. Dos están a dieta, una se ha apuntado al gimnasio, otra tiene que irse pronto porque tiene cita con la esteticién.

¿Os suena?

Una mujer frente al televisor comenta que Susana Díaz se ha quedado muy bien después del parto, sin embargo Soraya Sáenz de Santamaría tiene cara de cerdita.

¿Os suena?

Claro que os suena, os suena mucho y si sois mujeres no solamente os suena sino que a veces vosotras mismas hacéis este tipo de comentarios sin ni siquiera daros cuenta de su contenido profundamente sexista y vejatorio para vuestra condición femenina.

niña

Imagen Vía Pinterest

Empezando por el principio, hay que tener claro que el lenguaje es un arma muy poderosa, cómo hablamos dice mucho de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos así que cuando se usan adjetivos como “retorcidas”, “malas”, “listas” frente a “nobles”, “buenos” o “simples”, estamos adjudicando al hecho genético de ser mujer una serie de cualidades que tienen, por así decirlo, un reverso oscuro. Más aún si lo contraponemos a cualidades masculinas. Así que, si eres una mujer te recomiendo que revises tu lenguaje y que intentes reflexionar sobre el hecho de otorgar a otras mujeres estos rasgos que son en el fondo y en la forma, negativos.

Por otro lado, ¿de verdad que lo mejor que una compañera de trabajo puede decir de otra es que se está acostando con el jefe?

Parece un poco triste a estas alturas de la historia que hacer este tipo de comentarios que tienen que ver con la sexualidad y la vida privada de los demás, sea el arma que se utilice contra alguien. Las personas trabajadoras y competentes, obviamente hombres y mujeres, evolucionan y progresan en su trabajo; hablar en estos términos retrata muy bien a quien lo hace. Si eres mujer olvídate desde hoy mismo de hablar de esta forma, te pone en evidencia y es una agresión verbal contra otra mujer.

Dejar de hacer comentarios sobre el físico de otras mujeres es básico. Deja de juzgar a las demás. Cada una viste como quiere, enseña lo que quiere y tiene el cuerpo que tiene. Deja de compararte con las otras, deja de criticar los cuerpos, maquillajes o pesos ajenos. No es de tu incumbencia y solo refleja algo muy claramente: odias tu cuerpo, no te gusta. Peor todavía, te identificas con él y crees erróneamente que tú eres tu cuerpo. No te confundas. Tú no eres eso, las demás mujeres tampoco.

Si quieres hacer ejercicio, comer sano o ir a la esteticién, que sea por salud, no por estética. Comprendo que es difícil, entiendo que hay toda una industria detrás que gasta millones y millones de euros en convencerte de que no estás bien cómo estás.

Tienes que estar más delgada, las arrugas son antinaturales, la regla es algo sucio, el vello corporal ni te cuento… Y así hasta el infinito. Si te has dejado comer el coco por todo esto, lo siento por ti, haz con tu vida lo que quieras, pero deja de juzgar a las demás mujeres. No eres quién para hacerlo. Dedícate a castigar tu cuerpo con dietas y depilaciones láser, y deja que las demás hagan lo que quieran.

Por último, si quieres crecer como mujer y como persona rodéate de mujeres sabias, que hay muchas; mujeres con sus cabezas bien amuebladas, profesionales, inteligentes y cultas; mujeres con las que puedas hablar de todo sin criticar a otras mujeres y si alguna vez se equivocan y hacen un comentario sexista, házselo ver de forma amable. Piensa que tú también has actuado así durante mucho tiempo.

Esta sociedad no va a cambiar si no la cambiamos nosotras así que ya sabes: ¿qué mundo quieres que hereden las generaciones futuras?

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¿Por qué debes hacer caso a tu corazón si quieres cambiar de vida?

Voy a contar una historia real y que me toca muy de cerca. Aunque no pondré nombres ni caras a sus protagonistas por razones obvias, lo que sí me gustaría es que os sirviera de estímulo para hacer de una vez eso que en el fondo de vuestro corazón sabéis que tenéis que hacer.

Para empezar diré que nadie cambia de vida de la noche a la mañana a no ser que esté lo suficientemente jodido como para hacerlo. Quiero decir que todos y cada uno de nosotros aguantamos situaciones que no nos hacen del todo felices pero en las cuales el nivel de sufrimiento es moderado.

De esta forma pasamos años marchitándonos en trabajos poco gratificantes o en relaciones que no nos llenan. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es un refrán muy español y muy ilustrativo en este sentido.

¿Hasta cuándo podemos seguir aguantando esta clase de situaciones? Pues normalmente hasta que el dolor se nos hace insoportable o, cosa curiosa, hasta que nuestro jefe o nuestra pareja nos dan la patada.

corazon

Digamos que después de aguantar un tiempo más o menos largo llega un determinado momento en el que ya no puedes más, un momento en el cual la situación se hace insostenible, ¿qué haces entonces?

Lo normal como ser vivo que eres es que busques tu propia supervivencia y hagas por fin aquello que tenías que haber hecho hace mucho tiempo.

Llegados a este punto es cuando retomamos el comienzo de esta entrada. ¿Sabes lo que sucede cuando por fin te pones las pilas y haces aquello que tu corazón te pedía hacía tanto tiempo?

Pues ocurre que a partir de ese momento todo se pone en marcha para que tu vida se transforme y seas por fin una persona feliz.

¿No te lo crees? Te pongo un ejemplo –la historia de la que te hablé al principio-.

Juan trabajó en una empresa en condiciones de semi esclavitud durante tres años. Durante ese tiempo pensó muchas veces en dejar su trabajo pero su mujer estaba en paro, había que pagar la hipoteca y nunca era un buen momento. La crisis golpeaba con fuerza y dejar un trabajo de forma voluntaria suponía algo así como estar loco. Llevaba muchos meses pensando en que no podía más, no dormía por las noches, no veía a su familia, empezaron a darle taquicardias, se le disparó el colesterol y lo peor de todo, se sentía como una mierda porque eso es lo que su jefe le decía que era todas las mañanas.

Un día, Juan decidió echar mano de su dignidad y plantó cara. En una empresa de más de cien empleados fue el primero en atreverse a denunciar, después de él lo hizo un compañero más, ninguno además de ellos, se atrevió a dar ese paso. La justicia obviamente les dio la razón, se les indemnizó justamente y firmaron su despido improcedente.

Continuemos con Juan.

Después del despido, Juan tuvo que oír como mucha gente le decía que en una ciudad pequeña nadie volvería a contratarle teniendo esos “antecedentes”, sus antiguos compañeros le paraban por la calle para pedirle consejo pero ninguno se atrevía nunca a dar el paso que él había dado.

El siguiente año y medio fue difícil, pero él no se rindió. Se puso a estudiar idiomas, se matriculó en la universidad y comenzó a hacer cursos de formación para reciclarse. Tardó un año en encontrar un trabajo de fin de semana, pero nunca perdió la esperanza.

Ayer me llamó para decirme que el lunes comienza a trabajar con un contrato en condiciones y haciendo aquello para lo que se ha formado estos meses. Lloré de emoción porque no sabéis hasta qué punto se merece tener por fin su recompensa a tanto esfuerzo.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

Para mí está muy claro: solo los que se atreven consiguen su objetivo. Solo los que pierden el miedo logran salir unas vidas que les ahogan. Eso sí, solo cuando la situación se hace insoportable nos atrevemos a dar el paso, antes no.

Los demás protagonistas de esta historia se encuentran en distintas situaciones: el compañero de Juan que también denunció, ha montado su propio negocio y ya lleva dos años siendo su propio jefe; el resto de compañeros de Juan continúan aguantando insultos y humillaciones por un sueldo que además les han bajado. Pero se quejan cuando se lo cruzan por la calle, eso sí.

¿Qué pretende transmitir mi historia?

Esperanza.

Y algo más, fuerza para todos aquellos que lo estáis pasando mal pero no sabéis cómo cambiar de vida. Haced caso a vuestro corazón, no tengáis miedo, no escuchéis a nadie que os quite las ganas de hacer lo que realmente queréis hacer y sobre todo, no perdáis más tiempo, la vida no espera a nadie.

Os lo aseguro.

Ahora como siempre os toca a vosotros, ¿hay alguien por ahí que quiera compartir con nosotros alguna historia inspiradora? Sois bienvenidos.

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10 cosicas que ya cansan, y mucho.

A ver, se supone que no hay que hacer entradas negativas y que hay que ser siempre correcto, educado y guay a la hora de escribir, pero la verdad es que yo paso.

A mí lo políticamente correcto me la bufa y además este es mi blog, por lo tanto escribo sobre/de lo que me apetece; entendiendo por supuesto que vosotros sois libres de leerme o no. Claro que sí.

Yendo al lío, es decir, a las cosas esas de las cuales estoy ya muy hasta el kiwi, voy a haceros una lista de esas que me gustan a mí tanto para que quede bien clarito a lo que me refiero.

Empezamos pues.

El buenrrollismo tipo “Mr.Wondeful”. Lo siento, no lo puedo soportar ni un minuto más. Reconozco que al principio tenía su punto pero ahora mismo es insoportable y, francamente, que una empresa monte un imperio de este estilo utilizando ese tipo de mensajes, muestra muy a las claras lo infantiloides que podemos llegar a ser.

Como alternativa a tanta tontería os recomiendo las “tazas existencialistas”, que te dicen claramente que eres tonto y que puedes comprar aquí. Si los mensajes te parecen demasiado hardcore mira el Facebook de Mr. Puterful, verás cómo te mola.

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Las fotos de señoras gorditas-curvies o cómo se llamen. A ver, que sí, que estas rebuena con tus kilos de más y que por supuesto que la talla de una persona no tiene importancia alguna pero…, si crees que no eres una talla, ¿por qué narices te pasas  la vida mostrando tu cuerpo semidesnudo indicando lo que pesas? Créeme, no nos importa y a ti debería importante menos todavía. Así que un poco de pudor y auto respeto. A no ser que seas modelo, exhibir el cuerpo es de muy mal gusto.

Las foticos de comida en Instagram. ¿Eres cocinero?, ¿tienes un restaurante o un blog de cocina? No, pues entonces qué te hace pensar que lo que desayunas/comes/meriendas o cenas nos interesa. Un poco de control por favor. La vida es aburrida (sí, la tuya también), un plato de tallarines carbonara no la hacen más interesante, te lo aseguro.

Las cadenas de wassap o Facebook. ¡Basta ya! Ya está bien amigos, la gente tiene cosas que hacer, de verdad, y estar todo el día copiapegando cosas en tu muro de Face es un coñazo para ti y para los que lo ven. Dejad de poner cadenas y dejad de seguir cadenas, el mundo lo agradecerá.

Los morritos en las fotos. Pensaba que esta moda había desaparecido pero últimamente veo que no es así. De hecho parece haber regresado con fuerza. En serio, no lo hagáis, controlad vuestros impulsos y la próxima vez que alguien os haga una foto, mantened la boquita con un gesto similar al de la Gioconda, elegante y misterioso a la vez. Os veréis mejor, os lo aseguro.

El síndrome Fotoprix. El síndrome “revele su rollo”, es un mal endémico que padecen muchas personas que pasan poco tiempo en contacto con otros seres humanos. Consiste básicamente en contestar a una pregunta de cortesía tipo: “¿qué tal, cómo estás?”, con algo de este estilo:

“Buff, fatal tío. Me acabo de separar, mi mujer se ha quedado con la casa, hace tres meses que me despidieron, vengo de hacerme una biopsia y mi madre murió el jueves”. 

¿En serio tienes que contar a alguien todo eso así, de golpe, a las nueve de la mañana? Ten un poco de consideración con los demás  y contesta con un escueto y educado: “bien, ¿y tú?”. Es mejor, te lo aseguro.

Las conversaciones de política-religión o dinero. Son de mala educación y solo pueden traer disgustos. Así que por tu propio bien, évitalas. Hay gente que se ofende cuando alguien llama “el coletas” a Pablo Iglesias, y como al final estos señores no nos dan de comer, lo más inteligente es no entrar en conflicto con personas que realmente sí nos importan. Hablar de dinero es gañanes y hacerlo sobre religión, sin tener la mayoría de las veces ni idea sobre lo que decimos, ya ni os cuento.

Las fotos de los-las vigoréxicos. En el otro extremo de la tendencia curvy está la moda de mostrar al mundo abdominales y piernacas a todas horas. Vamos a ver. Nos parece fantástico que viváis en el gimnasio, al fin y al cabo la luz y el agua la pagan ellos; pero esas fotos con la camiseta levantada en una mano y el móvil en la otra mientras miráis al espejo dan vergüenza y de la peor clase posible, ajena.

Las fotos de bebés. Son bonitas y alegres.

De vez en cuando.

Los bebés son monos (casi todos), pero con trece años ya no lo son tanto, y os aseguro que para entonces se os habrán quitado las ganas de hacerles fotos, de hecho lloraréis cuando  recordéis cómo eran de niños. Además, y para que quede claro, para el resto del planeta vuestros hijos no son los más guapos, lo siento, es así.

Y, por ultimo, y no por ello menos importante, expresiones como instagramer, follower, haters, timeline, blogging, personal trainer Llamadme integrista si queréis pero cada vez que las oigo me dan ganas de cruzarle la cara a alguien con el diccionario de español de la RAE. El petardeo me puede, lo siento.

Bueno, pues ahora que me he desahogado espero vuestros comentarios con los millones de cosas que estoy segura de que os tocan los pies a diario.

¡Enga, no os cortéis!

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Razones para decir “basta”

En general, todos solemos aguantar bastante más de lo necesario. Quiero decir con esto que, nuestra educación, nuestra cultura o las convenciones sociales nos llevan a permitir situaciones o actitudes de personas que muestran su desconsideración hacia nosotros.

Pues bien, yo, como todos, he soportado este tipo de situaciones hasta hace muy poco tiempo, pero hace unos meses me rebelé y pensé –¡Hasta aquí hemos llegado!-, y ahí sigo.

Si en algún momento de tu vida te has encontrado en alguna de las situaciones siguientes, ha llegado el momento de decir “¡Basta!” y comenzar a recorrer la senda del auto respeto. El que los demás no te respeten es su problema, el que tú lo consientas es el tuyo.

Te propongo algunas situaciones típicas que estás consintiendo y que debes detener pero ya, mejor hoy que mañana:

basta

• En pareja. Una pareja humana no es más que una asociación de dos organismos vivos en la que ambas partes salen beneficiadas.

Obviamente el amor y el respeto hacia el otro son fundamentales. Si tu pareja te ningunea sistemáticamente, coarta tu libertad de expresión o movimientos, te castiga con sus silencios, critica tu forma de vestir, a tus amigas, a tu familia… No te respeta y lo que es peor, no te quiere.

Eso es genial y está en su perfecto derecho a hacerlo (no olvides que es “su” problema), pero tú, ¿qué haces soportando esa situación? Hay cosas que se pueden resolver hablando, evidentemente, pero cuando las relaciones se vuelven así de feas lo mejor es ponerles punto final. Y cuanto antes, mejor.

• En el trabajo. Quizás tengas un jefe guay. Me alegro. Si no es así, si tu jefe disfruta humillándote, si acostumbra a mandarte tareas justo al final de la jornada, a llamarte en horas que no son de trabajo, si te paga una mierda o te dice habitualmente: “si no te interesa, ahí tienes la puerta”; no hace falta que te diga que no te respeta.

Evidentemente si has llegado a esa situación es porque tú mismo lo has consentido. El miedo, qué digo miedo, el terror a quedarte sin trabajo, ha hecho que te conviertas en una marioneta. Tu jefe lo sabe, lo huele y claro, se aprovecha todo lo que puede.

Y tú, ¿qué vas a hacer?, ¿aguantar hasta los 65? No sé, a mí me parece que vales para más que eso. Planta cara cuando tengas que hacerlo, no hace falta que seas desagradable pero sí firme. Si empiezas a hacerlo verás como lo descolocas y a lo mejor consigues ganarte su respeto. Si no, como mínimo comenzarás a generar la suficiente confianza en ti mismo como para cambiar de escenario.

• Con los amigos. Seguro que tienes algún amigo que te hace el vacío, que te llama solo cuando le interesa, que desaparece durante meses para reaparecer cuando le viene bien. Un amigo que te pide favores, que se aprovecha de tu hospitalidad y de tu cariño, que critica lo que haces o que te quita tus ilusiones de forma sistemática.

¿Quieres saber un secreto? Alguien así no te quiere, no es tu amigo. Y como en las situaciones anteriores, es genial. Es su elección. Pero tú no tienes que aguantar eso.

Elige estar con personas que te eligen a ti, personas que agradecen tu compañía, que comparten tus risas y tus lágrimas y que no te juzgan. No mendigues cariño.

Si estás viviendo una situación así ya sabes lo que has de hacer, apartarte de su camino lo antes posible. Abre la puerta a la amistad de otras personas, hay gente estupenda deseando conocerte y reír contigo, ¿a qué estás esperando?

• En el supermercado, la tienda, el médico, el ayuntamiento y demás. Me juego un dedo a que en alguna ocasión te has llevado un exabrupto en cualquiera de estos lugares. Seguro que más de una vez has recibido una contestación grosera y fuera de lugar.

Tranquilo, es lo normal en un mundo en que la mayoría de la gente detesta lo que hace. No pasa nada, ese es su problema.

Pero no el tuyo.

En España es muy normal que nos quejemos de este tipo de cosas en “petit comité”, pero que no hagamos nada más.

La próxima vez que te ocurra algo así, prueba esto: hazle saber al impertinente que tú eres el cliente, tanto del servicio público como el privado, y que, los malos modos los reserve para su esfera privada. Si la situación ha sido especialmente grave, plantea una queja por escrito. La mayoría de las veces no nos quejamos por pura pereza o simplemente porque somos unos padefos (paso de follones), esa actitud demuestra que consideras que los demás tienen más autoridad que tú. Tú mismo.

• En familia. La familia es estupenda, todo lo sabemos. Pero, la familia puede ser también terriblemente castradora.

Aquí el problema no es la falta de cariño, tu familia te quiere. Lo que ocurre es que a veces el amor puede ser una losa muy pesada. Si tu gente cuestiona todo lo que haces, intenta frenar tu carrera profesional por miedo a que te vayas lejos, desaprueba todas las parejas que has tenido, te obliga a acudir a celebraciones que no te apetecen lo más mínimo, ya sabes: cambia el disco.

De tu familia no te puedes separar pero si puedes desligarte un poco de ellos. Padres y madres controladores, hermanos que se meten donde nadie les llama y familiares políticos que no te caen ni medio bien; pueden hacerte la vida muy difícil.

Habla con quien corresponda si estás en alguna de estas situaciones, deja claro que eres un adulto y que, las decisiones que atañen a tu vida, aunque te equivoques; la tomas tú. Verás como poco a poco se les van quitando las ganas de organizar tus asuntos.

Para terminar y resumiendo, respeta-té, quiere-té, valora-té.

Aprende a decir “basta” y te sentirás mucho mejor, te lo aseguro.

¿Has dicho “basta” en alguna ocasión’, ¿nos lo cuentas?

(La genial imagen de Quino y su hermosa Mafalda, se han obtenido Vía Pinterest).

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Lo que te deparará el futuro

Seguramente tú, igual que casi todo el mundo, pasas tu vida obsesionado con el futuro.

Tú, como la inmensa mayoría, no disfrutas apenas de nada pensando en lo que ha de venir, en lo que puede pasar dentro de unos meses, de unos años o al final de tu vida.

Déjame decirte algo: que sea habitual preocuparse no significa que sea obligatorio, necesario, ni mucho menos bueno para ti.

No sé porque cauces discurre tu vida en estos momentos, si eres tremendamente feliz o las cosas no te van del todo bien. Te aseguro que ambas situaciones son transitorias, es decir, antes o después la cosa se complicará o se descomplicará. Es así.

Y es así porque la vida es cíclica, porque necesitamos montañas y también valles para evolucionar y por eso, a periodos de calma y bonanza, le siguen otros de dificultades y angustia.

Si esta conclusión es cierta, ¿cuál es entonces el problema?

El problema es que el anti-tú, tu mente racional y pequeña, la voz que habla dentro de tú cabeza y que no eres tú, tiene miedo.

Al anti-tú le molestan los cambios, mucho. Quiere que las cosas transcurran igual que siempre, pero si te fijas eso tampoco le basta. Y no le basta porque si miras con atención, verás que cuando todo sucede así, es decir, cuando tienes salud, trabajo, una pareja que te quiere, una familia unida y una casa en la playa; tampoco descansa y te taladra con pensamientos más que negros que dibujan un futuro hipotético muy chungo.

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¿Por qué no consigues lo que quieres?

Seguro que en más de una ocasión te has encontrado quejándote de lo mal que te va todo o envidiando otras vidas como si la tuya no fuera lo suficientemente buena. A lo mejor tienes sueños guardados desde niño esperando que llegué el momento oportuno para realizarlos pero claro, este nunca llega.

Quizás crees que tienes mala suerte o que no puedes salir de la situación en la que estás ahora mismo pero te aseguro que te equivocas, y mucho.

Hoy toca hablar de proyectos, de sueños, de ilusiones que sí se cumplen.

Eso sí, vas a tener que poner de tu parte.

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Detesto la Navidad

El verbo detestar es feo, ya lo sé, pero explica bastante bien a lo que me refiero.

Se acercan las fechas del año que menos me gustan con diferencia. No me han gustado nunca, ni antes, ni ahora.

No tengo ningún trauma, ni me faltan más o menos seres queridos que os puedan faltar a los demás. Ningún Rey Mago me ha metido un dedo en el ojo, ni jamás he sufrido un empacho de polvorones. Simplemente no me gustan estas fechas, nada. En absoluto.

De niña todavía las medio soportaba, ahora simplemente me espantan.

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