Collige, virgo, rosas.

Hace unos días confundieron a mi hermano pequeño con mi hijo. La cosa no sería demasiado grave si tenemos en cuenta que cuando él nació yo tenía dieciséis años, así que es verdad que por edad podría ser su madre.

La apreciación que me hicieron tiene importancia no por una cuestión de coquetería sino por algo mucho más  íntimo que ya hace meses que me ronda la cabeza.

El paso del tiempo.

Tengo cuarenta y cuatro años, cuando miro hacia el futuro me doy cuenta de que lo que me queda por delante es sin duda mucho menos de lo ya vivido. Tengo claro que por mucho que me cuide y si tengo la suerte de que la enfermedad me respete, irremediablemente la vejez llegará y con ella sus achaques, es ley de vida.

Lo que me altera entonces no es este hecho que es natural y común a todos los mortales, lo que realmente me inquieta es que yo no tengo conciencia de mi edad real.

rosas

Cuando me miro al espejo no veo mi imagen real reflejada. Por extraño que parezca yo sigo viendo la misma niña que con quince años celebró por primera vez su cumpleaños a solas con los amigos. Sigo teniendo la misma ilusión, las mismas ganas de vivir, más aún que entonces porque en aquella época me creía inmortal.

Ahora soy mucho más consciente de la cantidad de cosas que no he hecho todavía, de todos los sueños que me quedan por cumplir, de tantos lugares por visitar.

Me he dado cuenta de golpe de que cada vez me queda menos tiempo, no me alcanza para leer todos los libros que quiero, ni para ver todas las películas clásicas que amo, ni para viajar a tantos sitios como quiero, esta vida no me da para todo.

Así que, si antes ya lo tenía claro, ahora lo tengo fosforescente y brillante; voy a hacer todo lo que me gusta, voy a vivir mi vida como si cada día fuese el último y eso incluye hacer cosas como una fiesta de disfraces en agosto, un guateque ochentero en la playa o teñirme el pelo de azul como Lucía Bosé.

He decidido no dejar las cosas para el mes que viene o para el año que viene o para el verano próximo. La vida no funciona así, no va de eso.

Cada vez que miro a un anciano sentado en un banco con su radio, o caminando solo apoyándose en su bastón me doy cuenta de que la distancia tan corta que hay entre la juventud y la vejez. Pienso en sus vidas, en si habrán sido felices, si habrán disfrutado del amor, de las risas, de los buenos ratos  y me doy cuenta de lo importante que es vivir el momento.

El collige,virgo, rosas es un tópico de la poesía que se forjó en el Renacimiento, significa literalmente ‘coge, virgen las rosas’ y un plano simbólico invita a gozar de la juventud, del amor y a vivir el presente.

Góngora lo explicaba  muy bien en este estribillo:

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Y Luis Alberto de Cuenca, un poeta contemporáneo también lo utiliza :

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

(“Collige, virgo, rosas”, Por fuertes y fronteras, Luis Alberto de Cuenca)

Mis amigas dicen que últimamente estoy un poco mística, que no hago más que mirar al mar y darle vueltas a la cabeza. Tienen razón, pienso demasiado.

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4 thoughts on “Collige, virgo, rosas.

  1. Hola Mónica, yo hace ya casi cinco años que paso por lo mismo que tú, un mi caso se denomina la crisis de los cuarenta, igual de forma despectiva…. algunos hacen hincapié en que la llevo padeciendo desde los 30 :O
    Nunca es tarde para reinventarse y ansiarse con las cosas que no has hecho y que te gustaría, así que aprovecha el tiempo y haz lo que quieras y mientras lo haces, seguro que te surgen nuevas cosas, y mas cosas, y mas…..
    Un abrazo!!!

    1. A lo mejor es la crisis de los cuarenta como tu dices Juanan, por cierto, a mí no me parece nada despectivo ese término. No lo sé. Pero si que es cierto que ahora soy consciente del paso del tiempo y que tengo a veces la impresión de que pasa demasiado rápido, y me da miedo.

      Una vez leí no sé donde que la gente antes de morir de lo que más se arrepentía era de lo que no había hecho, por eso yo ahora hago todo lo que puedo e intento no dejar sin cumplir ninguno de mis sueños. Creo que las personas demasiado curiosas tenemos este tipo de ansiedades.

      En cualquier caso, me alegra saber que no soy yo sola.

      ¡Un abrazo Juanan!

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