Días tristes, tristes días

Había decidido quedarse en casa toda la mañana para llorar. El plan funcionó bien hasta las 10:30, hora en que unos Testigos de Jehová tocaron al telefonillo para “hablar de unos asuntos sobre la Biblia”. Ni que decir tiene que no abrió la puerta y por supuesto, el llanto cesó como por arte de magia. Esa llamada era una señal, tenía que serlo.

loui jover:

 

Esa nueva posibilidad la puso en marcha. Se lavó la cara con agua fría para bajar la hinchazón de los ojos, se recogió en pelo en un moño revuelto y se pintó los labios más rojos del mundo.

Con esas poderosas armas bajó al mercado. Paseando entre el brócoli y los lenguados le dio por pensar en su vida, en la de antes, en la de niña; en la de ahora. Le dio por pensar en todas las ilusiones, todos los sueños y todas las cosas que se habían quedado en el camino. Mientras pensaba y paseaba, intentaba decidir lo que haría para comer.

Ya en casa, removiendo el arroz con una cuchara de palo, empezó a llorar de nuevo. Despacito primero y con grandes suspiros después. Las lágrimas se mezclaron con el sofrito. “Hoy la paella está exquisita”-dijeron todos-.

Algo bueno tenía que tener la tristeza.

 

Imagen Vía Pinterest

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2 thoughts on “Días tristes, tristes días

  1. Hola Mónica:
    No sabes qué desconexión blogueril, tantos meses sin entrar ni publicar.
    ME gusta tu relato, hay días en los que es necesario llorar, a veces aunque no pase nada concreto, simplemente que algo se ha quedado ahí y se necesita soltar en formato lágrimas. Reconozco que no soy de lágrima fácil, al contrario, pero cuando sale… ¡qué desahogo!
    Muchos besos.

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