El escritor

Después de seis meses de absoluta sequía creativa, el escritor decidió trasladar su estudio a la biblioteca de la  ciudad.

Se le ocurrió que rodeado de viejos volúmenes, respirando esa atmósfera sutil del polvo centenario a través de la cálida luz de la tarde, conseguiría absorber algo de la genialidad que se escondía en los libros que le rodeaban.

Untitled design (1)El experimento no resultó del todo como él había planeado.

Tras dos semanas de continuas visitas a su nuevo lugar de trabajo sin ningún resultado aparente; descubrió a la tercera, y no sin cierto sobresalto, que de repente se le escapaban los sonetos de las manos, se le enredaban las metáforas, se le superponían las imágenes y se le desmadraban   los paralelismos.
Y así, en un alarde de inspiración sobrenatural, surgió de su pluma una narración absurda y grandiosa a la vez; un texto en el que se mezclaban sin orden ni concierto caballeros andantes, princesas esquivas, atormentadas almas de enamorados, muertos de cementerio, pícaros, alcahuetas, brujas y magos, indios sublevados, profetas, marineros, escarabajos gigantes, dragones, donjuanes y monjas.

Una auténtica orgía literaria que le dejó exhausto y medio alucinado y que le decidió, tras dos meses de frenética actividad, a regresar a la tranquilidad conocida de su  escritorio.

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