El oficio de escribir

Desde hace unas semanas, y por unas serie de circunstancias que podríamos decir que son casuales (aunque yo sé que no existe la casualidad), caen en mis manos libros que me hablan de otros libros, o libros que me hablan del oficio de escribir.

Yo soy una creyente devota de la “otra realidad”, de la realidad intangible con la que nos comunicamos a través de señales. Y eso son precisamente estas lecturas, señales, mensajes de ánimo que me llegan en los momentos en los que seguramente más lo necesito.

Pero eso es otra historia. Lo que toca hoy no es hablar de mí, hoy he reservado este espacio a hablar de algunos escritores a los que admiro profundamente. Obviamente no están todos los  que  son.

Este es un blog donde se supone se habla de literatura y, últimamente tengo un poco abandonado este tema, así que vamos a por ello. Imagino que todos sois capaces de encontrar la bibliografía de un autor famoso, o la reseña de un libro o incluso un trabajo especializado si os ponéis; pero supongo también que como seres humanos sentiréis curiosidad a veces, por saber cómo fueron las vidas de los autores que admiráis.

De Cervantes hablé en su momento. El más famoso de los escritores en nuestro idioma no lo fue tanto en vida.

Paso largos años peloteando al Conde de Lemos para que este le concediera lo que hoy equivaldría a una pensión, una renta vitalicia que le permitiera vivir con cierta dignidad. El oficio de escritor nunca se lo permitió, y aunque alcanzó cierto renombre en vida y su Quijote fue un éxito, tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con monstruos como Lope de Vega o Quevedo, y la fama sobre todo del primero, eclipsó la suya.

escribir

Nadie dijo que fuera fácil. Imagen Vía Pinterest

Pero, vamos a centrarnos en épocas más cercanas.

Rubén Darío fue un genio de capacidades asombrosas, sus poemas dieron nombre a un movimiento literario, el Modernismo, que transformaría para siempre la poesía tal y cómo se conocía hasta ese momento. El mundo sensual, onírico y lleno de belleza de sus versos poco tienen que ver con su realidad personal.

Darío era un ser humano de excepcional bondad, todo aquel que lo conocía quedaba prendado de él, de su amabilidad, de su dulzura, de su dedicación total y absoluta a la poesía. Pero en su vida no todo eran luces.

De temperamento cambiante y con tendencias depresivas, Rubén Darío alternaba fases de frenético trabajo con otras de profunda apatía en las que bebía hasta perder, literalmente la consciencia.

En esos momentos de delirio causados por el alcohol, era preso de sus temores más profundos y caía en auténticos pozos de desesperación donde mezclaba realidad y fantasía. Su enfermedad causó probablemente su muerte temprana a los 49 años.

Borges, genio entre los genios, perdió la vista y lo que podía haber sido una profunda catástrofe vital, no lo fue en absoluto. Continuó escribiendo hasta el final de su vida dictado los textos que brotaban sin cesar dentro de su cabeza. Lejos de quejarse por su suerte, Borges escribió un hermoso texto “La ceguera”, en base al cual ofreció una conferencia contando su experiencia a la que retrató más bien como una oportunidad.

Charles Bukowski había renunciado a su sueño de ser escritor y malvivía trabajando en correos e intentado matar sus monstruos con alcohol. Cuando tenía 49 años, un editor, John Martin puso los ojos en él, y no sabemos si, impresionado por su arte o conmovido por su tragedia personal, le ofreció 100 dólares mensuales de por vida para que abandonara su trabajo gris y se dedicar a escribir.

Según nos cuenta el mismo Bukowski: “Tenía dos opciones, quedarme en la oficina de correos y volverme loco… o salir y jugar a ser escritor y morirme de hambre. Decidí morir de hambre”.

Dos años más tardes publicaría su primera novela, evidentemente autobiográfica, El cartero, alcanzado la fama y el éxito durante los veinte años siguientes de su vida.

Diecisiete años después de renunciar al trabajo que le consumía, escribió una carta de agradecimiento al hombre que le dio la oportunidad de vivir de hacer lo que amaba:

“12 de agosto, 1986

Hola John:

Gracias por la carta. En ocasiones no duele recordar de dónde venimos. Tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que tratan de escribir de ello, o hacer películas, no lo entienden. Le llaman “De 9 a 5”. Nunca es de 9 a 5, no existe un descanso para comer, y de hecho, en algunos lugares no debes comer si quieres mantener tu trabajo. Luego existen las horas extras, las cuales nunca se registran correctamente en los libros, y si te quejas de eso, encontrarán a otro idiota que te reemplazará.

Tú conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se extendió para incluir a todas las razas”.

Lo que duele es la pérdida de humanidad en aquellos que pelean por mantener trabajos que no quieren, pero que temen ante una alternativa peor. La gente simplemente se vacía. Son cuerpos con mentes obedientes y temerosas. El color se les va de los ojos. Su voz se hace fea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.

Cuando era joven no creía que existieran personas que dieran su vida por esas condiciones. Ahora que soy viejo, sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Sexo? ¿La televisión? ¿Un automóvil en pagos mensuales? ¿O los hijos? Hijos que sólo harán lo mismo que ellos hacen.

Antes, cuando era muy joven y saltaba de trabajo en trabajo, era lo suficientemente ingenuo como para decirles a mis compañeros: “Oye, el jefe puede venir en cualquier momento y echarnos, así de simple, ¿no te das cuenta?”

Sólo me miraban. Yo les decía cosas que ellos no querían dejar entrar en sus mentes.

Ahora, en la industria, hay muchos despidos. Los despidos se cuentan por cientos de miles y sus rostros siempre son de sorpresa:

“Estuve aquí por 35 años…”

“No es justo”

“No sé qué hacer…”

A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y vuelvan al trabajo. Yo lo veía, ¿por qué ellos no? Me di cuenta de que el banco del parque era igual de bueno, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusieran allá? ¿Por qué esperar?

Escribí con asco en contra de todo Fue un gran alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí, como un “escritor profesional”, y después de los primeros 50 años, he descubierto que hay otros  disgustos más allá del sistema. 

Recuerdo una vez, cuando trabaja como empacador en una compañía de artículos de iluminación, que un compañero dijo de pronto: ¡Nunca seré libre!”

Uno de los jefes caminaba por ahí, su nombre era Morrie, y soltó una gran carcajada, disfrutaba el hecho de que el tipo estuviera atrapado de por vida. 

Así que la suerte de salir finalmente de esos lugares, sin importar cuánto tiempo me tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría de hombres pensaría en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente. Y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará, sin importar qué tan lejos me haya ido, cómo llegué en medio del asesinato, la confusión y la pena, hacia, al menos, una muerte generosa.

No haber desperdiciado por completo mi vida, parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho

Hank”. 

Se que la entrada de hoy es un poco larga, es lo que me suele pasar cuando hablo de lo que me apasiona. No lo puedo evitar.

Espero que os  sirva  básicamente para dos cosas: conocer un poco de la  vida de estos autores  y, sobre todo,  ayudaros para que  no os rindáis  nunca.

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14 thoughts on “El oficio de escribir

  1. Me gusta tu forma de escribir, tanto que engancha como se dice.Tu amplia visión de literatos es inmensa y tus observaciones interesantes, precisas y adecuadas que me gustarían fueran más extensas pero eso, creo, desbordaría tus intenciones..Si escribir es vivir, advierto en tus letras algo más en ellas y es la forma cómo sigues los minutos de los días de tu existir; posiblemente sea pretensiones mías muy atrevidas, pero eso es lo que pienso; es el comentario al cual me invitas.

    1. Muchas gracias Edgardo.

      Siempre me gustó mucho conocer las vidas de los autores que admiro porque creo sin ellas, sus obras no serían lo que son.
      Y sí, para mí escribir es vivir.

      Un abrazo

    1. Por supuesto que no Jerby.
      Siempre se puede ser recaudador de impuestos o cónsul de tu país, o trabajar en Correos, o en una empresa de seguros, o incluso en un vertedero de basura (el estómago hay que llenarlo), otra cosa es como tengas el alma.

      Agradezcamos a tantos y tantos escritores el que no hayan dejado nunca de escribir pese a las circunstancias externas.

      Saludos

    1. Efectivamente, la carta nos deja un sabor agridulce, pero creo que también nos da esperanza. Las cosas siempre pueden cambiar, en cualquier momento y a cualquier edad. Eso me gusta.

      Muchas gracias por tu comentario y por tus palabras tan cariñosas.

      Abrazos

    1. Muchas gracias Ana, por pasarte por aquí.

      Bukowsi es un escritor fascinante que tiene, como todos, sus luces y sus sombras. Siempre tuvo muchos problemas con la bebida, con las mujeres, con la sociedad, era un outsider.

      Cuando se hizo un escritor reconocido tuvo que mantener esa pose de “escritor maldito”, aunque yo creo que a veces exageraba (es mi opinión).

      Si quieres escuchar algo realmente conmovedor busca en youtube un poema suyo titulado “Hay un pájaro azul en mi corazón”.

      La versión con música y viñetas animadas es preciosa. En ese poema creo que se refleja muy bien cómo se sentía por dentro.

      Besos

  2. Pues muy bien todos esos datos. Desde luego el oficio de escribir – se lo escuché decir a alguien, no recuerdo a quién – necesita un cierto desequilibrio que sólo el hecho de escribir compensa el fiel de la balanza. Y creo que es necesario vivir arriba y abajo muchas veces para ser capaz de captar y describir las emociones. Un duro oficio del que pocos pueden vivir. Tengo en mi blog una entrada sobre esto de escribir que voy a aprovechar para dejártela aquí, Mónica. Si no la quieres, pues la borras (si es que puedes). Muy buena entrada, enhorabuena.
    http://bitacoraimaginacion.blogspot.com.es/2015/08/el-oficio-o-arte-de-escribir.html?view=flipcard

    1. Yo no borro nada Vicente, a no ser que se trate de algo ofensivo.

      Yo creo que los artistas en general, no solo los escritores, poseen una sensibilidad especial que les hace ver la vida con otros ojos. Quizás eso explique su forma de vivirla.

      Gracias por tu comentario, me paso a leer tu artículo.

      Un abrazo

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