El Síndrome “porque yo lo valgo” (II)

Pues sí amigos, el síndrome “porque yo lo valgo”, tiene un lado oscuro, un reverso tenebroso del que normalmente no se habla pero que yo me dispongo hoy a sacar a la luz.

Como es bien sabido todo en esta vida es ying o yang, constantemente nos movemos entre los dos extremos de estas dos energías o vibraciones que no son ni malas ni buenas por sí mismas; sino simplemente los dos polos (podríamos decir negativo-positivo) de una misma cosa.

Como ninguno de nosotros está muy equilibrado que digamos, normalmente nos encontramos siempre más cerca de los extremos que del centro. Living on the edge se podría llamar a esta actitud, y de ella se deriva que a los periodos de “porque yo lo valgo”, sigan otros de “soy lo peor”.

EL PENDULO

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Veamos algunos ejemplos prácticos:

• Has decidido perder peso, pero esta vez en serio. Repasas la dieta DUKAN, vas al súper a comprar el puto salvado de avena, piensas que tres días a base de proteínas tampoco son para tanto, llenas tu nevera de carne, pescado, surimi y pepinillos (que no engordan y están permitidos), Coca-cola 0% y pones una fecha: el lunes de la semana siguiente. Te sientes un gladiador que acaba de salir a la arena, fuerte y poderoso. ¡Yes, you can!

El lunes llega y no sé da del todo mal, tienes un sabor de boca horrible y no has ido al baño pero puedes aguantar. El martes a media mañana empieza a apetecerte sacar un bollycao de la máquina pero resistes; por la tarde te llama una amiga para tomar algo y después de un día de mierda en la oficina decides que lo que mejor te vendría sería una charla y una cerveza.

Cuando vuelves a casa después de tres cañas y medio kilo de frutos secos comprendes que la dieta ha terminado pero por supuesto te asalta un poderoso sentimiento de culpa que te lleva a pensar que nunca llegarás a nada en esta vida.

• En septiembre llevado por el síndrome en su periodo álgido y tras un verano dedicado básicamente a comer y tocarte las narices decides que ya está bien, que hay que ponerse las pilas y empezar el nuevo curso con ganas y energía.

Para compensar tanta desidia estival te coges el curso completo, cuatro asignaturas optativas y te apuntas a la Escuela oficial de idiomas. Al mismo tiempo decides volver al gimnasio, las clases de yoga o el running.

A finales de septiembre y después de pagar la matrícula empiezas a pensar que tal vez te has pasado (tranquilo, en febrero esta suposición se convertirá en una certeza), al gimnasio has ido tres días, correr te da un poco de pereza…

Por supuesto cada vez que no sales a correr o no vas a clase un horrible sentimiento de culpa hace que te sientas un auténtico miserable y que pienses que no llegarás a nada en la vida.

Podría poner miles de ejemplos y seguro que os reconoceréis en muchos de ellos. Lo que importa de todo esto no son las circunstancias (que son personales), sino las consecuencias, que son muy parecidas:

• El sentimiento de culpa y el menosprecio a nosotros mismos y nuestras capacidades.

Como estas emociones no son sanas y es evidente que de ellas no sacaremos nada bueno te propongo como siempre un poco de equilibrio, un pelín de autoindulgencia y sobre todo objetividad.

BEST

Esto implica que mires un poco la situación desde fuera y que no dramatices, romper una dieta no es quebrar un acuerdo de paz entre dos países. No salir a correr un día no significa que no valgas para nada. Si te has sobrecargado de trabajo, asignaturas u obligaciones antes o después tendrás que organizarte y priorizar, nada más.

Guarda el látigo por un tiempo, o  úsalo solo en el dormitorio, te irá mejor seguro.

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4 thoughts on “El Síndrome “porque yo lo valgo” (II)

  1. Que bien lo has contado! Si fueses mi madre o mi hermana hoy me regañarías seguro porqué lo único memorable que me ha traído el dichoso síndrome son unas cuantas contracturas musculares que me han parado el día a media tarde. Por cierto, me darías los datos de ese curso de fundamentos de la narración para cuando se me pase esto? Es online o presencial?

    1. ¡Ay Dolors! No sé si reñirte mucho o mandarte un abrazo.

      Lo que si te puedo decir con seguridad es que las contracturas siempre son tensionales y reflejan no solo tensiones físicas sino también otras más profundas, a nivel anímico o emocional. El cuerpo se rebela cuando estamos haciendo algo que internamente no nos “cuadra” del todo. Pero como lo primero es lo primero, lo mejor es que comiences por curar las contracturas (duelen a morir), y más adelante indagues en la causa que te las ha provocado. Ya me contarás.

      Sobre el curso te cuento. Este año hice un “Taller de escritura creativa” que comenzó en octubre y termino en marzo. Lo impartía Joaquín Piqueras, un poeta que me encanta, y ese lo organiza la UNED y se puede hacer online. Te avisaré cuando se abra el plazo de matrícula porque merece la pena. Conocerás la parte técnica del proceso creativo y te obligarás a escribir todas las semanas utilizando distintas técnicas. 100×100 recomendable.

      El de estos dos días ha sido presencial. En Cartagena en julio se celebra un festival que se llama “La mar de músicas”, este año el país invitado era Chile y dentro de las actividades literarias estaba el curso con Pablo Simonetti, novelista chileno. Tengo que decirte que salí encantada. Oír hablar a un escritor sobre el proceso creativo a mí personalmente me pone los vellos de punta.

      Y por último, te recomiendo esta página: La web de Diana http://dianapmorales.com/blog/. Diana es escritora y coach de escritores, organiza cursos, algunos gratuitos y online como “mil ideas para escribir” que están genial. Échale un ojillo a su página y verás como te encanta.

      Espero haberte ayudado y cuídate mucho.

      1. Ay Mónica, millones de gracias!! por tu abrazo, tus palabras y por toda la información. Estoy salivando con todos esos cursos!!! Estaré pendiente pero si me avisas te estaré muy, muy agradecida :).
        Sobre las causas de las contracturas las tengo identificadas, algunas trato de relativizarlas y otras tienen peor solución, pero ahí ando, aceptando y trabajando para sobrellevarlas mejor.
        Un besazo, me encanta leerte 😉

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