EL SÍNDROME “PORQUE YO LO VALGO” (I)

He de decir antes de empezar y para que nadie se lleve a engaño que no soy psicóloga. Lo aviso para que quede bien claro que acabo de inventarme este síndrome y si después aparece por ahí con un nombre raro en una publicación científica quiero que conste que yo lo descubrí.

Bien, para definir este síndrome he utilizado un sujeto de estudio muy concreto, yo misma. Entre otros motivos porque soy lo que tengo más a mano y porque, a estas alturas de mi vida, creo conocerme bastante. Después y sin ningún rigor metodológico he extrapolado los datos al conjunto de la población (¡qué bien me ha quedado esta frase!), y he llegado a las siguientes conclusiones:

El síndrome “porque yo lo valgo” afecta por igual a hombres y mujeres pero suele presentarse de forma sistemática en determinadas épocas y situaciones a lo largo del año.

NENA

En septiembre.

A la hora de hacer la matrícula del siguiente curso. Aquí soy una experta, el síndrome me llevó a coger este curso trece asignaturas. Evidentemente antes de que lleguen los exámenes de febrero ya te has arrepentido de tu “valiente decisión”.

El día 31 de diciembre.

Cuando decides dejar de fumar, hacer dieta, ejercicio y aprender Inglés así todo junto y sin anestesia. Los resultados reales de estos propósitos los hemos vivido todos en nuestras propias carnes.

En abril.

Se acerca el verano y no llegas a la operación bikini y decides sabiamente comenzar la dieta Dukan y el ejercicio físico, pero ahora de verdad. Pasados quince días de este impulso vuelves a comer Nutella y dejas el gimnasio porque ¡qué carajo!, la vida se vive una vez y tú eres algo más que un cuerpo.

En esos momentos de subidón-subidón.

En los que te matriculas en un curso de blogging, un Taller literario, un curso de jardinería online, un seminario de corrección de estilo, participas en un reto de Instagram, y al mismo tiempo decides empezar a escribir una novela y poner en marcha tu blog, que algún día tenía que ser ¿no?, ya está bien de postergar.
Evidentemente en cuanto te pones a ello descubres que no eres superwoman, que el día tiene veinticuatro horas y que a las seis de la tarde ya no tienes energía y te faltan todavía tres o cuatro tareas por hacer. Aquí yo he llegado al nivel PRO.

Los  fines de semana.

Se supone que vas a descansar pero tienes peluquería, una cena con amigos, comida con tus padres, lectura del libro que llevas a medias hace tres meses, paseo por el monte y cine (que hace mucho que no vas). Evidentemente llega el domingo por la noche y estás absolutamente rendido, deseando que llegue el lunes para descansar en el trabajo.

Hasta ahora hemos definido la enfermedad pero lo importante es ofrecer su cura.

Bien, voy a decir algo que no es políticamente correcto pero me da igual.

En esta sociedad fantástica en la que vivimos en la que todo se basa en estructuras donde la competitividad es el lema y sobresalir entre los demás es una obligación; en un mundo en el que a todas horas se nos dice que hemos de amarnos a nosotros mismos y confiar en nuestras capacidades, parece extraño que una persona se decante por vivir sencillamente, que se descomplique la vida.

Y de eso se trata, de hacer simple lo complejo y no al revés, de no enredarnos en miles de cosas que absorben nuestro tiempo y nuestra energía, de ser capaces en definitiva de vivir más despacio, de elegir, de trazar prioridades y de no sentirnos culpables por hacer solo una cosa y no tres al mismo tiempo.

Me gustaría saber si a vosotros os ha afectado alguna vez el síndrome “porque yo lo valgo” y cómo lo ha hecho, ¿qué decisiones habéis tomado dejándoos guiar por él? ¿Cuál ha sido el resultado?

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5 thoughts on “EL SÍNDROME “PORQUE YO LO VALGO” (I)

  1. Jajajajajj, me encanta, qué te voy a contar que no ya no sepas, afectada no, afectadísima por este síndrome, que me hace no querer perderme nada, y perderme mucho al final… así que en la medida de lo posible, intento no caragarme y ser realista.. aunque a veces me vence el síndrome!!!!

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