Elisa siempre tiene frío

Elisa siempre tiene mucho frío, hasta en verano. No sale nunca de casa sin una chaqueta finita en pleno mes de agosto porque dice que las noches son frescas y los aires acondicionados traicioneros.

En invierno sufre mucho. Su atuendo se compone de capas y más capas de ropa. Elisa es una cebolla humana y camina por la calle como las embarazadas, bamboleándose. Antes de pisar las aceras tiene que hacer revisión mental de todos los accesorios que necesita: guantes, bufanda, gorro, orejeras… Nada se le puede olvidar pues el más mínimo descuido supone que Elisa pueda morir congelada mientras espera el autobús.

invierno

Imagen Vía pinterest

Su vida es muy difícil, y a las inconveniencias del frío en el cuerpo se unen las del frío en el alma. A Elisa no la entiende nadie, ni su propia madre que se pasó años abrigando a su hija como si vivieran en Siberia.

En las ocasiones en que la madre de Elisa consultó con algún especialista acabó siempre defraudada. Ningún médico supo explicarle la raíz del problema de su hija, y harta ya de perder tiempo y dinero, se le ocurrió acudir a la consulta de un curandero famoso. Tras media hora de rezos, el hombre con túnica morada le recomendó que hiciera a su hija todas las noches una tortilla con tres huevos, una pizca de perejil y una cucharadita de coñac y que se la pusiera sujeta con un pañuelo encima del corazón.

Después de una semana y cansada de que su hija se levantará con olor a taberna pero tan helada como siempre, la madre de Elisa se tomó el coñac que quedaba en la botella y dejó de hacer las tortillas borrachas.

Los años pasaron y el problema siguió ahí. Elisa se acostumbró a tener siempre frío, a temblar constantemente y a que la gente la tomara por una lunática deseosa de llamar la atención.

Pero hace un mes que las cosas han cambiado para ella. Sentada en la parada del número 27, Elisa ha conocido a un chico que va en mangas de camisa en diciembre. Todavía no se ha atrevido a hablar con él pero una llamita de diminuta esperanza ha empezado a brotar en su pecho, y hace tres días que se atrevió a salir sin guantes. Le falta un poco de osadía para entablar conversación pero se ha puesto como fecha tope el próximo viernes.

Es mucho lo que se juega.

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8 thoughts on “Elisa siempre tiene frío

    1. Por eso hay que empezar por el amor propio que os abrigue por dentro y seguro que así llegamos al que lo haga por fuera.

  1. Abrigar el cuerpo de Elisa es fácil ,bastarían unas eróticas bragas sobaqueras; el problema, es cómo calentar su alma, sugiero: unos sueños ardientes sin que se queme la cama y una piel que se adapte a todos esos, sus hambrientos y fríos rincones.

  2. Alberto hacía tiempo que la veía y no entendía por qué andaba como un pato… por qué aquella chica siempre iba tapada… con él calor que hacía siempre!! No soportaba los jerséis, ni nada que significara más calor… cómo podía vivir así alguien…. siempre con más y más ropa?

    A él le encantaba poder notar el aire entre su piel y su pelo…

    Pero aunque no entendía el porqué un día se dio cuenta que no podía dejar de mirar a alguien tan diferente a él… aunque un poco patosa era increíble como se movía para no caerse, cómo la bufanda y el gorro engullían lo que intuía una carita blanca y fina… y, si el invierno era crudo, descubrió de pronto, que esa chica se sonrojaba entre bufanda y gorro, y sus ojos le brillaban aún más cuando conseguía pasar algún sitio con un poco de helada sin caerse… cómo lo había echo para convertir en un reto todo en su vida desde que salía desde su casa, sólo por andar? cómo lo había conseguido?

    Esa chica era muy divertida, y lista por hacer de todo lo que hacía un reto, ¡qué envidia!

    Y un día sucedió… quizá hacía mucho tiempo que él sabia que le acabaría pasando pero no se había dejado llevar… hasta ese día… en la parada del número 27… no supo cómo actuar, pero tubo la certeza de que por primera vez, ella lo vio… y un viento helado recorrió su cuerpo, se quedó quieto y desvió su mirada con disimulo, solo un poco, para continuar observándola de reojo… ¿que le pasaba en su interior?

    Hace tres días que no entiende que le pasa… continua con mangas de camisa en diciembre, pero nota las puntas de sus dedos de las manos un poco más fríos y dubitativos, hoy se ha fijado que ¡¡¡Ella no lleva guantes!!!, ¿acaso los ha perdido o se los ha dejado en casa?) y cuando la ve, esperando que ella lo mire, vuelve a sentir aquello en su interior… hoy, al ver que ella no llevaba los guantes ha intentado ver si los tenía en su bolsa, o en sus bolsillos de esa exagerada chaqueta para ir a la nieve, pero no los ha visto, sino quién sabe… a lo mejor se los hubiera pedido para que se los dejara…. (y esto lo ha echo sonreír).

    El sólo echo de pensar en poder hablar con ella ha echo que se le cortara la respiración, justo cuando ella estaba mirándolo de reojo y se volviera a sonrojar…

    Quizá tendría que pensar en comprarse un jersey para mañana? Mañana era viernes y le esperaban dos días antes de poder volver a notar algo nuevo.

  3. Uix… perdón por alguna falta que he visto ahora… no será por repasar un par de veces… siempre se me escapa alguna!!!!!! T_T

    Bonito cuento para empezar mi fin de semana (se que lo has colgado antes, pero mi momento “agua con limón” es el sábado por la mañana entre café y tostadas! ;p

    Perdón por la osadía de escribir la otra parte, que quizá ya tienes escrita… habré acertado con la historia de él? me encantaría saberlo… si es que la habías pensado! a ver que me encuentro mañana o el próximo sábado!.

    Por cierto… sí, sí… corrige las faltas!!

    1. Corregidas, un poco. Porque el estilo de cada uno no se puede tocar sin fastidiar el escrito.

      Me gusta tu historia, y la verdad es que yo no había pensado todavía en cómo continuarla porque he de confesar que soy un poco fan de los finales abiertos.

      ¡Un abrazo y buen finde!

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