¿En qué momento?

¿Recuerdas ese momento de tu vida en que la comida te daba asco?, ¿te ves a ti mismo delante de un plato de alubias contando los minutos para que se hiciera la hora de volver al colegio? Sí, había colegio por las tardes, no es una leyenda urbana.

No me digas que nunca preguntaste a tu madre después de soltar la mochila: ¿qué hay para comer?”, para decir después, ¡lentejas, puajjj qué asco!

Y así semana tras semana, y la comida como un enemigo  acechante dos veces al día. Pasaste muchos años sobreviviendo con el Colacao de las mañanas y el bocata de chorizo a media tarde. Con eso y algunas golosinas los domingos, pocas, porque la paga no daba para mucho.

Las comidas en casa eran un suplicio para nuestros padres, supongo. Nosotros liándola parda delante del plato y ellos intentando que comiéramos.

Después de un periodo que es distinto para cada uno, llega un día indeterminado, un instante en el tiempo que no aparece marcado en ningún calendario, en que de repente te empieza a gustar todo, y mucho.

A partir de este momento, el niño o la niña escuálida que fuiste se transforma sin remedio en lo que viene siendo un tragaldabas, un comilón, Antón el Zampón, un oso preparándose para hibernar; un ser humano al que le gusta todo lo que le pone por delante.

Artist: Jeanne Lorioz:

De repente las lentejas se convierten en manjares de reyes, unos huevos fritos con patatas son una delicia, la fabada es un plato de autor y se pasa de comer por obligación a estar comiendo todo el santísimo día.

Y así, llega un día, sobre todo cuando te tienes que soltar el cinturón cada vez que te sientas, en el que te preguntas cómo es posible haber sufrido esa transformación.

Cómo es posible que tú, que eras el espíritu de la golosina, la radiografía de un suspiro; tú que tenías que pasar dos veces para que la gente te viera, te pases ahora la mitad de tu vida zampando y la otra mitad a dieta.

A veces miras con nostalgia las fotos de aquella época solo para convencerte de que en realidad eras así, delgada como un hilo, esquelética incluso; y te preguntas qué estás haciendo mal.

¿Por qué cojones te tienen que quitar los platos ahora de delante si antes no te gustaba nada?

Te dan ganas de pincharle con el tenedor en un ojo cuando oyes a alguien decir, retirando su plato con la mitad de la comida: “¡Yo ya he terminado, no puedo más!”, mientras tú hace rato que estás mojeteando el pan en el aceite de la ensalada…

No me digas que no te dan ganas de matar cuando oyes a alguien decir: “Yo ceno todos los días un yogur”; cuando tú las veces que lo has intentado has terminado tomándote una hora más tarde un vaso de cacao con magdalenas o un bol de palomitas con una cerveza o las dos cosas, incluso.

Se avecinan malas fechas queridos zampones y zamponas.

Cenas y más cenas, comidas familiares, de trabajo, de amigos… Tres semanas que ponen a prueba el estómago y el hígado más resistentes.

No pasa nada, el día 6 de enero, después de haberte comido tu segundo trozo de roscón de Reyes, y de desabrocharte ya hasta el botón de los pantalones, te haces un firme propósito: ¡mañana a dieta!

Yo recuerdo perfectamente cuando comencé a convertirme en una zampabollos: después de sobrevivir dos cursos en un piso de estudiantes, y tú, ¿te acuerdas de cuándo te sucedió?

*El precioso cuadro que ilustra esta entrada es de Jeanne Lorioz y la imagen se ha obtenido de Pinterest.

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8 thoughts on “¿En qué momento?

  1. Joe que si lo recuerdo…. En mi casa era lentejas, o te las comías o te las merendabas, por lo que te las comías. Pero sí es cierto que había un montón de alimentos que “no me gustaban”, y cuando me independicé (con 20 años) no tenía ni idea de cocinar, y me pegaba atracones a spaguettis o bocatas o pizzas o cerdadas varias, hasta que un día llamé a mi madre, y le dije: ama, enséñame cómo haces tú la comida. Y por teléfono me fue diciendo tiempos, cantidades y alimentos, y empecé a hacer lentejas, alubias, garbanzos, purés etc, y se abrió el mundo a mis pies y empecé a comer bien, y todos esos alimentos que no me gustaban, ahora no faltan jamás en mi nevera.

    Un par de días a la semana cerdeo también, para luego sudarlo corriendo, jajajajaja. PEro los excesos tipo Navidad me pasan factura y acabo pasando unas noches horribles, por lo que cada año que pasa, voy reduciendo esas “salvajadas”.

    Buena reflexión, besitos

    1. Las lentejas, esa bestia parda de nuestra niñez y que ahora me parecen un manjar de dioses.

      Yo comía nada, no sé cómo pude sobrevivir a mis primeros años, pero como tú dices, fue independizarme y madre mía…

      Ahora mismo creo que lo mejor que podría hacer sería coserme la boca porque no hay cosa que pruebe que no me guste.

      Y del cerdeo dominguero prefiero no hablar.

      Pero sí, te juro que durante muchos años de mi vida la comida me ponía los pelos de punta.

      ¡Qué tiempos aquellos!

  2. Es curioso, el otro día mirando el album de fotos de mi comunión, en una de las hojas ponía “promesas” y yo prometía además de hacer más obras de luz, comerme toda la comida sin enfadar a mi padre .
    Tengo que decir que zampabollos nunca he sido, pero apreciar y disfrutar de la comida, fue a raiz de tener que hacermela yo y no por lo bien que cocinaba, más bien todo lo contrario, empezó a saberme a gloria todo lo que me daban ya hecho, el paladar lo hize con mi pareja, que entre otras cosas me enseñó que siempre tienes que probar la comida tipica de donde fueres y que no es que no me gustara el vino, es que no me gusta el Don Simon 😉 .

    1. Como ves Juani, la historia se repite en todas partes. Niños inapetentes hacen adultos que, como en tu caso, saben apreciar la comida, y en el mío dan lugar a auténticos ñampazampas,

      Lo único que me consuela es saber que no soy la única.

      Se me ocurre que quizás cuando eres un niño, con la cabeza llena de ideas e ilusiones, la comida es lo que menos te preocupa, y es lógico habiendo tanto mundo por explorar.

      Abrazos !

    1. Las próximas semanas ponen a prueba la salud y la línea de cualquiera. Yo ya las doy por pérdidas y más cuando ya ha comenzado mi “modo exámenes ON”. Se avecinan día muy complicados…

      A mí no me gustaba nada Erika, ni las lentejas ni nada que me pusieran en un plato, ¡cómo he cambiado!

      Besos guapa.

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