La mochila

Siempre he sido una cuentista, incluso cuando no tenía conciencia de serlo. Desde bien pequeña solía aburrirme cuando estaba rodeada de gente y sobre todo, si eran adultos. Mientras ellos charlaban animadamente sobre sus cosas, yo miraba a mi alrededor e iba imaginando historias sobre todas las personas que veía. No recuerdo que me costara mucho trabajo, era una forma de evadirme, nada más.

El hecho de construir historias en mi cabeza hacía que nunca me sintiera sola y que no me aburriera jamás. Siendo la mayor de dos hermanos que nacieron tan seguidos que parecían mellizos, yo andaba siempre como atontada en un mundo lleno de seres imaginarios.

 

desesperacion

 

Ha sido ahora, en mi edad adulta, cuando he comprendido lo importante que era para mí haber creado un espacio personal y único, un reino de fantasía donde todo puede pasar. Es este lugar el que me permite seguir adelante y ver la vida tan bonita o tan fea como a veces puede ser.

Siempre habrá historias que merezcan ser escritas.

“Han pasado trece años y Alberto aún recuerda el fogonazo, el silencio atronador que vino después y que duro toda una vida y a continuación; la sangre, los gritos, el sonido de las ambulancias y los camiones de bomberos.

-¿Mochila, qué mochila? Había mucha gente en ese tren, ya se lo he contado muchas veces. No recuerdo ninguna mochila”.

Para todas las víctimas de este mundo absurdo que nos ha tocado vivir

Imagen Vía Pinterest

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4 thoughts on “La mochila

    1. Aunque a veces lo que nos rodeé no nos guste. Ojalá nunca nadie tuviera que recordar ningún fogonazo.

  1. Se puede ser cuentista para bueno o para malo. Creo que en tu caso y por lo desbordante de tu imaginación, has elegido ser “cuentista” de las buenas, de las que narran historias y relatos. Enhorabuena por tu trabajo.

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