Mi lucha

Llevo luchando con mi cuerpo desde que tenía 13 años. En aquella época pesaba 44 kg y por supuesto todo el mundo tenía algo que comentar al respecto.

A mí madre las vecinas le preguntaban constantemente si estaba enferma y tanto llegó la pobre a preocuparse por el tema que me llevó a un endocrino. El médico después de hacerme una analítica y unas preguntas rápidas (en aquel momento no existía la anorexia, ¡gracias a Dios!, porque si no hubiera acabado en el psicólogo seguro), decidió que no me pasaba nada y despidió a mi madre diciendo:

-¿Qué le mande pastillas para engordar? Señora, me paso la vida adelgazando gente así que no le voy a dar nada para su hija que está perfectamente sana.

En aquella época yo simplemente era “especialita” para comer. No me gustaba prácticamente nada y nunca tenía hambre, nada más. En el colegio las gafas de culo de vaso, ser una empollona y mi peso no ayudaban demasiado, así que era el blanco de todo tipo de burlas.

Mis compañeras se habían desarrollado pronto y tenían formas de mujer, yo no tenía pecho y a su lado parecía un insecto palo. Solo los profesores me llamaban por mi nombre, mis compañeros utilizaban motes muy imaginativos para referirse a mí.

Después vinieron años (hasta los 35 más o menos), en los que comía lo que me daba la gana y tenía un peso ideal, por fin parecía una mujer. Pero para mí tampoco estaba bien y siempre tenía alguna pega: si tuviera más pecho, menos culo, el vientre plano…Me apunté a la piscina luego al gimnasio y empecé la batalla con mi cuerpo.

Si la situación es preocupante en la treintena, a partir de los cuarenta la cosa se empieza a poner fatal. Se entra en una fase que según mi ginecólogo es ya la premenopausia, las hormonas comienzan a fluctuar y tu organismo ya no quema lo que ingiere tan rápido como antes.

Lo que antes era una lucha se convierte ahora en una guerra sin cuartel contra los kilos: ejercicio, dietas cada dos por tres, caminatas, cremas…La cuestión es no estar a gusto nunca contigo misma y ponerte todos los peros posibles.

Como he dicho al principio, yo llevo en esta batalla toda mi vida, pero, hace un año más o menos empecé a darme cuenta de algo que al parecer antes se me había escapado.

Tanta obsesión por mi aspecto en realidad solo esconde falta de aceptación sobre lo que en realidad soy (que no es precisamente lo que se ve por fuera), me hace débil y me quita energía para dedicarla a otras cosas.

Así que, desde entonces hasta ahora, tomé la decisión de empezar a quererme tal y como soy, de aceptar que para mantener el mismo cuerpo que a los 20 años, si no tienes la genética adecuada como le pasa a Elle Mcpherson, lo llevas claro.

Y sí,  la tía está guapísima y  a mí me encantaría tener ese tipazo con  51 años. Pero, la cuestión es que  no le he tenido ni con  18, así que no sé cómo lo voy a conseguir ahora por mucho que me mate a  hacer ejercicio.

Por supuesto que haya mujeres, y también hombres que conservan una figura envidiable con el paso del tiempo; pero los que yo conozco no hacen nada para conseguirlo. Simplemente son así.

eres hermosa porque eres diferente (1)

Como ese no es mi caso, yo no voy a pelear más conmigo misma. Evidentemente me cuido, procuro comer sano y hago ejercicio pero todo esto tiene que ver con mi salud y no con mi tipo.

Se ha terminado eso de pesarme tres veces al día, o sentirme mal inmediatamente después de tomarme un pastel o un trozo de pizza.

He aceptado ya que una semana antes de la regla me transformo en el muñeco Michelín y los vaqueros me aprietan. Tengo arrugas, la celulitis se ha instalado en mis piernas, a veces mi pelo parece un estropajo y algunos días me levanto con un color de cara que asusta.

Pero, otros días, me miro al espejo y me veo genial. Veo, debajo de las arrugas la niña que todavía soy. La misma ilusión, las mismas ganas de vivir, la alegría por las cosas pequeñas.

Y entonces me doy cuenta de que soy perfecta porque soy especial como tú, diferente a todos los demás, y esos días percibo lo hermosa que puedo llegar a ser cuando no me boicoteo.

Me encantaría que todas (escribo en femenino porque creo que las mujeres nos ninguneamos constantemente), fuerais capaces de aceptaros tal y como sois, de amar vuestros cuerpos y sentiros dichosas por la fuerza que la naturaleza puso en vosotras más allá del peso que marque  la báscula.

Si os resulta difícil os propongo que pidáis a vuestras amigas, o a vuestra pareja  que escriban cinco cosas sobre  vosotras que os hacen especiales a sus ojos. Os aseguro que os sorprenderéis.

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