Razones para decir “basta”

En general, todos solemos aguantar bastante más de lo necesario. Quiero decir con esto que, nuestra educación, nuestra cultura o las convenciones sociales nos llevan a permitir situaciones o actitudes de personas que muestran su desconsideración hacia nosotros.

Pues bien, yo, como todos, he soportado este tipo de situaciones hasta hace muy poco tiempo, pero hace unos meses me rebelé y pensé –¡Hasta aquí hemos llegado!-, y ahí sigo.

Si en algún momento de tu vida te has encontrado en alguna de las situaciones siguientes, ha llegado el momento de decir “¡Basta!” y comenzar a recorrer la senda del auto respeto. El que los demás no te respeten es su problema, el que tú lo consientas es el tuyo.

Te propongo algunas situaciones típicas que estás consintiendo y que debes detener pero ya, mejor hoy que mañana:

basta

• En pareja. Una pareja humana no es más que una asociación de dos organismos vivos en la que ambas partes salen beneficiadas.

Obviamente el amor y el respeto hacia el otro son fundamentales. Si tu pareja te ningunea sistemáticamente, coarta tu libertad de expresión o movimientos, te castiga con sus silencios, critica tu forma de vestir, a tus amigas, a tu familia… No te respeta y lo que es peor, no te quiere.

Eso es genial y está en su perfecto derecho a hacerlo (no olvides que es “su” problema), pero tú, ¿qué haces soportando esa situación? Hay cosas que se pueden resolver hablando, evidentemente, pero cuando las relaciones se vuelven así de feas lo mejor es ponerles punto final. Y cuanto antes, mejor.

• En el trabajo. Quizás tengas un jefe guay. Me alegro. Si no es así, si tu jefe disfruta humillándote, si acostumbra a mandarte tareas justo al final de la jornada, a llamarte en horas que no son de trabajo, si te paga una mierda o te dice habitualmente: “si no te interesa, ahí tienes la puerta”; no hace falta que te diga que no te respeta.

Evidentemente si has llegado a esa situación es porque tú mismo lo has consentido. El miedo, qué digo miedo, el terror a quedarte sin trabajo, ha hecho que te conviertas en una marioneta. Tu jefe lo sabe, lo huele y claro, se aprovecha todo lo que puede.

Y tú, ¿qué vas a hacer?, ¿aguantar hasta los 65? No sé, a mí me parece que vales para más que eso. Planta cara cuando tengas que hacerlo, no hace falta que seas desagradable pero sí firme. Si empiezas a hacerlo verás como lo descolocas y a lo mejor consigues ganarte su respeto. Si no, como mínimo comenzarás a generar la suficiente confianza en ti mismo como para cambiar de escenario.

• Con los amigos. Seguro que tienes algún amigo que te hace el vacío, que te llama solo cuando le interesa, que desaparece durante meses para reaparecer cuando le viene bien. Un amigo que te pide favores, que se aprovecha de tu hospitalidad y de tu cariño, que critica lo que haces o que te quita tus ilusiones de forma sistemática.

¿Quieres saber un secreto? Alguien así no te quiere, no es tu amigo. Y como en las situaciones anteriores, es genial. Es su elección. Pero tú no tienes que aguantar eso.

Elige estar con personas que te eligen a ti, personas que agradecen tu compañía, que comparten tus risas y tus lágrimas y que no te juzgan. No mendigues cariño.

Si estás viviendo una situación así ya sabes lo que has de hacer, apartarte de su camino lo antes posible. Abre la puerta a la amistad de otras personas, hay gente estupenda deseando conocerte y reír contigo, ¿a qué estás esperando?

• En el supermercado, la tienda, el médico, el ayuntamiento y demás. Me juego un dedo a que en alguna ocasión te has llevado un exabrupto en cualquiera de estos lugares. Seguro que más de una vez has recibido una contestación grosera y fuera de lugar.

Tranquilo, es lo normal en un mundo en que la mayoría de la gente detesta lo que hace. No pasa nada, ese es su problema.

Pero no el tuyo.

En España es muy normal que nos quejemos de este tipo de cosas en “petit comité”, pero que no hagamos nada más.

La próxima vez que te ocurra algo así, prueba esto: hazle saber al impertinente que tú eres el cliente, tanto del servicio público como el privado, y que, los malos modos los reserve para su esfera privada. Si la situación ha sido especialmente grave, plantea una queja por escrito. La mayoría de las veces no nos quejamos por pura pereza o simplemente porque somos unos padefos (paso de follones), esa actitud demuestra que consideras que los demás tienen más autoridad que tú. Tú mismo.

• En familia. La familia es estupenda, todo lo sabemos. Pero, la familia puede ser también terriblemente castradora.

Aquí el problema no es la falta de cariño, tu familia te quiere. Lo que ocurre es que a veces el amor puede ser una losa muy pesada. Si tu gente cuestiona todo lo que haces, intenta frenar tu carrera profesional por miedo a que te vayas lejos, desaprueba todas las parejas que has tenido, te obliga a acudir a celebraciones que no te apetecen lo más mínimo, ya sabes: cambia el disco.

De tu familia no te puedes separar pero si puedes desligarte un poco de ellos. Padres y madres controladores, hermanos que se meten donde nadie les llama y familiares políticos que no te caen ni medio bien; pueden hacerte la vida muy difícil.

Habla con quien corresponda si estás en alguna de estas situaciones, deja claro que eres un adulto y que, las decisiones que atañen a tu vida, aunque te equivoques; la tomas tú. Verás como poco a poco se les van quitando las ganas de organizar tus asuntos.

Para terminar y resumiendo, respeta-té, quiere-té, valora-té.

Aprende a decir “basta” y te sentirás mucho mejor, te lo aseguro.

¿Has dicho “basta” en alguna ocasión’, ¿nos lo cuentas?

(La genial imagen de Quino y su hermosa Mafalda, se han obtenido Vía Pinterest).

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10 thoughts on “Razones para decir “basta”

  1. Me encanta este post! Además porque en cada uno de los casos que planteas está implícita la palabra aceptación, porque puedes aceptar a la gente tal como es, con sus personalidades y sus situaciones actuales, pero no por ello debes aceptar que eso frene tu vida y mucho menos la determine, la asertividad en este caso es esencial para decir de una vez por todas “¡Basta!”, pero es un basta rotundo, desde adentro, con la contundencia que lo amerita y nos merecemos, pero ocurre que decir basta muchas veces nos mueve de nuestra zona de confort, puede que ser la víctima de alguna situación nos esté dando ventajas temporales a las que luego le tengamos que pagar un precio muy alto, tal vez de salud o de integridad moral. Decir basta afuera es afirmarnos como seres valerosos y ubicar a los demás y hacerles saber qué tan ubicados estamos nosotros en el mundo. Saludos!

    1. Gracias Eliana por tu comentario, tu punto de vista resulta muy enriquecedor y a mí modo de ver, muy cierto.

      Resulta evidente que los demás, “el otro”, está en su perfecto de derecho de actuar cómo prefiera, cada uno que cargue con sus demonios, pero como dices, nosotros somos los que hemos de decidir dónde acaba la libertad del otro y dónde comienza la nuestra.

      La forma en que los demás nos tratas no es, ni más ni menos, que la forma en que les consentimos que lo hagan, y dice mucho sobre quiénes somos.

      Decir basta es necesario, es sano, y es nuestra responsabilidad, se trata de auto respetarse, ni más ni menos.

      Un abrazo, y encantada de tenerte en mi casa.

  2. Tienes toda razón, Mónica. Esta es la palabra clave para un montón de situaciones donde nos falten de lo mínimo en las relaciones: el respeto. Son personas tóxicas y no se merecen más nuestra atención, al menos que no cambien de actitud. Si se puede, hay que mostrarles tus propios límites, aunque en el entorno laboral es más difícil evidentemente.
    Un abrazo

    1. Como dices, Andreas, este tipo de personas suelen aprovechar nuestras debilidades o nuestra pretendida buena educación, para subirse literalmente encima de nuestros hombros.

      Cuando situaciones así se perpetúan en el tiempo nos acabamos sintiendo pequeños. Yo recuerdo que en una ocasión pregunté a un amigo: ¿pero tú que eres un hombre o un ratón?

      A partir de ahí cambiaron muchas cosas, te lo aseguro.

      Y el entorno laboral no es ni más ni menos difícil que ninguno de los otros, ganarte el respeto de tus superiores es fundamental y eso se consigue trabajando bien y sobre todo, no consintiendo humillaciones. El mundo no se acaba en ninguna empresa.

      Abrazos

  3. Es fundamental decir basta sobre todo por uno mismo. Con frecuencia como bien relatas en tu post se van acumulando situaciones en las que por prudencia, por miedo, por costumbre…no se hace nada y al final el que lo acaba sufriendo es el propio interesado.
    Lo importante es saberse valorar uno mismo, porque esa aceptación, hace que se quiera que otros los respeten y tu frase “Elige estar con personas que te eligen a ti, personas que agradecen tu compañía, que comparten tus risas y tus lágrimas y que no te juzgan. No mendigues cariño.” me ha parecido muy acertada.
    Un saludo

    1. Gracias Conxita.

      A menudo nos empeñamos en que nos quieran, nos valoren o nos acepten, cuando estos sentimientos son espontáneos y por ello no han de pedirse a nadie.

      Las personas que te quieren te quieren cerca y te lo demuestran, no hay más.

      Un abrazo, guapa.

  4. Efectivamente el “BASTA!” es una palabra curativa y enriquecedora.

    Te cura de muchos males que vas arrastrando y hace que “tu mochila” ya no aguante más peso.

    ENRIQUECEDORA ya que cuando dices “BASTA!” a situaciones que no te están aportando nada dejas espacio y te encuentras con más tiempo para dar paso a situaciones, amistades y placeres que son los que te enriquecen a TODO los niveles.

    Hace tiempo que practico el “BASTA YA!”. reconozco que el momento previo, que en ocasiones llegan a ser meses, no son nada agradables pero cuando decido que es el momento de “hasta aquí he llegado” mis “BASTA YA!” son punto y final en la mayoría de las veces. Toca estrenar “un libro nuevo” y disfrutar de su lectura.

    Un besote guapa!! hacia tiempo que no me pasaba por aquí y una vez más es que ando liada en cosas que “merecen la pena” Muuuaaaaccckkk!!!!

    1. ¡Hola, Ana!, ¡qué alegría tenerte de nuevo por aquí!

      Como tú muy bien dices, normalmente tardamos mucho en decir “basta”, consentimos situaciones que sabemos desde hace tiempo que no son buenas para nosotros. Supongo que en esto, como en casi todo, la veteranía es un grado, y el paso de los años nos hacen aguantar menos (o eso espero).
      En cualquier caso, yo creo, igual que tú, que decir adios a lo viejo, hace que lleguen cosas nuevas a nuestra vida y eso es siempre enriquecedor.

      Sé que no paras de hacer cosas, así que tranquila, aquí puedes descansar siempre que quieras.

      Un beso, guapetona.

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