Se alquila balcón para Semana Santa

Así rezaba el texto que Andrea tenía frente a sus ojos. Debajo un número de teléfono y una dirección, nada más. Un anuncio por palabras simple y sencillo, publicado en un periódico local, mezclado entre otros de trabajos inexistentes y prostitutas muy reales.

Nada de especial, nada raro si no fuera por la dirección. Andrea tuvo que leer tres veces las palabras para empezar a creer lo que veía: C/Madreperla 3-2ºA.  Su casa.

Desde que tuvo uso de razón se recordaba así misma leyendo la sección de “clasificados” en el periódico. Primero en la casa familiar cuando su padre regresaba del trabajo y dejaba el diario abandonado e inerte encima de la mesa del comedor.

Entonces,  como si se tratara de algo casi mágico, lo cogía y se refugiaba con él en su habitación. Con mucha parsimonia, y empezando siempre por la última hoja, comenzaba su lectura minuciosa. La programación de la tele, el horóscopo y luego los anuncios por palabras. Su paraíso particular.

Recortaba y guardaba los anuncios que consideraba más chocantes y tenía una colección realmente variopinta, que a su parecer, retrataba bastante bien la naturaleza humana.

Así, desde “Se alquilan pelucas de pelo natural”, hasta “regalo silla de ruedas por curación milagrosa”, pasando por “se necesita fotógrafo para desnudos. Imprescindible discreción”, y llegando a cosas como “regalo acordeón en perfecto estado por no poder atender”. Estas auténticas joyas, estas ‘rara avis’ de los anuncios eran las que guardaba en un álbum en las que las archivaba con su fecha de publicación.

balcon

Imagen Vía Pinterest

Con el paso del tiempo esta costumbre continuó y a las 7:30 cada mañana con el primer café, en el bar, Andrea leía y tomaba notas en una libreta de aquellos anuncios que le parecían más destacables.

Eso precisamente hacía el día que leyó que se alquilaba un balcón de su propia casa.

Superada la sorpresa inicial, empezó a plantearse todo tipo de preguntas: ¿sería una equivocación?, ¿un error de imprenta?, ¿una broma pesada?. Después de sopesarlo decidió llamar al teléfono del anuncio cuando saliera de trabajar.

Pese al esfuerzo más o menos consciente por olvidar el asunto, a lo largo del día y, como si fuera una piedrecita en el zapato, se le pasaba por la cabeza la llamada que tenía que hacer.

A duras penas logró resistir su impaciencia hasta terminar su jornada laboral a las cinco de la tarde, momento en el que, afectada por un miedo un tanto irracional, marcó el número de teléfono del dichoso anuncio. Al otro lado de la línea una voz de varón, aparentemente joven la atendió con mucha amabilidad, le confirmó la dirección de la casa y concertó con ella una cita para enseñarle el balcón en alquiler al día siguiente.

A las seis de la tarde, una vez transcurridas las veinticuatro horas siguientes, entraba Marina por la puerta principal de un edificio que evidentemente era el suyo, convencida ya de que algún amigo le gastaba una broma o le preparaba una sorpresa. Al atravesar el portal tan bien conocido, una sensación de poderosa inquietud recorrió su espina dorsal.

La entrada y las escaleras que llevaban a los sucesivos pisos estaban un poco cambiadas, habían desaparecido los cuadros y las plantas que tantas veces había visto.

Pese a su angustia decidió terminar con lo que había venido a hacer y comenzó a subir lentamente los escalones  que la llevaban a su casa.

Casi sin fuerzas tocó al timbre y sólo acertó a desmayarse lentamente cuando detrás de la puerta que se abría, apareció su propio rostro, su propio cuerpo ataviado con ropas pertenecientes sin duda a otra época. La última imagen que recordaría antes de caer al suelo, sería la del joven apuesto y trajeado que sujetaba suavemente la mano de su otro yo, de  la Andrea pasada.

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4 thoughts on “Se alquila balcón para Semana Santa

    1. Ángel muchísimas gracias por tu comentario.

      Me ha costado un poco empezar a compartir mis relatos por lo que supone de exponerte ante los demás, pero cada día que pasa me siento mejor por haberlo conseguido. Si además con lo que escribo consigo llegar a alguien, entonces me siento inmensamente feliz.

      ¡Un abrazo, y gracias de nuevo por estar y por compartir!

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