Tomás y la lluvia

Tomás lleva tres años en paro, hace tiempo que pasó los cincuenta y es un hombre luchador y fuerte que siempre supo sacar a su familia adelante. En todo este tiempo se ha negado a recibir ningún tipo de ayuda, su orgullo y sus ahorros –que empiezan a escasear- le han mantenido a flote.

Tomás era carpintero y le atropelló la crisis, como a todos. Su actitud precavida y su inteligencia natural le decían en aquellos días de éxtasis general que algo no andaba bien. Y no se equivocaba.

Esta mañana se ha presentado muy temprano en las oficinas del INEM, le costó mucho pedir cita, pero las quejas de su mujer al final han hecho efecto y aquí está, con su carpeta llena de papeles y una pequeña bolsa en la mano izquierda.

La vida sigue aún en los días de lluvia

Después de pasar por varios mostradores ha conseguido que le solucionen el tema de su subsidio y le han recomendado que vea a su orientadora. Lleva dos horas de gestiones y ha decidido terminar todo lo que ha venido a hacer, así que, después de solicitar otra cita en Información y tras esperar media hora, está por fin sentado delante de la persona que se supone que le va a indicar los pasos qué debe dar a partir de ahora.

-¡Buenos días Tomás!, ¿le puedo llamar por su nombre de pila, verdad?- dice la orientadora-.

-Claro que sí.

-Bien, vamos a ver, antes de nada tengo que rellenar su ficha para saber qué trabajos ha desempeñado antes de ahora y así poderle indicar qué tipo de cursos puede hacer y cuáles son sus actuales salidas profesionales –continúa la chica sentada detrás el ordenador-.

Tras veinte minutos de preguntas sobre su vida profesional y después de rellenar y firmar varios papeles, la orientadora levanta la vista de la pantalla del ordenador, se quita las gafas, mordisquea una patilla y le mira con cierta compasión.

-Verá, -le dice-, no le voy a engañar; con su edad las opciones son pocas, la situación sigue siendo muy complicada y quizás le convendría plantearse un cambio en su vida laboral. Además de todos los trabajos que ha desempeñado, ¿hay algo más que se le ocurra que podría hacer para ganarse la vida?

Tomás baja un poco la mirada y tímidamente, responde: -No se me ocurre nada más con lo que pueda generar ingresos para vivir, pero sí hay una cosa más que sé hacer y que no le he dicho todavía.

-Pues dígame y lo apuntamos en su ficha.
-Sé hacer nubes,-afirma muy serio Tomás-
-¿Perdone?
-Pues eso, que sé hacer nubes.
-Lo siento mucho pero creo que no le entiendo.
-Es normal, verá…,- lentamente mete la mano en la bolsita que había dejado reposando en la silla de al lado, saca un tarro de cristal, desenrosca la tapa con mucho cuidado y una nubecilla sale del bote. Una fina lluvia empieza a caer sobre sus cabezas.

Esta entrada está dedicada a todos los hombres y mujeres que luchan por salir adelante cada día, a los que no pierden la esperanza y confían en un futuro mejor.

Imagen Vía Pinterest

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4 thoughts on “Tomás y la lluvia

    1. Exacto, se saben tantas cosas y se pierden tantas cosas en esta sociedad donde se premia la juventud y se aparta la experiencia… Espero que aún queden empresas que sepan valorar a personas como Tomás.

  1. Precioso Mónica!
    Me ha enternecido mucho!
    A la orientadora le ha faltado decirle “monte usted un blog”! Pero por dios, si alguien me escucha q no lo haga! Eso es lo último!
    Un abrazo preciosa

    1. ¡Gracias, cariño!

      Todos tenemos infinitas capacidades y el protagonista de este cuento sirve para que lo recordemos siempre. La edad es solo una cifra.
      Besos

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