Una escalera hasta las estrellas

Muchas veces a lo largo de  los  últimos años  me hacía la misma pregunta, ¿por qué  hago  esto?,  ¿por qué sigo haciendo un trabajo que no me gusta?, ¿por qué paso tantas horas al día fuera de  mi casa y cuando llego no tengo fuerzas para nada?, ¿por qué  me siento tan mal cuando llegan los lunes?

La respuesta a estas preguntas eran siempre de tipo económico, mis obligaciones financieras eran un lastre. Eso, y el miedo  por supuesto.

Atrapada en un trabajo que no  me satisfacía,  en un entorno laboral completamente tóxico, decidí escapar  y cambié de empleo en el  2013. Tomar esa decisión me costó  once años de mi vida, nada más.

En mi nuevo trabajo atravesé  por todas las etapas: miedo a no ser capaz de  hacer lo  que  se necesitaba de mí, euforia al conseguirlo y recibir  felicitaciones,  y según fue pasando el tiempo el  mismo aburrimiento, la misma angustia y las mismas preguntas. En ese momento descubrí que en realidad el problema no estaba en mis trabajos, el problema era más profundo y tenía que buscar dentro de mí para solucionarlo.

En  septiembre del año  pasado decidí dejarlo, una mala racha económica en la empresa fue el último empujón que necesitaba.

Por supuesto, todo esto que resumo en unas líneas no refleja  el proceso que viví durante todos esos años y sobre todo  en  los últimos meses. No era miedo, era pánico, terror ante lo desconocido; el futuro se presentaba como  un terrible agujero  negro.

L I G H T H O U S E

Lo único  que me sirvió de ayuda en esos malos momentos, además del apoyo de mis seres queridos,  fueron mis estudios.  Hace tres años  decidí ponerme a estudiar  y centrarme en mi pasión, la Literatura, con el propósito de formarme y  llegar a enseñar algún día. Por supuesto esta idea también me generaba su correspondiente dosis de angustia: todavía no he terminado de estudiar,  no se convocan oposiciones,   seguro que cuando  consiga  ser profesora me aburriré  como siempre… Y así  hasta  el  infinito.

Siguiendo el consejo de mi maestra de yoga decidí que cuando llegará a ese río  ya cruzaría ese puente,  y aquí estoy, haciendo lo que realmente me apasiona, escribir.  Y  leyendo montones de libros y estudiando ocho horas al día. Actualmente dedico mucho más tiempo a todas estas cosas que el que antes dedicaba al trabajo, ¿cuál es la diferencia?  Ahora soy feliz.

No estoy sugiriendo a nadie que se rape el pelo y se ponga una  túnica color azafrán (o sí, si eso es lo que realmente quieres hacer), lo único que  digo es que  la vida pasa  rápido,  y no suele dar segundas oportunidades, por eso no tiene sentido seguir dando vueltas en la rueda como  si fueras un ratón solo porque un  día decidiste comprar una  casa o mantener dos coches.

Así que , ya sabes,  si estás bien como estás,  adelante.  Pero,  si  no es así, si sientes un vacío inmenso dentro de ti, si  odias tu trabajo:

• No te quejes. Las quejas desgastan, aburren a los que te rodean  y básicamente no sirven para  nada.

Acepta tu situación  o cámbiala, pero deja de culpar a los demás de tus problemas, tu  vida es tu responsabilidad, de ti  depende lo que hagas con ella. Ni tu jefe, ni el gobierno, ni la situación económica tienen la culpa de lo que te pasa. Estás donde estás porque así lo has decidido.

Si  llegas a la conclusión de que no puedes más y quizá ha llegado el momento de tomar decisiones importantes respecto a tu futuro, entonces te  animo a que lo  hagas .  Usa  la cabeza pero deja  también que el corazón te  guíe. Todos sabemos  qué es lo que  nos apasiona, es como una  lucecita que llevamos prendida por dentro desde que eramos  niños y que, aunque  hayamos intentado apagar,  siempre  resurge cuando estamos a solas.

Te enlazo una conferencia genial de TED  en  la que se habla de este tema.  Espero que te guste.  Se  llama,  ¿por qué no tendrás una gran carrera?,  y  puedes activar  la  función  “subtítulos” para verla en español.

¡Buen fin de semana a todos!

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2 thoughts on “Una escalera hasta las estrellas

  1. Hola Mónica,
    me ha encantado tu reflexión. Me he visto muy reflejada. Mi problema tampoco han sido los trabajos y en mi búsqueda, como tú, he empezado a estudiar ya a una edad bastante madura. La única diferencia es que solo he reducido el trabajo para tener tiempo para ello, pues es lo que me da para vivir y permitirme estudiar. Y aqui ando saltando entre estudio y trabajo, a veces agotada pues ya no estaba acostumbrada y tengo que organizarme mejor en las cosas pero trato de no ponerme bajo presión y mi actitud hacia el trabajo ha cambiado un poco también pues lo veo como una herramienta para hacer algo que me apasiona y ya no resulta tan aburrido. Nunca es tarde para nada y a veces descubrimos nuestra pasión algo tarde o la conociamos desde hace tiempo pero el miedo, la comodidad, la costumbre y a veces el no creer en una misma nos hace evitar los cambios a pesar de nuestro descontento. No hay nada mejor contra el envejecimiento que el apasionamiento. La meta es como la línea en el horizonte, disfruto el camino hasta allí, seguramente cuando llegue habrá otra línea que seguir y otro camino abierto, incierto que nunca hubiera llegado si no hubiera empezado esta marcha. Te deseo lo mejor haz caso a tu profesor de yoga y no te agobies por como te sientas después, lo haces muy bien y eso es lo que cuenta no lo que harás después. Un abrazo,
    Marina

    1. ¡Hola Marina!

      El que estudies y trabajes al mismo tiempo ya dice mucho de ti, sobre lo que eres y lo que quieres. Yo sé perfectamente lo duro que es, pero si tienes detrás una motivación, o una pasión, lo harás casi sin darte cuenta.

      Una vez vi una conferencia de Louis Hay donde decía (con 80 años) que estaba en la mejor década de su vida. Pues tú también, y yo; así que ánimo y a luchar por tus sueños, verás como cuando lleguemos a la meta,como dices, se nos abren de repente nuevos caminos.

      Gracias por tu precioso comentario.

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